A 1.500 metros bajo el mar, en plena oscuridad, aparecieron dos barcos que llevaban siglos desaparecidos. En su interior guardaban porcelanas, maderas exóticas y objetos que habían viajado miles de kilómetros antes de hundirse. Durante quinientos años, el fondo del mar los conservó como si el tiempo se hubiera detenido.
Ahora, su historia empieza a salir a la superficie. Y lo que cuentan no es solo un naufragio, sino cómo funcionaba una de las grandes redes comerciales de la historia: la Ruta Marítima de la Seda.
Los dos pecios fueron localizados en el mar de China Meridional, a unos 1.500 metros de profundidad y relativamente cerca entre sí. Sin embargo, su carga revela que no hacían el mismo viaje. Cada uno representa un tramo distinto de una ruta que conectaba Asia con otros mundos.
Dos barcos, dos direcciones
Aunque yacen a apenas unos kilómetros de distancia, los barcos cuentan historias opuestas pero complementarias.
El primero transportaba sobre todo porcelana. Muchas piezas proceden de Jingdezhen, el gran centro productor de cerámica fina de China imperial. Son objetos pensados para exportar. Vajillas, cuencos y piezas decoradas que viajaban hacia mercados lejanos, donde eran artículos de lujo.
El segundo barco llevaba algo muy distinto. Su carga incluía maderas exóticas, astas de ciervo y conchas marinas. Son materiales que no eran típicos de esa zona de China. Todo apunta a que venían del sudeste asiático o del océano Índico y que el barco regresaba a territorio chino.
Es decir, uno salía y otro volvía. Juntos muestran que el comercio no era unidireccional. Había un flujo constante de ida y vuelta, con productos, materias primas y objetos de valor moviéndose entre regiones muy distantes.
Este patrón confirma con pruebas físicas algo que los historiadores ya sospechaban: la Ruta Marítima de la Seda era una red dinámica y continua, no una serie de viajes aislados.
Un tesoro rescatado a 1.500 metros
Trabajar a esa profundidad no tiene nada que ver con la arqueología submarina clásica. Allí la oscuridad es total y la presión es extrema. Cada maniobra requiere tecnología muy avanzada.
Según el anuncio oficial del hallazgo, la misión fue dirigida por la Administración Nacional del Patrimonio Cultural de China (NCHA) entre 2023 y 2024. Se utilizaron sumergibles tripulados y vehículos no tripulados equipados con cámaras de alta definición y sistemas de escaneo en 3D. Gracias a ellos, los arqueólogos pudieron documentar el lugar con detalle antes de extraer las piezas.
En total se han recuperado más de 900 objetos y se estima que aún quedan miles en el lecho marino, especialmente en el barco cargado de porcelana.
La conservación es sorprendente. Muchas piezas de cerámica han resistido intactas cinco siglos bajo el agua. También se han hallado monedas de cobre y restos orgánicos como maderas. Más allá del valor de cada objeto, lo importante es el conjunto. Es como una fotografía congelada del comercio del siglo XVI.
La dinastía Ming y un mar lleno de rutas
Los barcos datan de la dinastía Ming, que gobernó China entre 1368 y 1644. Fue una etapa de gran crecimiento demográfico, económico y comercial. El mar era una autopista de intercambios. Desde puertos chinos partían mercancías que llegaban a lugares como Malaca, la India, Sri Lanka o la península arábiga. A cambio, volvían productos exóticos, materias primas y bienes valiosos que alimentaban mercados locales y redes comerciales internas.
Algunos objetos hallados se han fechado entre finales del siglo XV y comienzos del XVI. Es decir, en pleno auge del comercio marítimo asiático.
Uno de los aspectos más reveladores es la organización de la carga. En uno de los barcos, las maderas estaban cuidadosamente apiladas, como si el viaje acabara de empezar cuando ocurrió el desastre. Todo sugiere rutas regulares, con trayectos bien establecidos y barcos que repetían recorridos.
Según explicó Guan Qiang, subdirector de la NCHA, "Los dos naufragios sirvieron como testigos importantes del comercio y los intercambios culturales a lo largo de la antigua Ruta Marítima de la Seda".
Un hallazgo que cambia el mapa histórico
Durante mucho tiempo, la imagen dominante del gran comercio global estuvo centrada en las rutas europeas de la Edad Moderna. No obstante, estos barcos recuerdan que, siglos antes, Asia ya estaba conectada por mar de forma intensa y organizada.
El hecho de encontrar dos barcos tan próximos y con cargas complementarias refuerza la idea de una red estable. No eran expediciones aisladas, sino parte de un sistema comercial sostenido en el tiempo.
Además, la excavación marca un hito técnico. Trabajar con éxito a 1.500 metros de profundidad abre nuevas posibilidades para explorar otros puntos del fondo marino que hasta ahora eran inaccesibles.
Cada pieza recuperada añade un detalle más a la historia. Juntas, forman una prueba tangible de que la Ruta de la Seda no solo cruzaba desiertos y montañas. También atravesaba océanos.
Si deseas leer más artículos parecidos a Dos barcos, dos rutas y cientos de piezas: el hallazgo submarino que explica la Ruta de la Seda, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Otros Ciencia.