Los tubos de cartón que quedan al terminar un rollo de papel higiénico suelen acabar directamente en el cubo de reciclaje. Sin embargo, este pequeño cilindro puede tener una segunda vida entre las plantas, especialmente cuando se utiliza para preparar semilleros, proteger los primeros brotes o añadir material seco al compost.
Su forma, su tamaño y el hecho de estar fabricados con cartón hacen que puedan reutilizarse de varias maneras antes de desecharlos. Eso sí, no todos los usos son igual de adecuados y conviene tener en cuenta algunas precauciones para evitar un exceso de humedad o dificultar el paso del agua y del aire en el suelo.
Un semillero casero que puedes preparar con un simple tubo de cartón
Uno de los usos más prácticos consiste en convertir el tubo de cartón en un pequeño recipiente para germinar semillas. El propio Servicio de Extensión de Oregon State University incluye en su guía los rollos de papel higiénico entre los materiales domésticos que pueden utilizarse para iniciar semillas y posteriormente trasplantarlas al exterior.
Prepararlos es sencillo. Se pueden hacer varios cortes verticales de aproximadamente un centímetro en uno de los extremos y doblar hacia dentro las pequeñas pestañas resultantes para formar una base. Después, el tubo se coloca sobre una bandeja para mantenerlo estable, se rellena con sustrato para semilleros y se introduce la semilla.
También es posible mantener el tubo sin fondo y colocarlo dentro de una bandeja que sostenga el sustrato.
Esta opción resulta especialmente interesante para semillas que necesitan unas semanas de desarrollo antes de pasar al jardín o a una maceta mayor. Cuando la plántula está suficientemente desarrollada, el conjunto puede trasplantarse al suelo sin necesidad de sacar primero la planta del cartón. El material terminará descomponiéndose progresivamente.
Para este uso hay que controlar especialmente el riego. El cartón absorbe agua y, si permanece constantemente empapado, puede perder consistencia antes de que la planta esté preparada para el trasplante.
Una protección sencilla para los primeros brotes
El mismo tubo puede utilizarse de una manera diferente cuando las plantas ya están en el jardín. En este caso, basta con cortar el cilindro para formar un pequeño anillo y colocarlo alrededor de la base de una planta joven.
Al introducir ligeramente el cartón en la tierra, se consigue que permanezca en su sitio y se crea una barrera física alrededor del tallo. Este sistema puede resultar útil durante las primeras etapas de crecimiento, cuando los brotes son especialmente vulnerables.
Los collares de cartón se han utilizado en jardinería como una forma sencilla de dificultar el acceso de determinados pequeños animales y plagas a las plantas jóvenes, aunque no deben considerarse una protección infalible.
Además, el tubo puede ayudar a mantener más estable el sustrato alrededor de una plántula recién plantada, especialmente después de un riego.
Con el paso del tiempo, el cartón se humedecerá, perderá consistencia y acabará degradándose. Por eso, no es necesario retirarlo en cuanto se deteriore: basta con comprobar que no está dificultando el crecimiento del tallo.
El cartón también puede convertirse en material para el compost
Hay otra posibilidad todavía más sencilla: trocear los tubos de cartón y añadirlos al compostador.
El cartón se considera un material rico en carbono, por lo que puede formar parte de la fracción de materiales secos del compost. La Utah State University Extension en su guía incluye expresamente los tubos de papel higiénico, junto con otros residuos de papel y cartón, entre los materiales que pueden compostarse.
Lo recomendable es romper o cortar los tubos antes de incorporarlos. De esta manera aumenta la superficie de contacto y resulta más fácil que se mezclen con el resto de los materiales.
Además, conviene combinarlos con materiales húmedos y ricos en nitrógeno, como restos vegetales frescos, en lugar de llenar el compostador únicamente con cartón.
Los tubos también pueden ayudar a aprovechar mejor los residuos domésticos y del jardín, ya que transforman un material que normalmente desecharíamos en parte de la materia orgánica que terminará descomponiéndose.
Una forma de reutilizarlos para cubrir pequeñas zonas del suelo
El cartón tiene otro uso conocido en jardinería: utilizarlo como barrera frente a las malas hierbas. Oregon State University explica en otra de sus guías que la técnica de acolchado con cartón consiste en colocar una capa sobre el suelo para bloquear la luz y dificultar el crecimiento de las plantas adventicias.
En el caso de los tubos de papel higiénico, su pequeño tamaño hace que no sean la opción más práctica para cubrir grandes superficies. Sin embargo, pueden abrirse longitudinalmente, aplanarse y aprovecharse en pequeñas zonas del jardín, alrededor de determinadas plantas o en macetas.
Si se utilizan de esta manera, es importante no crear una capa excesivamente gruesa. El cartón puede limitar el paso del agua y del aire hacia el suelo cuando se acumulan demasiadas capas, una de las principales precauciones que señala el Servicio de Extensión de Oregon State University.
También es recomendable humedecer el cartón y cubrirlo con algún material orgánico, como hojas secas o restos vegetales, para mantenerlo en contacto con el suelo y favorecer su descomposición.
Qué tubos conviene utilizar y qué precauciones tomar
Aunque reutilizar estos cilindros puede ser una buena forma de aprovechar un residuo doméstico, hay algunas precauciones que merece la pena tener en cuenta.
Para utilizarlos directamente con las plantas o incorporarlos al suelo, es preferible escoger cartón sencillo y sin recubrimientos brillantes. Oregon State University recomienda utilizar cartón marrón sin brillo y retirar elementos como cintas adhesivas o grapas antes de colocarlo sobre la tierra.
También hay que evitar que el material permanezca continuamente empapado. En los semilleros, un exceso de agua puede hacer que el tubo pierda su estructura antes de tiempo y favorecer problemas relacionados con la humedad.
Y, si se utiliza como cobertura del suelo, no conviene acumular grandes cantidades de cartón unas encima de otras. El objetivo es crear una barrera temporal que termine degradándose, no formar una capa impermeable sobre la tierra.
Así, ese pequeño tubo que normalmente termina en el cubo puede convertirse durante unas semanas en un semillero, una protección para los primeros brotes, un ingrediente seco para el compost o una ayuda puntual para mantener el suelo cubierto. Una segunda vida sencilla que permite aprovechar mejor un residuo cotidiano antes de reciclarlo.
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