Cada mañana, millones de personas se hacen un té o encienden la cafetera casi sin pensarlo. Es un gesto automático y un pequeño ritual que despierta el cuerpo y despeja la mente. Pero ¿y si esa taza diaria escondiera algo más que energía? ¿Y si tuviera relación con la salud del cerebro a largo plazo?
Un amplio estudio de la Universidad de Harvard ha seguido a más de 130.000 personas durante cuatro décadas. Sus conclusiones han reabierto un debate que lleva años sobre la mesa: el vínculo entre café, té y demencia. Los resultados son llamativos, aunque no tan simples como parecen.
40 años de datos y más de 130.000 personas
La investigación, publicada en JAMA, analizó a 131.821 hombres y mujeres en Estados Unidos durante cerca de 40 años. Los participantes formaban parte de dos grandes estudios de salud que recopilan información desde hace décadas sobre dieta, hábitos y enfermedades crónicas.
Al inicio, ninguno tenía demencia, Parkinson ni cáncer. Cada dos o cuatro años respondían cuestionarios sobre su consumo de café, té y otras bebidas. Durante el seguimiento, 11.033 personas desarrollaron demencia. Ese dato permitió comparar patrones de consumo y ver si existía alguna relación.
El resultado de los beneficios del café fue claro: quienes bebían más café con cafeína presentaban menos casos de demencia que quienes apenas lo consumían.
En cifras concretas, el grupo con mayor consumo registró 141 casos por cada 100.000 personas, frente a 330 en el grupo con menor consumo. Esto supone un 18% menos de riesgo entre quienes tomaban más café con cafeína. Además, estos participantes reportaron menos problemas subjetivos de memoria o concentración (7,8% frente a 9,5%).
La clave parece estar en la cafeína
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que no todas las bebidas mostraron el mismo efecto.
El beneficio se observó en el café con cafeína y también en el té. Sin embargo, el café descafeinado no mostró una asociación significativa con menor riesgo de demencia ni con mejor rendimiento cognitivo. Esto apunta a que la cafeína o teína podría ser el principal componente responsable de los efectos observados.
Los investigadores detectaron que la relación más favorable aparecía en quienes consumían entre dos y tres tazas diarias de café con cafeína o entre una y dos tazas de té al día. Curiosamente, consumir más de esa cantidad no mostró efectos negativos claros, pero tampoco beneficios mucho mayores.
El cardiólogo y divulgador científico Eric Topol destacó el trabajo en redes sociales y afirmó: "El café mejora la cognición y reduce la demencia. >130.000 personas seguidas durante 37 años. El beneficio se observa solo con café o té con cafeína y es más pronunciado con unas 2 tazas al día".
Además de la cafeína, tanto el café como el té contienen compuestos bioactivos como polifenoles, con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Estos podrían ayudar a reducir el daño celular y la inflamación, factores implicados en el deterioro cognitivo.
¿Significa esto que el café y el té previenen la demencia?
Aquí es donde conviene frenar el entusiasmo. El propio autor principal del estudio, Yu Zhang, fue claro al explicar sus conclusiones. En declaraciones recogidas por The Guardian, señaló: "Nuestro estudio solo no puede probar causalidad, pero, hasta donde sabemos, es la mejor evidencia disponible sobre el consumo de café y té y la salud cognitiva, y es consistente con una biología plausible". También advirtió: "no hay que pensar en el café o el té como un escudo mágico".
Es importante entender que se trata de un estudio observacional. Esto significa que detecta asociaciones, pero no puede demostrar que el café con cafeína y el té sean la causa directa de la reducción del riesgo.
Otros expertos que no participaron en la investigación también pidieron prudencia. Señalan que quienes consumen café o té de forma moderada pueden tener, en general, estilos de vida más saludables. Hacer más ejercicio, seguir una dieta equilibrada o tener mejor acceso a atención médica también influyen en la salud cerebral.
En otras palabras, el café podría formar parte de un patrón de vida saludable, pero no ser el único responsable.
Lo que dicen otras investigaciones
Este estudio no es el único que apunta en esa dirección. Investigaciones recientes han relacionado el consumo moderado de café con menor fragilidad en adultos mayores y con marcadores biológicos asociados a un envejecimiento más lento.
Además, en el caso del té verde, algunos trabajos han observado menos lesiones en la sustancia blanca cerebral en quienes lo consumen a diario.
Aun así, todos coinciden en algo: la moderación es clave. Un consumo excesivo puede provocar efectos adversos, especialmente en personas sensibles a la cafeína.
Organismos como la FDA y la Asociación Americana del Corazón consideran seguro un consumo moderado equivalente a unas dos o tres tazas de café al día, aunque cada persona metaboliza la cafeína de forma diferente.
Un hábito más dentro de un estilo de vida saludable
Entonces, ¿debemos empezar a beber café para proteger el cerebro? La respuesta no es tan directa. Si ya disfrutas del café o el té, estos resultados pueden ser tranquilizadores. Consumidos con moderación, no solo no parecen perjudiciales para el cerebro, sino que podrían estar asociados a ciertos beneficios.
No obstante, ningún alimento o bebida, por sí solo, previene la demencia. Los expertos insisten en que la mejor estrategia sigue siendo global: mantener una dieta equilibrada, hacer ejercicio, dormir bien, controlar la presión arterial y estimular la mente.
El café puede formar parte de esa rutina. Puede ser ese pequeño placer diario que, además de despertar, acompañe a un estilo de vida saludable. Y quizá, mientras su aroma llena la cocina cada mañana, también esté aportando algo más que energía.
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- Zhang Y, Liu Y, Li Y, et al. Coffee and Tea Intake, Dementia Risk, and Cognitive Function. JAMA. Published online February 09, 2026. doi:10.1001/jama.2025.27259 Disponible en: https://jamanetwork.com/journals/jama/article-abstract/2844764#