La recuperación de las grandes ballenas es un proceso muy lento, pero un nuevo estudio ha encontrado una señal que los científicos consideran especialmente esperanzadora. Tras analizar más de seis décadas de registros, los investigadores han comprobado que las ballenas azules antárticas y los rorcuales comunes están apareciendo cada vez con más frecuencia en una zona del sureste del océano Atlántico donde durante décadas apenas se observaban. Aunque todavía queda mucho camino para garantizar su conservación, los datos apuntan a que estas especies podrían estar recuperando parte de su antiguo territorio.
El incremento de los avistamientos no significa que estas poblaciones hayan dejado de estar amenazadas, pero sí refuerza la idea de que las medidas de protección adoptadas en las últimas décadas están dando resultados. Este hallazgo aporta nuevas pistas sobre la evolución de algunas de las especies más emblemáticas del planeta y abre la puerta a comprender mejor cómo están respondiendo las ballenas a los esfuerzos de conservación.
El hallazgo que confirma el regreso de las ballenas al sureste del Atlántico
El estudio analiza la presencia de ballenas azules antárticas (Balaenoptera musculus intermedia) y rorcuales comunes australes (Balaenoptera physalus quoyi) en el sureste del océano Atlántico, frente a las costas de Namibia y Sudáfrica. Para ello, los investigadores recopilaron registros de avistamientos, varamientos y observaciones publicadas entre mayo de 1964 y marzo de 2025, con el objetivo de comprobar si estas especies están regresando a una zona que fue muy importante para ellas antes de la caza comercial de ballenas.
Los resultados muestran que, aunque ambas poblaciones siguen siendo reducidas, los registros de presencia han aumentado de forma clara durante los últimos años. En el caso de las ballenas azules se documentaron 12 avistamientos, 1 varamiento y 5 registros publicados, mientras que los rorcuales comunes fueron observados con mayor frecuencia, con 76 avistamientos y 6 varamientos. Un dato especialmente relevante es que el 95 % de todas las observaciones recopiladas corresponden al periodo posterior a 2012, lo que apunta a una recuperación progresiva de ambas especies en esta región.
El trabajo también identifica diferencias en el comportamiento estacional de ambas especies. Las ballenas azules fueron observadas principalmente entre finales de la primavera y el otoño dentro del ecosistema de Benguela, mientras que los rorcuales comunes aparecieron a lo largo de prácticamente todo el año. Los autores señalan que parte de estos registros procede de observadores embarcados en actividades marítimas, cuya mayor cobertura se concentra entre noviembre y abril, aunque el esfuerzo de observación abarcó todos los meses del año.
Pese a estos indicios positivos, los investigadores advierten de que la recuperación todavía está lejos de completarse. Ambas especies continúan siendo vulnerables tras el fuerte impacto de la caza comercial del siglo XX, por lo que recomiendan reforzar el seguimiento mediante sistemas de monitorización acústica, aumentar la presencia de observadores en los buques e incorporar la distribución de estas ballenas en la planificación del desarrollo de las actividades marinas para reducir los riesgos derivados de la actividad humana.
No solo las ballenas azules: otras especies también muestran signos de recuperación
La recuperación observada en las ballenas azules y los rorcuales comunes no es un caso aislado. Según los datos recogidos por Naciones Unidas y otras evaluaciones recientes, varias especies de grandes cetáceos también muestran una evolución positiva, aunque con situaciones muy diferentes entre ellas.
- Uno de los ejemplos más destacados es el de la ballena jorobada. Después de que su población mundial se redujera en más de un 90 % durante el siglo XX debido a la caza comercial, las medidas internacionales de conservación han favorecido su recuperación. En la actualidad se estima que existen alrededor de 80.000 ejemplares adultos, de los cuales aproximadamente 50.000 viven en el hemisferio sur, lo que ha permitido alejar a la especie del riesgo inmediato de desaparición.
- También hay señales de mejora en la ballena franca glacial, conocida igualmente como ballena de los vascos. Aunque sigue siendo una de las especies de ballena más amenazadas del planeta, su población ha aumentado ligeramente desde 2020. Las estimaciones actuales sitúan el número de individuos en torno a 384 ejemplares, lo que supone un crecimiento superior al 7 % respecto a hace unos años.
- En el caso de la ballena de Groenlandia, las últimas evaluaciones también apuntan a un incremento de sus poblaciones. Sin embargo, los especialistas advierten de que esta recuperación continúa siendo frágil, ya que la pérdida de hielo provocada por el calentamiento global reduce el hábitat del que depende esta especie para sobrevivir.
Los riesgos que todavía pueden frenar la recuperación de las ballenas
Aunque los datos disponibles apuntan a una recuperación de varias especies, los expertos insisten en que no se puede considerar un proceso consolidado. Muchas poblaciones siguen siendo reducidas y continúan expuestas a amenazas que dificultan su crecimiento, por lo que los avances logrados durante las últimas décadas podrían verse comprometidos si no se mantienen las medidas de conservación.
Entre los principales riesgos destaca el cambio climático, que está alterando los ecosistemas marinos de los que dependen las ballenas. En especies como la ballena de Groenlandia, la pérdida de hielo en el Ártico reduce su hábitat natural y modifica la disponibilidad de alimento, lo que puede afectar tanto a su supervivencia como a su reproducción.
A ello se suman otras amenazas relacionadas con la actividad humana. Las colisiones con embarcaciones, los enredos en artes de pesca, la contaminación marina y el ruido submarino generado por el tráfico marítimo siguen siendo factores que provocan lesiones y mortalidad en distintas especies de cetáceos. Aunque la caza comercial dejó de ser la principal causa de su declive en muchos países, estos impactos continúan limitando la recuperación de algunas poblaciones.
Por ello, los especialistas consideran que los signos de recuperación son una noticia positiva, pero recuerdan que la protección de las ballenas requiere mantener las medidas de conservación a largo plazo, reforzar la vigilancia de sus hábitats y reducir las presiones humanas sobre los océanos para que estas tendencias favorables puedan consolidarse.
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