México reintrodujo 47 bisontes tras más de 100 años desaparecidos: meses después, la naturaleza empieza a recuperar el ecosistema

México reintrodujo 47 bisontes tras más de 100 años desaparecidos: meses después, la naturaleza empieza a recuperar el ecosistema

Durante más de un siglo, los bisontes americanos (Bison bison) dejaron de formar parte del paisaje de esta zona del norte de México. La caza y la transformación del territorio acabaron expulsándolos de un ecosistema en el que habían desempeñado un papel fundamental durante miles de años. Ahora, su regreso está demostrando hasta qué punto la ausencia de una sola especie puede alterar el funcionamiento de la naturaleza.

En 2025, un total de 47 bisontes fueron reintroducidos en la Reserva El Santuario, en Cuatrociénegas, Coahuila. Solo unos meses después, los responsables del proyecto ya han observado señales de recuperación: mejora del suelo, dispersión de semillas, reducción de la vegetación seca y el regreso de animales que hacía tiempo que no se detectaban en la zona.

El caso está convirtiéndose en un ejemplo del enorme impacto que puede tener la recuperación de una especie clave. Los bisontes no solo han vuelto a ocupar un territorio que históricamente formaba parte de su área de distribución: con su comportamiento cotidiano, están ayudando a reconstruir procesos naturales que se habían perdido.

47 bisontes regresaron en 2025 después de más de un siglo de ausencia

El regreso comenzó en agosto de 2025, cuando tres bisontes americanos fueron introducidos en la Reserva El Santuario gracias a la colaboración entre la Fundación Pro Cuatrociénegas y el Museo del Desierto de Coahuila. Unos meses más tarde, en noviembre, llegaron otros 44 ejemplares procedentes de la población de conservación del norte de México.

Con esta nueva manada, el bisonte americano volvió a ocupar una parte del desierto chihuahuense de la que había desaparecido hace generaciones. La especie fue eliminada de esta región como consecuencia de la actividad humana, especialmente por la caza intensiva y la transformación progresiva de su hábitat.

La reintroducción, sin embargo, no tenía como único objetivo recuperar un animal emblemático. El proyecto buscaba también restaurar las funciones ecológicas que los bisontes desempeñaban en estos pastizales.

Para los responsables de la iniciativa, se trata de recuperar una especie que pertenecía originalmente a este paisaje. Gerardo Ruiz Smith, director de la Fundación Pro Cuatrociénegas, ha definido al bisonte como un auténtico “ingeniero del ecosistema”, capaz de modificar su entorno y favorecer numerosos procesos naturales simplemente mediante sus desplazamientos, su alimentación y su interacción con el suelo.

Por qué los bisontes pueden transformar un ecosistema con su actividad diaria

Uno de los efectos más importantes está relacionado con el pastoreo. Los bisontes consumen parte de la vegetación y ayudan a evitar una acumulación excesiva de materia vegetal seca sobre el terreno. Esto puede reducir la cantidad de combustible disponible para los incendios y dificultar su propagación.

Pero su influencia no termina ahí. Estos grandes animales, que pueden alcanzar varios cientos de kilos, ejercen una enorme presión sobre el suelo al caminar y desplazarse por el territorio. Sus pezuñas remueven la superficie y generan pequeñas irregularidades que pueden favorecer la entrada y la infiltración del agua de lluvia.

Este proceso contribuye a crear condiciones más favorables para la vegetación. En lugar de ser un simple efecto del paso de los animales, esa alteración constante del terreno forma parte de la dinámica natural de los ecosistemas en los que evolucionaron los grandes herbívoros.

Los bisontes también transportan semillas de un lugar a otro. Algunas quedan adheridas a su espeso pelaje y se desprenden posteriormente mientras los animales se desplazan y otras las transportan al ingerirlas y luego expulsarlas. Todo ello contribuye a la dispersión de semillas de diferentes especies vegetales por el territorio.

A todo ello se suma el papel de sus excrementos. El estiércol sirve de recurso para numerosos organismos, entre ellos los escarabajos peloteros. Estos insectos entierran parte de la materia orgánica y, con su actividad, contribuyen al reciclaje de nutrientes y a la aireación del suelo.

En otras palabras, el regreso del bisonte no supone únicamente la presencia de un nuevo animal en el paisaje. Su llegada reactiva toda una cadena de interacciones entre plantas, insectos, suelo y otros animales.

Las cámaras ya han detectado el regreso de pumas, linces y pecaríes

Los cambios observados en El Santuario no se limitan al suelo y a la vegetación. Según los responsables del proyecto, las cámaras instaladas para seguir la fauna han registrado también la presencia de especies que no se estaban observando en esta zona.

Entre los animales detectados figuran pumas, linces y pecaríes de collar. Su presencia es especialmente significativa porque muestra cómo la recuperación de los procesos ecológicos puede favorecer indirectamente a otras especies.

Un ecosistema no funciona como una suma de organismos aislados. Cada especie modifica, consume o utiliza recursos que pueden terminar beneficiando a muchas otras. Por eso, la pérdida de un gran herbívoro puede generar consecuencias que van mucho más allá de su propia desaparición.

También se han observado aves utilizando el pelo que los bisontes van perdiendo para construir sus nidos. Es un detalle aparentemente pequeño, pero ilustra la cantidad de relaciones ecológicas que pueden surgir alrededor de una sola especie.

La recuperación de la biodiversidad, por tanto, no depende únicamente de proteger animales individuales. En muchos casos resulta igual de importante recuperar las interacciones que mantenían en funcionamiento el ecosistema.

El bisonte vuelve a ocupar su papel como “arquitecto del paisaje”

La experiencia de Cuatrociénegas demuestra por qué algunas especies son consideradas fundamentales para sus ecosistemas. Los bisontes no necesitan realizar ninguna acción especial para restaurar el territorio: pastan, caminan, se desplazan y dejan materia orgánica, exactamente igual que hicieron durante generaciones.

Sin embargo, la suma de todas esas actividades tiene efectos sobre la vegetación, el suelo, el agua y otros animales. Su presencia puede ayudar a reconstruir una dinámica ecológica que quedó interrumpida cuando desaparecieron de la región.

La reintroducción de los 47 ejemplares todavía es reciente y será necesario seguir estudiando la evolución de la manada y del ecosistema durante los próximos años. Aun así, las primeras señales observadas en la reserva muestran el potencial de recuperar especies clave en lugares donde formaron parte históricamente de la naturaleza.

Después de décadas de ausencia, el regreso del bisonte está ofreciendo una oportunidad inesperada para comprobar cómo responde un ecosistema cuando recupera uno de sus antiguos protagonistas. Y, por ahora, la naturaleza parece estar aprovechando rápidamente esa oportunidad.

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