Las orcas ibéricas llevan años protagonizando encuentros desconcertantes con embarcaciones frente a las costas de la Península. Se acercan a los veleros, los persiguen y terminan golpeando o mordiendo sus timones hasta dejarlos inutilizados. Pero, según algunos expertos, lo que parece un ataque podría tener una explicación mucho más curiosa: las orcas estarían jugando y practicando movimientos relacionados con la caza del atún rojo.
La hipótesis resulta especialmente llamativa porque el atún es precisamente la principal presa de esta población de orcas. Estos cetáceos siguen sus desplazamientos por las aguas de la Península Ibérica y, durante sus movimientos, pueden encontrarse con embarcaciones cuyos timones parecen despertar un interés especial.
“Están practicando para pescar”: la sorprendente explicación de los científicos
Bruno Díaz, biólogo y director del Bottlenose Dolphin Research Institute, ha hablado en medios y considera que la explicación podría estar relacionada con la forma en la que las orcas cazan.
“Para la captura del atún rojo, que es su principal presa, tienen que golpear, coordinarse y trabajar en equipo porque son mucho más ágiles que ellas”, explica el científico. El entrenamiento de estos movimientos podría ayudar a entender por qué algunos ejemplares interactúan repetidamente con los timones de los barcos.
La idea es que las orcas necesitan practicar determinados movimientos y que el timón proporciona un objeto móvil con el que pueden experimentar. De hecho, Díaz resume el comportamiento con una comparación especialmente gráfica: “Es como tirarle una pelota a un perro, ellas muerden o golpean los timones”.
No estarían intentando hundir la embarcación ni atacar a sus ocupantes. El problema es que un animal de semejante tamaño y fuerza puede provocar daños importantes incluso aunque su intención sea simplemente interactuar con el objeto.
El atún rojo puede tener la clave de por qué persiguen a los barcos
La relación con el atún rojo ayuda a entender por qué estos encuentros se producen en distintos puntos de la costa peninsular.
La orca ibérica es una población especializada en alimentarse de estos grandes peces. Según explicó en medios de comunicación Gorka Ocio, observador científico de Verballenas, “siguen a los bancos de atunes” y pueden aparecer en el Mediterráneo durante la época de desove para después continuar por el estrecho de Gibraltar, Portugal, Galicia y el golfo de Bizkaia.
Este año, además, las orcas llegaron antes de lo habitual a algunas zonas del Cantábrico. Ocio señalaba que normalmente se las observa allí durante octubre, noviembre y diciembre, pero que en esta ocasión aparecieron ya a principios de junio. El especialista vinculaba esa llegada temprana con “la gran cantidad de bonito y atún rojo que ha entrado”.
El recorrido de estos animales explica que los encuentros con barcos puedan producirse en lugares muy alejados entre sí. No se trataría de diferentes poblaciones que aparecen de manera independiente, sino de animales que siguen a sus presas durante sus desplazamientos.
Por qué las orcas se fijan precisamente en los timones
La elección del timón tampoco parece casual. Es una pieza que permanece bajo el agua, se mueve y responde inmediatamente cuando una orca la golpea.
Para un animal que está practicando movimientos de persecución, coordinación y golpeo, la reacción del timón puede resultar especialmente estimulante. La orca toca el elemento, este se mueve y la embarcación responde.
Ese proceso de prueba y error podría explicar por qué algunos ejemplares repiten la conducta.
El informe de la Comisión Ballenera Internacional recogido por DW apunta precisamente a un posible comportamiento lúdico. Sus autores señalan que las orcas, especialmente las más jóvenes, pueden desarrollar “modas” de comportamiento inusuales y temporales que no tienen necesariamente un propósito adaptativo evidente.
El documento plantea que las poblaciones de orcas pueden desarrollar tradiciones conductuales que se transmiten entre individuos y que algunas de ellas pueden desaparecer después de un tiempo. En este caso, los investigadores consideran que los timones podrían haberse convertido en un nuevo estímulo para estos animales.
“Creemos que se trata de un entrenamiento para los cachorros”: así aprenden las orcas
Gorka Ocio también se inclina por una explicación relacionada con el aprendizaje. El observador científico de Verballenas afirma que no considera que estos episodios sean ataques propiamente dichos.
“No son ataques. Las orcas cazan tiburones y ballenas y podrían hundir un velero; creo que es entrenamiento para las crías”, explica.
Su hipótesis es que los ejemplares jóvenes podrían estar aprendiendo mediante estas interacciones. “Creemos que se trata de un entrenamiento para los cachorros, como un juego para ellos”, señala.
El problema es que las orcas tienen una fuerza enorme y pueden no controlar la intensidad de sus movimientos. “Son animales tan fuertes que no controlan la intensidad de sus golpes”, añade Ocio.
Eso explicaría una de las grandes paradojas del fenómeno: una conducta que para las orcas podría no tener una finalidad destructiva puede terminar con el timón de un velero completamente roto.
El extraño comportamiento que empezó en 2020 y ya repiten 16 orcas
Las interacciones con barcos no forman parte del comportamiento histórico conocido de esta población. Según los registros del Grupo de Trabajo Orca Atlántica, antes de 2020 no se habían identificado este tipo de contactos con embarcaciones en el área de distribución de la orca ibérica.
A partir de ese año comenzaron a registrarse y el comportamiento se extendió entre varios individuos. En 2020 estaban identificadas nueve orcas que interactuaban con barcos; ahora son al menos 16 las conocidas como “orcas Gladis” que han protagonizado este tipo de encuentros, según los datos recogidos por Diario Vasco.
El informe de la Comisión Ballenera Internacional plantea que podría tratarse precisamente de una nueva tradición o moda conductual.
No sería algo completamente extraño entre estos cetáceos. Los científicos han documentado en otras poblaciones comportamientos peculiares que aparecieron durante un tiempo y después desaparecieron. Por eso, una de las posibilidades es que esta interacción con los barcos tampoco sea permanente.
No quieren atacar a las personas, pero pueden dejar un barco sin timón
Que las orcas puedan estar jugando no significa que el encuentro sea seguro. Un timón roto puede dejar a un barco sin capacidad de maniobra y obligar a sus ocupantes a pedir ayuda.
Pero los expertos diferencian claramente entre el daño que pueden provocar a una embarcación y una agresión dirigida contra las personas.
Bruno Díaz lo resume de forma contundente: “Son animales curiosos igual que los delfines, pero no van a por los humanos”.
La escena puede resultar inquietante cuando varios ejemplares rodean un velero y empiezan a golpear su timón, pero la explicación que manejan estos expertos es muy diferente a la de un ataque deliberado.
Podría tratarse, sencillamente, de animales inteligentes que juegan, experimentan y aprenden entre ellos mientras siguen a su principal alimento. Y en ese extraño aprendizaje, el timón de un barco se ha convertido en un objeto inesperadamente atractivo.
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