La luna llena siempre ha despertado algo especial. Curiosamente, hay personas que dicen sentirse distintas cuando la luna está llena. Duermen peor, están más sensibles o notan una inquietud difícil de explicar. Estas sensaciones no son nuevas. Se repiten generación tras generación. Sin embargo, una cosa es lo que sentimos y otra lo que realmente ocurre en el cuerpo. ¿Existe una influencia real de la luna llena sobre las personas o estamos ante una mezcla de cultura, creencias y percepción?
La ambientóloga Josefina Bordino invita a mirar este fenómeno con calma y con base científica. Porque, aunque la luna sí tiene efectos claros en la naturaleza, su impacto en nosotros es mucho más sutil de lo que solemos imaginar.
¿Nos afecta la luna llena? Lo que dice la ciencia (y lo que no)
Durante siglos, la luna llena ha sido relacionada con cambios de humor, insomnio, partos e incluso comportamientos extraños. Sin embargo, cuando se estudia con datos, la historia es diferente.
La mayoría de las investigaciones científicas no ha encontrado una relación directa y constante entre las fases lunares y alteraciones importantes en la salud física o mental. Es decir, no hay pruebas sólidas de que la luna llena provoque cambios drásticos en las personas.
Josefina Bordino lo resume de forma clara: "La ciencia indica que sus efectos directos son limitados". Esto no significa que la experiencia de las personas sea inventada, sino que las causas no son tan simples como "la luna me altera".
La luna influye de forma evidente en fenómenos como las mareas, debido a la gravedad. Sin embargo, esa misma fuerza sobre el cuerpo humano es mínima. Demasiado débil como para generar cambios fisiológicos medibles por sí sola.
Entonces, ¿por qué tanta gente asegura sentirse diferente? Para Bordino, la clave está en que "estos cambios suelen explicarse más por factores psicológicos, culturales y de percepción que por una influencia biológica real de la luna".
La luna nos produce pequeños cambios físicos y emocionales
Aunque no haya efectos contundentes, sí se han estudiado variaciones leves que algunas personas notan más que otras.
En el plano físico, el sueño es el aspecto más analizado. Algunas investigaciones sugieren que durante la luna llena ciertas personas tardan más en dormirse o descansan menos horas. Esto puede provocar más cansancio al día siguiente o sensación de haber dormido peor.
También se ha observado que podría haber ligeras alteraciones en los ritmos biológicos internos. Nada extremo, pero sí pequeños desajustes que, sumados, pueden hacer que alguien se sienta diferente.
En lo emocional, la influencia parece aún más ligada a la percepción. Bordino señala que "en el plano emocional, puede aumentar la sensación de inquietud, irritabilidad o sensibilidad". Sin embargo, esto no implica que la luna esté modificando directamente el cerebro.
Más bien, se trata de cómo interpretamos lo que sentimos. Si dormimos mal, estamos más cansados o atravesamos un momento sensible, es más fácil atribuirlo a la luna llena si ya creemos que influye.
¿Realmente afecta más a las mujeres que a los hombres?
Una de las creencias más extendidas es que la luna llena tiene un efecto especial sobre las mujeres. Esta idea suele relacionarse con el ciclo menstrual, que dura aproximadamente lo mismo que un ciclo lunar.
Sin embargo, según la ambientóloga, "la ciencia no ha encontrado pruebas sólidas que confirmen una sincronización generalizada entre ambos ciclos". Algunas coincidencias pueden ocurrir, pero no hay una relación causal demostrada científicamente.
La fuerza de esta creencia tiene raíces culturales e históricas. Desde la antigüedad, la luna ha sido asociada con la feminidad, la fertilidad y los ciclos naturales. Esa carga simbólica sigue influyendo en cómo interpretamos ciertas experiencias.
En términos científicos, no hay evidencia de que la luna llena afecte más a las mujeres que a los hombres. Lo que sí existe es una tradición cultural muy arraigada que refuerza esa idea.
¿Por qué sentimos que la luna llena nos afecta aunque casi no lo haga?
Aquí entra en juego algo muy humano: nuestra mente necesita explicaciones. Cuando dormimos mal, estamos más irritables o vivimos emociones intensas, buscamos una causa.
La luna llena es un candidato perfecto. Es visible, llamativa y está rodeada de historias, mitos y simbolismo. Eso hace que, cuando coincide con un mal día o una noche inquieta, la conexión parezca evidente.
Además, si alguien ya cree que la luna influye, prestará más atención a cualquier cambio durante esos días. Esa atención refuerza la sensación de que "algo pasa", aunque el origen sea otro.
No se trata de que todo esté "en nuestra cabeza" como algo imaginado. Se trata de cómo el cerebro interpreta la realidad a través de creencias, cultura y experiencias previas. La luna llena, al final, sí tiene un efecto real, pero no tanto sobre nuestras células como sobre algunos de nuestros ciclos y nuestra forma de mirar lo que nos ocurre. Eso, aunque sea sutil, también forma parte de la experiencia humana.
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