La falta de lluvias y las altas temperaturas pueden transformar algunos ríos españoles durante los meses de verano. El caudal disminuye, algunos tramos pierden la conexión entre sí y el agua queda concentrada en pequeñas pozas. Para la anguila europea (Anguilla anguilla), una especie migratoria cuyo declive preocupa desde hace décadas, estas condiciones pueden resultar especialmente graves.
Cuando el agua retrocede y los ejemplares quedan aislados, la situación puede empeorar rápidamente. La temperatura del agua aumenta y el oxígeno disponible disminuye, mientras las anguilas pierden la posibilidad de desplazarse hacia otros puntos del cauce. En algunos ríos se han registrado episodios de elevada mortalidad durante los periodos de mayor estrés hídrico.
El problema comienza cuando el río deja de tener continuidad
La anguila europea es capaz de sobrevivir en ambientes muy diferentes y puede desplazarse tanto por el agua como, en determinadas circunstancias, por superficies húmedas. Sin embargo, esto no significa que pueda afrontar sin consecuencias un río que pierde gran parte de su caudal durante el verano.
Cuando desaparece la conexión entre diferentes tramos, los ejemplares pueden quedar atrapados en masas de agua cada vez más pequeñas. La elevada temperatura propia del verano favorece además una reducción del oxígeno disuelto, mientras que la acumulación de materia orgánica puede contribuir a deteriorar todavía más las condiciones del agua.
El resultado es un escenario especialmente desfavorable para los peces que permanecen en esas zonas aisladas.
Esta situación se ha observado en distintos cauces mediterráneos. En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, organizaciones ambientales han alertado de episodios de mortalidad de anguilas asociados a la reducción del caudal en ríos como el Canyoles y el Albaida.
El problema no es únicamente la cantidad de agua disponible. Para una especie migratoria como esta, mantener la continuidad del río es fundamental para poder desplazarse.
Una anguila no pasa toda su vida en el mismo río
Una de las particularidades que hacen especialmente interesante a esta especie es su extraordinario ciclo vital. La anguila europea no nace en los ríos donde después pasa años creciendo.
Las anguilas comienzan su vida en el mar de los Sargazos, en el océano Atlántico. Tras la reproducción, las larvas realizan un largo desplazamiento hacia las costas europeas y norteafricanas. Al acercarse a los estuarios se transforman en angulas y algunas entran en ríos, lagunas y otros ambientes continentales.
Allí pueden permanecer durante varios años, creciendo y desarrollándose antes de iniciar el viaje de regreso al océano.
Por tanto, el río no es simplemente el lugar donde vive la anguila durante una etapa de su vida. Es también una vía de desplazamiento que debe permanecer conectada para que el animal pueda completar su ciclo.
Cuando un cauce queda fragmentado por la falta de agua, una presa o un azud, la anguila puede encontrar dificultades para desplazarse entre diferentes zonas.
El verano agrava una amenaza que viene de mucho antes
Los episodios de sequía hacen visible durante unos pocos meses un problema que afecta a la especie desde hace décadas.
La anguila europea ha experimentado un fuerte declive poblacional en Europa. La pérdida y degradación del hábitat, las barreras que dificultan sus migraciones, la contaminación, la sobrepesca y otras formas de mortalidad han contribuido a reducir sus poblaciones.
La situación es especialmente delicada porque todos estos factores pueden acumularse. Un ejemplar que encuentra dificultades para desplazarse por una presa puede enfrentarse después a un tramo con poca agua, temperaturas elevadas o una calidad del agua deficiente.
Por eso, la sequía no debe entenderse como la única causa del declive, sino como un factor que puede aumentar la presión sobre unas poblaciones que ya se encuentran en una situación comprometida.
Presas, azudes y otros obstáculos dificultan su viaje
Incluso cuando existe agua suficiente, la anguila tiene que superar otro problema: la transformación de los ríos.
Las presas, azudes y otras infraestructuras pueden interrumpir las rutas migratorias. Para una especie que necesita desplazarse entre el mar y las aguas continentales, estos obstáculos pueden impedir que los ejemplares alcancen determinados tramos o dificultar su regreso al océano.
La situación resulta todavía más compleja cuando se combina con la pérdida de caudal. Un río fragmentado por infraestructuras ya supone una dificultad para la migración, pero si además algunos tramos quedan prácticamente secos durante el verano, las posibilidades de desplazamiento se reducen todavía más.
La recuperación de la conectividad fluvial, junto con el mantenimiento de unas condiciones adecuadas de caudal y calidad del agua, es por ello una de las cuestiones relevantes para la conservación de la especie.
La anguila europea está en peligro crítico a escala internacional
La situación de esta especie puede generar cierta confusión por la diferencia entre su clasificación internacional y su protección legal en España.
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) considera a la anguila europea una especie en peligro crítico de extinción. La población ha sufrido un acusado descenso y la especie se encuentra sometida a numerosas amenazas a lo largo de su ciclo vital.
Sin embargo, esta clasificación internacional no equivale automáticamente a que la anguila tenga en España la máxima categoría de protección legal.
En enero de 2026, el Ministerio para la Transición Ecológica anunció su intención de proponer a las comunidades autónomas la inclusión de la anguila europea en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, con la categoría de en peligro de extinción. La propuesta, respaldada por el Comité Científico, finalmente no salió adelante tras la oposición y abstención de varias comunidades autónomas.
La cuestión sigue siendo especialmente relevante porque la protección de la especie no depende únicamente de evitar su captura. También requiere conservar los ecosistemas que necesita para completar su ciclo.
Cada verano vuelve a enfrentarse al mismo problema
La reducción del caudal durante los meses más secos convierte algunos tramos de los ríos en lugares especialmente difíciles para la fauna acuática. En el caso de la anguila europea, el riesgo se suma a un declive que se viene produciendo desde hace décadas.
Cuando un río pierde continuidad, una anguila puede quedar aislada en una pequeña masa de agua y perder la posibilidad de buscar zonas con mejores condiciones. Si además aumentan las temperaturas y disminuye el oxígeno, el margen de supervivencia se reduce.
Por eso, mantener los ríos conectados y con unas condiciones adecuadas durante el verano es también una forma de proteger a una especie que necesita recorrer enormes distancias a lo largo de su vida.
La anguila europea todavía está presente en distintos ríos, humedales y estuarios españoles, pero cada episodio de mortalidad supone una presión añadida para unas poblaciones que ya se encuentran entre las más amenazadas de la fauna acuática europea.
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