Antes del aire acondicionado, en España había un truco para mantener la casa fresca: todavía funciona

Antes del aire acondicionado, en España había un truco para mantener la casa fresca: todavía funciona

Mucho antes de que el aire acondicionado se convirtiera en un electrodoméstico habitual, las casas españolas ya tenían sus propias estrategias para combatir el calor. La orientación de la vivienda, la ventilación durante las horas más frescas y los materiales utilizados en su construcción eran fundamentales.

Pero había otro detalle que hoy puede pasar desapercibido: los materiales con los que se cubría el suelo también cambiaban con las estaciones.

Durante los meses cálidos, las pesadas alfombras de invierno podían sustituirse por esteras y piezas mucho más ligeras elaboradas con fibras vegetales. El esparto, el junco o la paja eran materiales habituales en buena parte del territorio español, especialmente en las zonas mediterráneas.

Y aunque pueda parecer simplemente una cuestión decorativa, detrás de esta costumbre hay una explicación relacionada con la forma en la que los materiales de una vivienda absorben y liberan el calor.

El cambio llegaba con el verano: fuera las alfombras gruesas y dentro las esteras

La primera idea que conviene aclarar es que la estera no funciona como un aire acondicionado natural. Lo que puede ayudar a mantener una estancia más confortable es, en buena medida, el propio suelo.

Materiales como la piedra, el barro o determinadas baldosas tienen una elevada inercia térmica. Esto significa que no cambian de temperatura tan rápidamente como el aire: pueden absorber calor de manera progresiva durante el día y liberarlo poco a poco posteriormente.

Por eso, en una vivienda protegida de la radiación solar, un suelo de estos materiales puede mantenerse relativamente fresco durante buena parte del día.

El problema es que una alfombra gruesa puede actuar como una capa aislante y dificultar que nuestros pies entren en contacto con esa superficie fresca. De ahí que durante el verano tuviera sentido retirar los tejidos pesados y sustituirlos por otros más finos y transpirables.

No era solo una costumbre española: las esteras se usaban desde hace siglos para combatir el calor

Esta costumbre no era exclusiva de España. Por ejemplo, en Francia, tal y como explican medios como Le Journal des Femmes, durante buena parte del siglo XX se extendió la práctica de sustituir las alfombras gruesas de invierno por esteras y alfombras finas fabricadas con fibras naturales como el yute, el bambú, el junco marino o el algodón.

Pero el uso de este tipo de revestimientos es todavía mucho más antiguo. Un estudio publicado en la revista Persée, recoge la utilización de esteras de junco como revestimiento de suelos y paredes en viviendas francesas desde la Edad Media hasta el siglo XVIII.

La lógica era sencilla: en invierno interesaba crear una capa que protegiera del frío, mientras que en verano resultaba preferible utilizar materiales ligeros que no atraparan tanto calor y permitieran aprovechar mejor las características del pavimento.

Además, las fibras vegetales son transpirables y pueden interactuar con la humedad ambiental. Algunas son capaces de absorber parte del vapor de agua cuando el ambiente está cargado y liberarlo posteriormente cuando el aire se vuelve más seco.

Esparto y junco: las fibras que sustituían a las alfombras cuando llegaba el calor en España

España tiene además una tradición propia vinculada al aprovechamiento de fibras vegetales. El esparto, la paja y el junco se han utilizado durante generaciones para elaborar cestos, esteras, alfombras y otros objetos domésticos mediante diferentes técnicas de trenzado.

En muchas viviendas, especialmente en áreas mediterráneas, las esteras de esparto eran una solución práctica para los meses cálidos. Eran ligeras, resistentes y permitían cubrir determinadas zonas de la casa sin recurrir a los gruesos tejidos asociados al invierno.

No se trataba, por tanto, de crear frío artificial. La arquitectura tradicional buscaba aprovechar al máximo el frío que ya existía, evitando al mismo tiempo que la vivienda acumulara más calor del necesario.

¿Tiene sentido recuperar esta vieja costumbre en una casa actual?

La idea puede trasladarse perfectamente a una vivienda actual, aunque con una precisión importante: poner una estera en el suelo no va a bajar varios grados la temperatura de una habitación.

Su utilidad depende mucho de las características de la casa. Si el pavimento recibe directamente el sol a través de una ventana, por ejemplo, difícilmente podrá mantenerse fresco. En cambio, un suelo de piedra, barro o baldosa protegido de la radiación solar puede conservar una temperatura más agradable durante las horas de calor.

En ese caso, utilizar alfombras muy gruesas durante el verano puede impedir que disfrutemos de esa superficie fresca. Una estera de fibras naturales permite cubrir el suelo sin crear la misma sensación de aislamiento.

Y hay otra ventaja: este tipo de materiales encaja con una estrategia mucho más amplia para combatir el calor sin depender exclusivamente del aire acondicionado.

Persianas, sombra y ventilación: los otros trucos que mantenían frescas las casas

La estera era solo una pieza de un sistema mucho más amplio. Antes de la climatización moderna, las viviendas se diseñaban teniendo en cuenta factores como la orientación, la ventilación y los materiales de construcción.

Una de las estrategias más sencillas sigue siendo ventilar cuando el exterior está más fresco y mantener cerradas las ventanas cuando llega el calor, especialmente si entra directamente la radiación solar.

También resulta fundamental bloquear el sol antes de que penetre en la vivienda mediante persianas, toldos, contraventanas o cortinas adecuadas.

En otras palabras, el secreto no estaba en un único objeto milagroso. Las casas tradicionales aprovechaban las propiedades de los materiales y las condiciones del entorno para retrasar la entrada del calor y conservar durante más tiempo la frescura acumulada durante la noche.

Por eso, aquella vieja costumbre de cambiar las alfombras gruesas por esteras ligeras en verano tiene todavía cierta lógica. No sustituye al aire acondicionado, pero sí recuerda una idea que sigue siendo válida: para combatir el calor, a veces es tan importante impedir que la casa se caliente como intentar enfriarla después.

Si deseas leer más artículos parecidos a Antes del aire acondicionado, en España había un truco para mantener la casa fresca: todavía funciona, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Ahorro energético.