Un pequeño pájaro puede estar desempeñando un papel mucho más importante de lo que parece en la expansión de los bosques y otras formaciones vegetales. El zorzal común (Turdus philomelos) es capaz de transportar semillas durante sus desplazamientos migratorios y dispersarlas a cientos de kilómetros de la planta de la que proceden.
Un estudio internacional liderado por la Universidad de Cádiz (UCA) ha calculado por primera vez hasta dónde pueden llegar estas semillas durante los viajes migratorios. Los resultados muestran que, dependiendo de la especie vegetal, algunas pueden alcanzar una distancia máxima estimada de 521 kilómetros.
El zorzal puede llevar semillas mucho más lejos durante su migración
El zorzal común es un ave que se alimenta, entre otros recursos, de frutos carnosos. Al consumirlos, aprovecha principalmente la pulpa, mientras que las semillas continúan su recorrido por el aparato digestivo hasta ser expulsadas posteriormente mediante las heces o la regurgitación.
De esta forma, la planta consigue un mecanismo natural para transportar sus semillas lejos de donde creció. Lo llamativo es que la distancia puede multiplicarse durante la migración.
Según el estudio, las distancias medias de dispersión calculadas para las distintas plantas analizadas oscilaron entre 9 y 45 kilómetros durante los vuelos migratorios. En los casos más extremos, la distancia máxima estimada llegó a 521 kilómetros.
La diferencia con los desplazamientos que realizan estas aves fuera de la migración es enorme: para estos movimientos no migratorios, el 99,9 % de las distancias de dispersión calculadas se situó dentro de un radio de un kilómetro.
Los científicos siguieron a los zorzales con dispositivos GPS
Para averiguar qué distancia pueden recorrer las semillas, los investigadores no se limitaron a observar los movimientos de las aves. Entre 2019 y 2023 marcaron 55 zorzales comunes con dispositivos GPS en distintos puntos de Europa.
El seguimiento con dispositivos GPS permitió conocer cuándo iniciaban sus vuelos migratorios y qué distancia podían recorrer. El trabajo incorporó además datos sobre la velocidad de vuelo, el momento en que las aves ingerían los frutos y el tiempo que las semillas permanecían en su aparato digestivo.
Parte de los experimentos para el estudio de la UCA sobre la retención de las semillas se realizó en el Zoobotánico de Jerez, en Cádiz. Al combinar toda esta información con modelos matemáticos, los científicos pudieron estimar en qué punto del viaje podría terminar una semilla después de ser ingerida por un zorzal.
Los investigadores realizaron campañas de seguimiento en la campiña de Cádiz para estudiar la migración primaveral hacia el norte y en varios puntos del norte de Europa para analizar los movimientos otoñales hacia el sur.
Las semillas pequeñas pueden viajar más lejos
No todas las plantas tienen las mismas posibilidades de aprovechar este sistema de transporte. Una de las claves está en el tamaño de sus semillas.
Las semillas más pequeñas pueden permanecer durante más tiempo en el aparato digestivo de las aves. Esto aumenta las probabilidades de que el zorzal emprenda un vuelo migratorio antes de expulsarlas y, por tanto, de que terminen mucho más lejos de la planta madre.
El estudio encontró diferencias muy claras entre especies. En el caso del tejo, por ejemplo, solo una fracción muy pequeña de las semillas tendría posibilidades de superar los 50 kilómetros. En cambio, las semillas del madroño, que son más pequeñas, presentan un potencial de dispersión mucho mayor: para el 0,1 % de las semillas, la distancia estimada supera los 138 kilómetros.
Esto significa que la migración no actúa como un simple transporte aleatorio. Las características de cada planta y de sus semillas condicionan hasta dónde pueden llegar.
Un viaje que puede ayudar a las plantas a colonizar nuevos lugares
La importancia ecológica de este comportamiento va mucho más allá del propio zorzal. Al desplazar semillas entre regiones alejadas, las aves migratorias pueden contribuir a que determinadas plantas colonicen nuevos territorios y mantengan el intercambio genético entre poblaciones separadas.
Este mecanismo también puede adquirir una importancia especial ante el cambio climático. Si las condiciones ambientales cambian y algunas especies vegetales necesitan desplazarse hacia zonas con temperaturas más adecuadas, la capacidad de las aves migratorias para transportar semillas a larga distancia puede favorecer esa redistribución.
El estudio, publicado en Proceedings of the Royal Society B en 2025, señala que la migración de las aves frugívoras puede generar numerosos eventos de dispersión a más de 100 kilómetros cada año. El trabajo se centró en el zorzal común, pero pone de manifiesto un proceso que también puede darse en otras aves que consumen frutos, como mirlos, petirrojos, currucas, colirrojos y papamoscas.
Así, cada migración es también una oportunidad para que semillas que de otro modo caerían cerca de su planta madre terminen a cientos de kilómetros de distancia, conectando ecosistemas y ayudando a las plantas a expandirse por Europa.
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