Félix Rodríguez de la Fuente, el naturalista que defendió al lobo: “Se convirtió en un animal proscrito, fuera de la ley”

Félix Rodríguez de la Fuente, el naturalista que defendió al lobo: “Se convirtió en un animal proscrito, fuera de la ley”
Imagen: RTVE

Mucho antes de que el lobo ibérico se convirtiera en uno de los grandes símbolos de la conservación de la naturaleza en España, Félix Rodríguez de la Fuente ya había comprendido que la relación entre este animal y el ser humano estaba marcada por siglos de persecución. El naturalista dedicó buena parte de su obra a desmontar la imagen del lobo como una simple amenaza para las personas y el ganado.

En su enciclopedia Fauna, publicada por Salvat a partir de 1970, dedicó al lobo ibérico un capítulo que tituló “El gran proscrito”. Allí escribió una frase que resume buena parte de su visión sobre esta especie: “El lobo se convirtió en un animal proscrito, fuera de la ley, cuando el hombre se hizo agricultor y pastor”.

La idea iba más allá de defender a un animal concreto. Félix trataba de explicar cómo había cambiado la relación entre dos especies que habían compartido territorio durante miles de años.

El animal que Félix quiso sacar de la categoría de “alimaña”

El lobo ocupó un lugar especial en la trayectoria del naturalista burgalés. En 1974, por ejemplo, dedicó uno de los capítulos de La aventura de la vida a su “animal favorito”, bajo el título “El Hermano Lobo”, según conserva el archivo sonoro de RTVE.

Pocos años después, El hombre y la Tierra volvería a dedicar uno de sus episodios a esta especie. El programa, emitido originalmente en 1977, mostraba al lobo ibérico y también el conflicto histórico entre el animal y el ser humano.

Pero Félix no quería limitarse a mostrar lobos. Quería cambiar la forma en la que el público los veía.

En un documento de 1965 estudiado por el historiador de la ciencia Carlos Tabernero en la revista Arbor, del CSIC, el propio Rodríguez de la Fuente se preguntaba: “¿Seré capaz de defender a los seres más perseguidos y calumniados de nuestra fauna?”. En aquella propuesta defendía que había que desterrar de la televisión la palabra “alimaña” y explicar que en la naturaleza no existen simplemente animales buenos y malos, sino especies que forman parte de un equilibrio complejo.

Su objetivo era utilizar la televisión para que los espectadores conocieran a esos animales en su verdadera dimensión biológica. “Aprenderemos a respetar y amar el mundo animal”, escribió entonces.

No era solo una declaración de intenciones. Como recoge Tabernero, Félix dedicó buena parte de sus primeros proyectos divulgativos a especies perseguidas como el lobo, el lince o las águilas, en lugar de centrarse exclusivamente en los animales considerados tradicionalmente piezas de caza.

Imagen: RTVE

El lobo que llegó a millones de hogares

La televisión multiplicó ese mensaje. El hombre y la Tierra, estrenado en 1974, terminó convirtiéndose en una de las producciones de naturaleza más importantes de la televisión española. RTVE conserva 124 episodios de la serie y señala que sus programas dedicados al lobo, el lince o las rapaces ayudaron a desmontar algunas de las falsas leyendas que pesaban sobre estos animales.

En el caso del lobo, el impacto fue especialmente importante porque la especie atravesaba entonces una situación muy diferente a la actual. El Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC recuerda que durante los años sesenta la situación del lobo era crítica y que posteriormente experimentó una recuperación.

Félix contribuyó a convertirlo en un símbolo de la conservación ambiental. Su forma de narrar el comportamiento de las manadas, su inteligencia y su capacidad de supervivencia consiguió que millones de espectadores contemplaran al lobo desde una perspectiva diferente.

Y hay otra frase atribuida a su pensamiento que resume el método que utilizó durante toda su carrera. En una publicación del Museo Nacional de Ciencias Naturales sobre la enciclopedia Fauna se recoge que, para Félix, la obra era necesaria porque “del conocimiento nace el amor”.

Primero había que conocer al animal. Después, comprenderlo. Y solo entonces podía aparecer el deseo de conservarlo.

Casi medio siglo después, el lobo sigue en el centro del debate

La situación del lobo en España ha cambiado desde la época de Félix, aunque la especie continúa generando un intenso debate sobre conservación y ganadería.

El último censo nacional coordinado por el Ministerio para la Transición Ecológica, correspondiente al periodo 2021-2024, contabilizó 333 manadas en España, frente a las 297 registradas en el censo anterior. Supone un incremento aproximado del 12 %. La mayor parte de la población se concentra en Castilla y León, Galicia, Asturias y Cantabria, mientras que se han observado movimientos de expansión hacia el este y el sur.

El propio MITECO advierte, sin embargo, de que esa cifra queda por debajo de las 500 manadas que los científicos consideran necesarias para garantizar la viabilidad genética de la especie a largo plazo.

Además, el marco legal ha cambiado. En 2025 se modificó el régimen europeo de protección del lobo tras la rebaja de su categoría en el Convenio de Berna, y la normativa española dejó de aplicar el mismo régimen de protección especial a todas las poblaciones. Desde abril de 2025, la caza del lobo puede autorizarse al norte del Duero, siempre dentro de la normativa y de las decisiones de gestión correspondientes.

El cambio ha abierto un nuevo capítulo en la discusión sobre cómo debe gestionarse la especie y cómo compatibilizar su conservación con la ganadería extensiva.

Y los últimos estudios científicos añaden otro elemento al debate. En julio de 2026, un trabajo liderado por la Estación Biológica de Doñana-CSIC concluyó que la elevada mortalidad de los lobos ayuda a explicar por qué su área de distribución apenas ha aumentado durante las últimas décadas. Según sus modelos, reducir en un 10 % la mortalidad de los individuos que viven en grupos familiares bastaría para mejorar el tamaño de las manadas, el éxito reproductor y la dispersión.

Casi cincuenta años después de que Félix Rodríguez de la Fuente llamara al lobo “el gran proscrito”, la situación sigue obligando a España a decidir cómo quiere convivir con uno de sus grandes depredadores.

Su legado, en ese sentido, no consiste únicamente en haber llevado lobos a la televisión. También dejó una idea que continúa siendo relevante: conocer a una especie cambia la forma en que la miramos y, con ella, la manera en que decidimos conservarla.

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