El pueblo de 40 habitantes del Pirineo aragonés que recupera semillas guardadas durante décadas para volver a cultivarlas

El pueblo de 40 habitantes del Pirineo aragonés que recupera semillas guardadas durante décadas para volver a cultivarlas

En un pequeño pueblo del Pirineo aragonés, algunas semillas que llevaban años guardadas en casas particulares han vuelto a encontrar un lugar donde germinar. Son variedades tradicionales que pasaron de generación en generación y que, con el abandono de muchos huertos y la sustitución por semillas comerciales, corrían el riesgo de desaparecer.

El proyecto Pueblos con Semilla, impulsado desde Ara, en la comarca de La Jacetania, ha convertido esa recuperación en una iniciativa colectiva. Lo que comenzó como una forma de disponer de semillas para cultivar los huertos ha terminado creando una red de personas dedicada a conservar, reproducir e intercambiar variedades locales.

Ara, el pequeño pueblo del Pirineo donde las semillas vuelven a la tierra

Ara es un núcleo perteneciente al municipio de Jaca, en Huesca, que cuenta con alrededor de 40 habitantes durante el invierno. Allí tiene su sede la Fundación 3piedras, impulsora de Pueblos con Semilla junto con la Red de Semillas de Aragón y el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA).

La iniciativa comenzó a tomar forma durante la pandemia, cuando el cierre de los viveros hizo que los vecinos se encontraran con una dificultad muy sencilla: conseguir plantas y semillas para sus propios huertos. Al buscar alternativas, empezaron a aparecer semillas que algunas familias habían conservado durante años.

Muchas estaban guardadas en pequeñas cantidades y vinculadas a una casa, un huerto o incluso a una determinada receta. Algunas habían pasado de padres a hijos, mientras que otras seguían en manos de personas que mantenían cultivos tradicionales.

El proyecto comenzó entonces a identificarlas, recuperarlas y comprobar que todavía podían cultivarse. Con el tiempo, aquella búsqueda local se convirtió en una red mucho más amplia.

Tomates, judías y zanahorias de colores entre las variedades recuperadas

El interés de estas semillas no está solamente en su antigüedad. También representan una parte de la diversidad agrícola que puede perderse cuando unas pocas variedades comerciales sustituyen a las tradicionales.

Entre las semillas recuperadas hay tomates, judías, lechugas y cereales, además de variedades especialmente llamativas, como las zanahorias amarillas y moradas. El proyecto también trabaja con variedades procedentes de otros puntos de Aragón, como el melón autóctono de Torres de Berrellén.

En agosto de 2026, la red de Pueblos con Semilla reunía ya a 45 personas voluntarias que colaboraban en la conservación y reproducción de unas 150 variedades locales. Estos llamados guardianes de semillas se encargan de sembrarlas, multiplicarlas e intercambiarlas para evitar que desaparezcan.

La importancia de conservarlas va más allá de obtener nuevas plantas. Una variedad local también puede estar ligada a conocimientos sobre cuándo sembrarla, cómo cultivarla, cómo guardar sus semillas o qué uso se le ha dado tradicionalmente en la cocina.

La propia Red de Semillas de Aragón destaca precisamente el valor de estas variedades por su adaptación a las condiciones climáticas de cada territorio y por los conocimientos tradicionales asociados a ellas.

El objetivo no es guardar las semillas, sino conseguir que vuelvan a cultivarse

Una de las claves de Pueblos con Semilla es que no pretende limitarse a crear una colección de semillas antiguas. La intención es que vuelvan a la tierra y puedan formar parte de nuevo de los huertos y de la alimentación.

Para conseguirlo, los guardianes deben sembrar las variedades, reproducirlas y conservar nuevas semillas para las siguientes temporadas. De esta forma, una semilla que llevaba años almacenada puede volver a entrar en un ciclo de cultivo.

El proyecto trabaja además para seleccionar variedades que tengan posibilidades de recuperación agrícola, interés gastronómico y valor cultural. La idea es poner en marcha huertas vinculadas a agricultores y productores y estudiar qué variedades pueden llegar a tener una producción viable a pequeña escala.

También existe una dimensión gastronómica. Recuperar una variedad significa que puede volver a utilizarse en la cocina y diferenciar productos elaborados en el propio territorio. Así, la conservación de una semilla puede terminar conectándose con agricultores, restaurantes y consumidores.

Un patrimonio agrícola que puede ayudar a mantener vivo el medio rural

La recuperación de estas semillas tiene además una dimensión científica. El CITA cuenta en Zaragoza con un Banco de Germoplasma Hortícola creado en 1981 para conservar recursos genéticos de especies hortícolas y evitar la pérdida de diversidad causada, entre otros factores, por la sustitución de variedades locales. Actualmente conserva alrededor de 18.500 entradas pertenecientes a más de 450 especies.

En 2026, además, el CITA ha continuado incorporando y estudiando variedades tradicionales. Entre ellas figura una variedad de sandía procedente de San Mateo de Gállego, cuyas semillas se están cultivando en una parcela experimental durante esta campaña para su multiplicación y caracterización.

En el caso de Ara, la recuperación de semillas se plantea también como una forma de generar actividad en pueblos pequeños. Pueblos con Semilla fue reconocido en 2026 con el primer premio de los Premios Rural Emprende, por una propuesta que busca convertir la biodiversidad agrícola y el patrimonio alimentario local en una oportunidad de desarrollo económico y social.

Así, aquellas semillas que durante años permanecieron guardadas en cajones y sobres dejan de ser solamente un recuerdo de los antiguos huertos. Ahora vuelven a sembrarse para que las variedades que representan puedan seguir formando parte del paisaje, la alimentación y la vida de los pueblos del Pirineo aragonés.

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