Aragón suma nuevos habitantes inesperados: lo que hay detrás de la llegada de los linces Worbi y Waka

Aragón suma nuevos habitantes inesperados: lo que hay detrás de la llegada de los linces Worbi y Waka
Imagen: Ayuntamiento de Zaragoza / El Periódico de Aragón

Hay movimientos que pasan desapercibidos, pero que esconden cambios importantes. En un rincón de Zaragoza, dos nuevos habitantes acaban de llegar sin hacer mucho ruido. No vienen solos ni llegan por casualidad. Su presencia forma parte de algo mucho más grande, un plan que lleva años en marcha y que ahora empieza a dar pasos visibles.

Los linces ibéricos Worbi y Waka ya están en Aragón. Y aunque su llegada pueda parecer solo una noticia más, lo cierto es que marca un momento clave para el futuro de una especie que estuvo a punto de desaparecer. Lo que ocurra a partir de ahora será decisivo para mejorar su conservación.

Una llegada que va más allá de dos linces

Worbi y Waka son la segunda pareja de lince ibérico que llega a la finca de Torrecilla de Valmadrid, en Zaragoza. Él procede de Zarza de Granadilla, en Cáceres. Ella nació en el centro de cría de El Acebuche, en Doñana. Ambos forman parte de un programa de conservación que busca devolver a esta especie a territorios donde desapareció hace décadas.

Por ahora, no están en libertad. Permanecerán durante aproximadamente un mes en un cercado de aclimatación. Es un espacio amplio, preparado para que se adapten poco a poco al entorno. Allí empezarán a familiarizarse con el terreno, el clima y, sobre todo, con su principal fuente de alimento: el conejo.

No son los primeros en pasar por este proceso. Hace unas semanas, otra pareja, Windtail y Wynx, siguió el mismo camino. Hoy ya recorren el valle del Ebro en libertad, explorando el territorio y buscando su lugar definitivo. Su evolución está siendo positiva, algo que refuerza las expectativas con esta nueva pareja.

Imagen: Zaragoza - Noticias

Aragón, territorio clave para el regreso del lince ibérico

La presencia del lince ibérico en Aragón no es algo habitual. De hecho, la especie desapareció de esta zona en la segunda mitad del siglo XX. Durante años, su supervivencia estuvo en serio peligro en toda la península.

Ahora, el escenario ha cambiado. Gracias a programas de conservación y cría en cautividad, la población ha crecido hasta alcanzar los 2.401 ejemplares en España y Portugal en 2024. Este avance ha permitido dar un paso más: recuperar territorios históricos.

Aragón se ha convertido en una pieza clave en ese objetivo. Fue la primera comunidad del noreste peninsular en apostar por la reintroducción del lince. Y no es casualidad. La zona elegida, en la cuenca del Huerva, ofrece condiciones muy favorables.

Se trata de un área de más de 27.000 hectáreas con abundancia de conejo, el alimento básico del lince. Además, gran parte del territorio está protegido dentro de la Red Natura 2000. La combinación de pinares, matorral y cultivos tradicionales crea un hábitat adecuado para que la especie pueda asentarse.

Worbi y Waka entran en una fase clave: esto es lo que viene ahora

El siguiente paso es clave. Durante su estancia en el cercado, Worbi y Waka no solo se adaptarán al entorno. También aprenderán habilidades esenciales para sobrevivir en libertad.

La más importante es la caza. El lince ibérico depende casi por completo del conejo, por lo que dominar esta técnica es fundamental. Este periodo de aclimatación está diseñado precisamente para eso: reducir riesgos cuando salgan al medio natural.

Una vez liberados, comenzará un seguimiento muy estrecho. Ambos llevarán collares GPS que permitirán a los técnicos conocer sus movimientos en tiempo real. Así se podrá comprobar cómo se adaptan, qué zonas frecuentan y si encuentran dificultades.

Este control también sirve para mejorar el entorno. En la zona ya se han instalado medidas para facilitar su supervivencia, como bebederos, señalización para evitar atropellos o sistemas que previenen accidentes en balsas de agua.

El objetivo final: que el lince vuelva para quedarse

La llegada de Worbi y Waka no es un hecho aislado. Forma parte de un plan más amplio que contempla la liberación de hasta cuatro parejas en Aragón. El objetivo es claro: crear una población estable.

No se trata solo de introducir animales, sino de conseguir que se reproduzcan y se mantengan en el tiempo. Eso significaría que el lince ibérico habría regresado definitivamente a este territorio.

El impacto va más allá de la propia especie. El lince es un depredador clave en el ecosistema. Su presencia ayuda a equilibrar las poblaciones de otras especies y a mantener la salud del entorno natural.

Por eso, lo que está ocurriendo en Torrecilla de Valmadrid es mucho más que una suelta controlada. Es el inicio de una nueva etapa. Una en la que Aragón puede volver a convertirse en hogar de uno de los animales más emblemáticos de la fauna ibérica. Y esta vez, con más opciones de quedarse.

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