Felipe Morales, biólogo: “En España se estima que desaparecen unas 30.000 aves al año por electrocución o colisión con los tendidos eléctricos”

Felipe Morales, biólogo: “En España se estima que desaparecen unas 30.000 aves al año por electrocución o colisión con los tendidos eléctricos”

El biólogo Felipe Morales lanza un mensaje contundente en uno de sus vídeos en redes sociales: "no es un problema de falta de soluciones, es un problema de falta de voluntad". Cada año miles de aves mueren de forma silenciosa al chocar o electrocutarse con los tendidos eléctricos que atraviesan campos y espacios naturales. En España, según explica, se estima que alrededor de 30.000 aves desaparecen anualmente por esta causa.

Aunque se trata de una amenaza poco visible para la mayoría de la población, las investigaciones científicas llevan años alertando de su impacto sobre especies protegidas como águilas, buitres o milanos. Muchas de estas muertes podrían evitarse con medidas técnicas ya disponibles, pero expertos y organizaciones conservacionistas insisten en que sigue faltando voluntad para aplicarlas de forma generalizada.

Por qué miles de aves mueren cada año en los tendidos eléctricos sin que apenas se vea

Morales subraya que el número de aves afectadas por las líneas eléctricas “seguramente sean muchas más porque no todas se encuentran”, esto se debe a que muchos cadáveres desaparecen y las muertes pasan inadvertidas. La literatura científica confirma su alarma: un estudio de 2026 del Banco Mundial y la Corporación Financiera Internacional (IFC) calcula que las colisiones y electrocuciones provocan la muerte de millones de aves por año a escala mundial.

El problema afecta sobre todo a zonas abiertas y carentes de árboles, ya que las aves buscan los postes como posaderos, y puede desencadenar incendios o cortes de suministro. Para ilustrar la magnitud del problema, un artículo sobre Doñana (España) documentó más de 2.000 aves muertas al año en apenas 100 km de tendido.

Ciertamente, la invisibilidad del problema se debe tanto a la falta de datos como a la escasa percepción social; quizá porque no vemos los cadáveres, minimizamos el impacto. Es por eso que tomar conciencia de esta amenaza invisible es el primer paso para abordar soluciones efectivas.

Cómo provocan los tendidos eléctricos la muerte de miles de aves cada año

Felipe Morales distingue entre dos tipos de accidentes: la electrocución, cuando un ave cierra un circuito al tocar dos partes energizadas o una parte energizada y el poste; y la colisión, cuando impacta contra los cables en vuelo.

Estudios en Nepal, por ejemplo, registraron un total de 43 cadáveres en 30,6 km de línea (26 por electrocución y 17 por colisión) y calcularon una tasa de 0,55 colisiones por kilómetro y 2,22 electrocuciones por cada diez postes. La misma investigación remarca que la mortalidad está asociada a la proximidad de zonas agrícolas y asentamientos humanos.

Morales denuncia que “el problema es que muchas líneas siguen siendo antiguas o no se corrigen”, insistiendo en que las consecuencias son evitables. La revisión de Loss et al. concluye que en EE. UU. las colisiones provocan entre 8 y 57 millones de muertes anuales y las electrocuciones entre 0,9 y 11,6 millones; además, el 91,7 % de los registros de electrocución pertenecen a rapaces.

Frente a estas cifras, se puede interpretar que la colisión suele infravalorarse en comparación con la electrocución, quizá porque las grandes aves muertas en los postes son más evidentes. Sin embargo, ambos fenómenos son igualmente trágicos y requieren respuestas específicas: aumentan los riesgos en diferentes contextos y para distintas especies.

Las águilas, buitres y otras rapaces son las grandes víctimas de los tendidos eléctricos

Morales enfatiza que “las más afectadas son las rapaces como las águilas, los buitres o los milanos”. Las publicaciones científicas respaldan su afirmación: el análisis indicado antes de Loss et al., mostró que las rapaces constituyen más del 90 % de los registros de electrocución. El estudio del Raptor Research Foundation señala que la mayoría de electrocuciones se producen en sistemas de distribución de baja tensión y que las aves de gran envergadura, como águilas, buitres y halcones, son las más vulnerables.

Morales advierte que “muchas de las rapaces como el águila imperial ibérica o el buitre negro ya están amenazadas” y, además, el problema amenaza poblaciones ya de por sí frágiles. En Europa, la electrocución es la principal causa de muerte del águila imperial ibérica; representa entre el 48 y el 60 % de los decesos registrados.

Aunque es cierto que la pérdida de rapaces tiene consecuencias ecológicas particularmente graves porque son depredadores clave y suelen tener bajas tasas reproductivas; el foco en las rapaces no debe eclipsar a otras especies, como aves acuáticas, cigüeñas, grullas o gallináceas que también sufren colisiones, y en algunas regiones los córvidos o palomas, los cuales son electrocutados con más frecuencia.

Las soluciones para evitar estas muertes existen, pero todavía no se aplican lo suficiente

Morales nos deja un mensaje contundente: “no es un problema de falta de soluciones, es un problema de falta de voluntad”. Para reducir las colisiones, las guías europeas de BirdLife y APLIC proponen marcar los cables con balizas, espirales o esferas luminosas para mejorar su visibilidad y retirar los cables de tierra en tramos críticos. Estas medidas pueden disminuir la mortalidad hasta en un 70 %.

Morales sostiene que “adaptando tendidos, aislando cables o señalizando líneas” serian medidas que funcionan, y remarca que existen normativas como el Real Decreto 1432/2008 en España que obligan a corregir los apoyos peligrosos.

En mi opinión, la tecnología y la normativa ya ofrecen un camino claro. El verdadero reto es la voluntad política y la implicación de las empresas eléctricas. La planificación de nuevas líneas debería considerar mapas de sensibilidad ecológica, evitando corredores migratorios y hábitats críticos.

Asimismo, es necesario registrar de manera ordenada las aves muertas por electrocución o colisión, indicando la zona, la especie y la causa probable, para identificar los puntos más peligrosos y corregir primero las líneas eléctricas que generan mayor mortalidad.

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