Los árboles son parte esencial de los ecosistemas, pilares de la vida y guardianes de la historia del planeta. Según la bióloga Karina Cruz, especialista en microbiología, "los anillos de un árbol no mienten, cada uno de ellos es un archivo único del pasado que el tiempo no puede borrar". Gracias a la dendrocronología, que es la ciencia que estudia los anillos de las plantas leñosas como los árboles, es posible conocer los secretos ocultos sobre el clima y el medio ambiente en el que se encuentran. Además, permite revelar eventos y contextos históricos que de otra forma permanecerían en el olvido.
"Los anillos de los árboles cuentan la historia de un bosque", apunta Cruz, y estudiarlos ayuda a "reconstruir la dinámica del ecosistema", es decir, en qué años ocurrieron incendios, plagas de insectos o sequías, y de qué forma estos eventos afectaron a ese bosque. Los árboles pueden recoger siglos e incluso milenios de historia en sus troncos, y no es necesario talarlos para conocer los secretos que esconden. Existe una técnica infalible que permite analizarlos sin dañarlos.
¿Por qué cada árbol es un archivo único del tiempo?
Cada árbol crea un anillo por año, y su grosor manifiesta qué ocurrió durante ese año. La bióloga Karina Cruz explica: "Un año cálido y húmedo deja un anillo ancho, mientras un año seco o frío produce un anillo más estrecho". Los anillos de los árboles permiten reconstruir décadas, siglos e incluso milenios de historia de los bosques y otros ecosistemas. Cuando se observa un tronco, no solo se puede ver la madera, se percibe un "registro natural detallado del clima y de los eventos que marcaron la vida de ese árbol".
Andrew E. Douglass, astrónomo estadounidense, es considerado el padre de la dendrocronología debido a que fue quien demostró que los árboles tenían la capacidad de registrar las variaciones climáticas en sus anillos, y, por ende, estableció los principios de esta ciencia. Esto sucedió a principios del siglo XX, pero los árboles llevan en la Tierra desde hace millones de años, acumulando información y datos fascinantes de la historia natural del planeta. Los árboles hablan, pero solo para quienes aprenden a escucharlos.
Esta es la técnica que permite estudiar los anillos sin talar los árboles
Hoy en día, no es necesario talar un árbol para estudiar sus anillos. Los científicos utilizan una barrena especial para extraer un núcleo cilíndrico del tronco sin necesidad de cortar el árbol, conocida como barrena de Pressler. "Los cilindros extraídos son una pequeña muestra que permiten analizar la vida del árbol sin interrumpirla", señala Cruz. Estos núcleos suelen medir unos 10-30 cm de longitud, dependiendo del tamaño del árbol, y tener alrededor de 5-12 mm de diámetro. Son pequeños para minimizar los daños, pero contienen toda la secuencia de anillos creados a lo largo de la vida del árbol.
Una vez obtenida la muestra, se emplean técnicas como la datación cruzada, que consiste en comparar los patrones de los anillos de diferentes árboles para construir una cronología, que puede abarcar desde décadas hasta milenios.
Esto es lo que los árboles pueden contarnos del pasado
Los anillos de los árboles se han convertido en una herramienta clave para entender y analizar tanto el clima como la historia ambiental de un determinado ecosistema. Gracias a esta ciencia, como explica la bióloga, "es posible saber cuándo hubo sequías históricas, olas de frío excepcionales o incendios que marcaron un bosque".
Además, los anillos permiten datar cuándo ocurrieron fenómenos naturales que han podido marcar la historia del planeta, como erupciones volcánicas o deslizamientos de tierra, revelando, así grandes secretos del pasado.
Pero su estudio no solo se limita a la ecología y la geología, también es sumamente útil en otras áreas. Gracias a los anillos que se forman en cada árbol, los arqueólogos pueden fechar con precisión estructuras u objetos de madera, como por ejemplo embarcaciones antiguas. Esto permite saber cuándo se construyeron y conectar esos datos con eventos climáticos y ambientales que pudieron afectar a esas construcciones.
Como señala Cruz: "Cada árbol es un archivo vivo del pasado". Sus anillos son como un diario personal de vida, y aprender a leerlos ayuda a descubrir secretos que ningún libro de historia podría contar.
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