La superficie terrestre guarda secretos que permanecen ocultos incluso para quienes estudian la naturaleza desde hace décadas. Un nuevo estudio internacional ha sacado a la luz una de las estructuras biológicas más impresionantes del planeta, una inmensa red subterránea formada por hongos microscópicos que se extiende bajo bosques, praderas, humedales y tierras de cultivo. Aunque resulta invisible para el ojo humano, su tamaño ha sorprendido a la comunidad científica. Los investigadores calculan que, si todos sus filamentos se colocaran en línea recta, alcanzarían unos 110.000 billones de kilómetros. Una distancia tan enorme que equivale aproximadamente al 10% del diámetro de la Vía Láctea.
Una red subterránea de dimensiones extraordinarias
El descubrimiento ha sido posible gracias a la elaboración del primer gran mapa mundial de las redes fúngicas subterráneas, publicado recientemente en la revista científica Science. El trabajo ofrece una visión inédita de una parte esencial de los ecosistemas terrestres que, hasta ahora, había permanecido en gran medida fuera del alcance de los estudios globales.
Estas redes están formadas por hongos micorrízicos arbusculares, organismos que establecen una estrecha relación de cooperación con la mayoría de las plantas que habitan la Tierra. A través de millones de conexiones microscópicas, estos hongos se integran en las raíces vegetales y participan en el intercambio constante de nutrientes.
Lo que más ha llamado la atención de los científicos es la magnitud de esta estructura oculta. Los cálculos realizados por el equipo investigador indican que la suma total de todos los filamentos presentes en la capa superficial del suelo alcanza una longitud difícil de imaginar. Los 110.000 billones de kilómetros estimados convierten a esta red en una de las mayores estructuras biológicas conocidas.
Aunque se trata de una comparación orientativa, los expertos señalan que esa longitud representa aproximadamente el 10% del diámetro de la Vía Láctea, una referencia que permite comprender mejor la escala real del hallazgo.
Cómo funcionan los hongos que conectan las plantas bajo tierra
La clave de esta gigantesca red se encuentra en unas estructuras llamadas hifas. Son filamentos extremadamente finos que se extienden por el suelo y conectan los hongos con las raíces de las plantas.
A través de estas conexiones se produce un intercambio beneficioso para ambas partes. Los hongos captan nutrientes esenciales presentes en el suelo, especialmente fósforo y nitrógeno, y los transportan hasta las plantas. A cambio, reciben carbono generado por la fotosíntesis vegetal, que utilizan como fuente de energía para crecer y expandirse.
Este sistema de cooperación o simbiosis lleva millones de años funcionando y constituye uno de los mecanismos más importantes para el mantenimiento de los ecosistemas terrestres. Gracias a estas redes, muchas plantas pueden acceder a recursos que de otra forma resultarían difíciles de obtener.
Los investigadores destacan además que estas estructuras desempeñan un papel fundamental en la salud de los suelos. Su actividad contribuye a mejorar la fertilidad, favorece la circulación de nutrientes y ayuda a mantener el equilibrio biológico de numerosos hábitats naturales.
Por este motivo, comprender cómo se distribuyen y funcionan estas redes se ha convertido en una prioridad para los científicos que estudian la biodiversidad y los procesos ecológicos a escala global.
El "bosque oculto" que se extiende bajo praderas y humedales
Para elaborar el nuevo mapa mundial, los investigadores recopilaron información procedente de 16.669 muestras de suelo incluidas en más de 300 estudios científicos realizados en distintas regiones del planeta.
Posteriormente, utilizaron herramientas de inteligencia artificial para estimar la densidad de las redes fúngicas presentes en la capa superficial de la Tierra. Los resultados permitieron identificar las zonas donde estos organismos alcanzan una mayor concentración.
Las conclusiones revelan que las praderas silvestres figuran entre los principales reservorios de biomasa fúngica del planeta. En especial, aquellas localizadas en áreas elevadas o sometidas a inundaciones periódicas presentan algunas de las densidades más elevadas registradas por los investigadores.
El biólogo evolutivo Justin Stewart, uno de los responsables del trabajo, describió estas regiones como auténticos bosques ocultos bajo la superficie terrestre. Aunque desde el exterior pueden parecer simples extensiones de hierba, bajo ellas existe una compleja infraestructura biológica que conecta miles de organismos y sostiene numerosos procesos ecológicos.
Los expertos advierten, sin embargo, que estos ecosistemas se encuentran cada vez más amenazados por la transformación del territorio y la expansión de determinadas actividades humanas.
Una pieza clave para el clima que podría estar en riesgo
Además de su importancia ecológica, estas redes subterráneas desempeñan una función relevante en la regulación del clima. Diversas investigaciones previas citadas en el estudio indican que los hongos micorrízicos son capaces de capturar enormes cantidades de dióxido de carbono cada año.
Las estimaciones apuntan a que podrían absorber el equivalente a unos 3.900 millones de toneladas métricas de CO₂ anuales, una cifra comparable a una parte significativa de las emisiones globales procedentes de los combustibles fósiles.
Sin embargo, el nuevo mapa también pone de manifiesto el impacto de la actividad humana sobre estas estructuras. Los investigadores observaron que los suelos agrícolas presentan una densidad de redes fúngicas considerablemente menor que la encontrada en otros ecosistemas naturales.
Según los autores, prácticas como el uso intensivo de fertilizantes o determinados productos fitosanitarios podrían estar contribuyendo a esta reducción. En algunos casos, la diferencia alcanza alrededor del 50% respecto a terrenos menos alterados.
A pesar de la relevancia del descubrimiento, los científicos consideran que todavía queda mucho por investigar. Algunas regiones del planeta, especialmente determinadas selvas tropicales y áreas desérticas, siguen presentando importantes incertidumbres. Los próximos estudios intentarán determinar con mayor precisión cómo crecen estas redes, cuánto carbono almacenan y cuál puede ser su papel en la lucha contra el cambio climático durante las próximas décadas.
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