Groenlandia se plantea si sacrificar 1.000 ejemplares del tiburón más longevo del mundo y la ciencia cuestiona la medida

Groenlandia se plantea si sacrificar 1.000 ejemplares del tiburón más longevo del mundo y la ciencia cuestiona la medida

El tiburón de Groenlandia es uno de los vertebrados más longevos del planeta, pero su presencia en las zonas de pesca del Ártico ha abierto un conflicto entre los pescadores y quienes defienden su conservación. El motivo es una propuesta para sacrificar hasta 1.000 ejemplares con el objetivo de reducir las pérdidas económicas que, según el sector pesquero, provocan estos animales.

La iniciativa, impulsada por el municipio groenlandés de Avannaata, fue finalmente retirada después de que el Gobierno cuestionara su legalidad. Sin embargo, el debate sigue abierto: mientras los pescadores reclaman soluciones para proteger sus equipos y sus capturas, los especialistas advierten de que eliminar tiburones que tardan más de un siglo en alcanzar la madurez sexual podría tener consecuencias importantes para la especie y el ecosistema.

El plan para sacrificar 1.000 tiburones de Groenlandia

La propuesta surgió en Avannaata, una demarcación del oeste de Groenlandia cuya sede administrativa se encuentra en Ilulissat. En esta zona, donde la pesca del fletán negro y del bacalao tiene un importante peso económico, con frecuencia los tiburones de Groenlandia quedan atrapados en los aparejos utilizados para capturar estas especies.

El plan contemplaba ofrecer una recompensa de 300 coronas danesas por cada tiburón entregado, una cantidad equivalente a unos 40 euros. El objetivo era reducir la presencia de estos animales en determinadas zonas de pesca y aliviar las pérdidas que sufren los trabajadores del sector.

Los pescadores aseguran que los tiburones pueden cortar los sedales, llevarse los anzuelos enganchados y dañar los palangres, unas líneas de pesca largas que cuentan con numerosos anzuelos. Sustituir estos equipos supone un gasto considerable, especialmente para quienes trabajan con embarcaciones pequeñas y dependen de sus capturas para mantener sus ingresos.

No obstante, el Gobierno cuestionó la legalidad de la iniciativa y el programa terminó descartándose. Por tanto, no se trata de una campaña de sacrificio que siga adelante, sino de una propuesta retirada que ha vuelto a poner sobre la mesa el conflicto entre la actividad pesquera y la conservación de la fauna marina.

Imagen: Julius Nielsen - AAAS

El tiburón más lento del mundo puede superar los 400 años

El tiburón de Groenlandia (Somniosus microcephalus), también conocido como tiburón boreal, habita principalmente en las aguas frías y profundas del Atlántico Norte y el Ártico. Es una especie poco conocida, adaptada a un entorno en el que las bajas temperaturas y la escasez de luz condicionan su forma de vida.

Puede alcanzar entre seis y siete metros de longitud y está considerado el tiburón más lento del mundo. Sin embargo, la característica que más llama la atención de los investigadores es su extraordinaria longevidad.

Un estudio publicado en la revista científica Science en 2016 estimó, mediante la datación por radiocarbono de las lentes oculares, que estos tiburones pueden vivir varios siglos. El ejemplar de mayor edad analizado tenía una edad estimada de unos 392 años, con un margen de incertidumbre amplio, lo que situó la longevidad máxima potencial de la especie por encima de los 400 años.

Esta capacidad para vivir durante tanto tiempo está relacionada con un desarrollo extremadamente lento. Los estudios estiman que el tiburón de Groenlandia no alcanza la madurez sexual hasta aproximadamente los 150 años. Eso significa que su población no puede recuperarse con rapidez si se produce una reducción importante del número de ejemplares.

Por qué los científicos cuestionan la eliminación de estos animales

El principal motivo de preocupación es que una especie que tarda tanto en reproducirse puede ser especialmente vulnerable a la presión pesquera. Si se retiran demasiados ejemplares en un periodo corto, recuperar las pérdidas podría llevar muchas décadas o incluso siglos.

El especialista en conservación marina Nick Dulvy, de la Universidad Simon Fraser de Canadá, ha advertido de la enorme sensibilidad biológica de estos tiburones frente a la sobrepesca. Además, la especie todavía arrastra las consecuencias de décadas de capturas dirigidas a aprovechar el aceite de su hígado.

En 1948 se registró uno de los mayores niveles históricos de explotación, con 58.000 ejemplares desembarcados. Aunque aquella actividad comercial disminuyó a partir de la década de 1960, la captura accidental continúa siendo un problema.

Las estimaciones citadas por especialistas apuntan a que miles de tiburones de Groenlandia quedan atrapados cada año en aparejos de pesca. A ello se suma la dificultad de conocer con precisión el tamaño y la evolución de sus poblaciones, debido a que estos animales viven en aguas profundas y pueden desplazarse a grandes distancias.

La organización conservacionista Oceans North Kalaallit Nunaat también ha cuestionado la eficacia de una eliminación localizada. Según sus argumentos, estos tiburones pueden recorrer hasta 2.000 kilómetros al año, por lo que los ejemplares retirados de una zona podrían ser sustituidos por otros procedentes de regiones diferentes, sin que se resuelva el problema de fondo.

Las alternativas para proteger a los pescadores sin sacrificar tiburones

La controversia refleja un problema que va más allá de la presencia de una especie en los caladeros. Para los pescadores, perder aparejos supone un perjuicio económico directo; para los conservacionistas, una campaña de eliminación podría agravar la situación de un animal cuya reproducción es extraordinariamente lenta.

Entre las alternativas planteadas figura compensar las pérdidas de equipos, mejorar la recuperación de los aparejos abandonados y estudiar dispositivos que reduzcan el contacto entre los tiburones y los instrumentos de pesca. También se ha señalado la importancia de establecer medidas que disminuyan las capturas accidentales y permitan registrar mejor cuántos ejemplares quedan atrapados.

Las llamadas líneas fantasma, es decir, los sedales y otros aparejos perdidos o abandonados en el mar, añaden otra dificultad. Estos equipos pueden enredarse con los nuevos, dañar la maquinaria y continuar atrapando animales. Retirarlos ayudaría a reducir tanto los costes para el sector como el impacto sobre la fauna marina.

El desafío consiste en encontrar soluciones que tengan en cuenta las necesidades económicas de las comunidades pesqueras y la conservación de una especie que, además, es excepcional. El tiburón de Groenlandia no solo destaca por su longevidad: su lento crecimiento hace que cada pérdida pueda tener consecuencias duraderas. Por eso, antes de recurrir a su eliminación, resulta fundamental evaluar medidas que reduzcan los daños en los aparejos sin comprometer la recuperación de sus poblaciones.

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