El otoño en España podría cambiar considerablemente durante las próximas décadas. Los veranos son cada vez más largos y las temperaturas propias de esta estación se mantienen durante más tiempo, incluso cuando el calendario ya anuncia la llegada del frío. Los registros meteorológicos confirman esta evolución y apuntan a que el cambio climático está modificando la duración de las estaciones tal y como las conocemos.
Según los análisis de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), el verano se está alargando en España a un ritmo aproximado de nueve días por década desde los años ochenta. Si esta tendencia continúa, en apenas 20 años podría sumar entre 18 y 20 días más. Una transformación que afectaría especialmente al otoño, que perdería parte del periodo en el que tradicionalmente disfrutamos de temperaturas más frescas.
El verano en España se alarga nueve días por década y amenaza al otoño
Los datos meteorológicos muestran que el verano está ganando terreno a otras estaciones del año. AEMET lleva tiempo estudiando esta evolución y ha publicado diferentes análisis sobre cómo han cambiado las temperaturas en España durante las últimas décadas.
Uno de ellos, elaborado por el meteorólogo Benito Fuentes López y publicado en el blog oficial de la agencia, utilizó datos del reanálisis ERA5 del servicio europeo Copernicus para estudiar la evolución del verano entre 1940 y 2023. Los resultados mostraron que, de media, el verano dura actualmente alrededor de un mes más que en el pasado.
El aumento no es igual en todo el territorio. Según el análisis, el alargamiento resulta especialmente acusado en el este y el nordeste peninsular, donde en algunos puntos supera el mes y medio. En cambio, en buena parte de la mitad occidental el incremento es menor.
El fenómeno tiene dos vertientes: el primaverano, cuando el calor propio del verano se adelanta a la primavera, y el veroño, cuando las temperaturas estivales se prolongan durante el otoño.
En este último caso, el estudio de AEMET señala que la tendencia es menos clara. En las costas cantábricas y mediterráneas se observa una prolongación de aproximadamente dos o tres semanas, mientras que en buena parte del oeste peninsular no suele superar una semana.
A estos datos se suma un análisis más reciente de la agencia, que sitúa el crecimiento del verano en torno a nueve días por década desde los años ochenta. Si se mantiene ese ritmo, la estación podría ganar entre 18 y 20 días adicionales en las próximas dos décadas.
En 20 años, el otoño podría perder días frente al verano
¿Qué ocurriría si el verano continúa alargándose al ritmo actual? La respuesta está relacionada con la distribución de los días que gana esta estación. Si el calor se adelanta por la primavera y se retrasa durante el otoño, ambas estaciones de transición pierden parte de su duración térmica.
Según la información recogida por AEMET, de los 27 días que podría ganar el verano en tres décadas, aproximadamente 15 procederían del otoño y el resto de la primavera.
Aplicando esa misma proporción a los próximos 20 años, el otoño podría perder alrededor de diez días. Es una estimación matemática basada en la tendencia observada, no una predicción oficial de la agencia ni una fecha garantizada para el futuro.
Esto ayuda a entender por qué los meteorólogos advierten de que el otoño podría acortarse y retrasar la llegada de las condiciones propias de esta estación. En determinadas zonas, las temperaturas que antes eran habituales en septiembre y octubre podrían mantenerse durante más tiempo, haciendo que el ambiente otoñal se perciba más tarde.
No obstante, el cambio no será idéntico en todas las comunidades autónomas. La ubicación geográfica, la influencia del mar y las características climáticas de cada región condicionan la evolución de las temperaturas.
El cambio climático también está modificando las estaciones en España
El alargamiento del verano está relacionado con el calentamiento global. El aumento de las temperaturas medias favorece que los episodios cálidos sean más frecuentes y que las condiciones propias del verano se mantengan durante periodos más prolongados.
El balance climático de AEMET para 2026 ofrece un ejemplo reciente de esta evolución. La temperatura media del verano en la España peninsular alcanzó los 24,5 °C, es decir, 2,4 °C por encima del promedio del periodo 1991-2020. Fue el verano más cálido de la serie oficial, que comienza en 1961.
Además, las condiciones plenamente veraniegas se prolongaron durante cuatro meses, desde la segunda quincena de mayo hasta la primera de septiembre, aproximadamente un mes más que la duración habitual de la estación en el calendario.
Este cambio no afecta únicamente a la sensación térmica. También puede tener consecuencias para los ecosistemas, ya que las temperaturas influyen en la floración de las plantas, la caída de las hojas, los ciclos reproductivos de los animales y la actividad de los insectos.
Por ejemplo, un otoño más cálido puede retrasar algunos procesos de la vegetación y modificar las necesidades de agua de determinadas especies. También puede alterar los ritmos de actividad y migración de algunos animales, que dependen de las condiciones ambientales para completar sus ciclos biológicos.
Eso sí, hay una diferencia importante entre las estaciones astronómicas y las térmicas. El otoño astronómico seguirá comenzando con el equinoccio de septiembre y terminando con el solsticio de diciembre. En 2026, comenzó el 23 de septiembre y finalizará el 21 de diciembre.
Por tanto, el otoño no desaparecerá del calendario ni comenzará oficialmente en noviembre. Lo que está cambiando es el comportamiento de las temperaturas: el verano gana terreno y el periodo de tiempo en el que experimentamos un ambiente verdaderamente otoñal podría ser cada vez más corto.
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