Miles de personas la tuvieron como mascota y hoy es una de las especies invasoras más preocupantes de España

Miles de personas la tuvieron como mascota y hoy es una de las especies invasoras más preocupantes de España

Durante años fue una de las mascotas más populares en España. Pequeña, barata y aparentemente fácil de cuidar, la tortuga de Florida llegó a miles de hogares sin que muchas personas supieran que podía vivir décadas y crecer mucho más de lo esperado.

El problema comenzó cuando numerosos ejemplares fueron liberados en ríos, lagunas y estanques. Lo que parecía un gesto inocente ha terminado convirtiéndose en un importante problema ambiental, ya que esta especie compite con los galápagos autóctonos, altera los ecosistemas acuáticos e incluso puede transmitir enfermedades. Te explicamos por qué la tortuga de Florida está considerada una de las especies invasoras más preocupantes del país y qué se está haciendo para frenar su expansión.

La mascota que terminó convirtiéndose en una especie invasora

Durante años, la tortuga de Florida fue una de las mascotas fáciles de tener. Se vendía como un animal pequeño, barato, silencioso y supuestamente sencillo de cuidar. Muchas personas la compraban para niños o como primer animal de compañía sin tener en cuenta que, en realidad, podía vivir muchos años, crecer bastante más de lo esperado y necesitar cuidados mucho más exigentes de lo que parecía al principio.

Cuando estas tortugas se adquieren siendo crías, caben en la palma de la mano y transmiten una falsa sensación de comodidad. Sin embargo, requieren acuarios amplios, filtración potente, zonas secas para asolearse, control de temperatura, iluminación UVB y una alimentación adecuada. Es decir, no son una mascota “de mantenimiento mínimo”, sino un reptil con necesidades concretas y constantes. Muchas familias descubren esto demasiado tarde, cuando el animal ya ha crecido y mantenerlo deja de ser tan sencillo o tan barato.

Durante mucho tiempo, la comercialización de la tortuga de Florida normalizó la idea de que era un animal doméstico más, cuando en realidad se trata de una especie exótica. Esa percepción hizo que miles de ejemplares acabaran en casas particulares sin que las personas entendieran bien ni su comportamiento y sus necesidades, ni tampoco sus implicaciones ambientales.

Así pone en peligro a los galápagos y a los ecosistemas acuáticos españoles

Aunque parezca una tortuga más, la tortuga de Florida puede desplazar a especies autóctonas, alterar el equilibrio de los humedales y convertirse en un problema muy difícil de erradicar una vez se establece en el medio natural.

El abandono de mascotas es el origen del problema

Todo comienza desde el momento en el que la tortuga empieza a no encajar en el hogar. Algunas personas, pensando erróneamente que están haciendo lo correcto, optan por soltarla en estanques, ríos, lagunas o parques urbanos. A simple vista puede parecer un gesto compasivo, pero en realidad es una de las principales vías por las que esta especie ha terminado colonizando espacios naturales en España.

La tortuga de Florida se considera una especie invasora porque no es autóctona de España y, una vez liberada en ríos, lagunas, embalses o estanques, puede adaptarse con bastante facilidad al medio y alterar el equilibrio ecológico.

En otras palabras, no se trata solo de que viva aquí, sino de que su presencia perjudica a las especies nativas y a los ecosistemas acuáticos. De hecho, el Ministerio para la Transición Ecológica la incluye en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras.

Cómo afecta a los galápagos y al resto de la fauna autóctona

Uno de los principales problemas es que compite directamente con los galápagos autóctonos, como el galápago europeo y el galápago leproso. Compite por el alimento, por el espacio y, sobre todo, por las mejores zonas donde tomar el sol, algo esencial para estos reptiles. La tortuga de Florida suele ser muy resistente, adaptable y competitiva, lo que le da ventaja frente a especies locales que ya de por sí se enfrentan a múltiples amenazas.

Además, también puede actuar como una depredadora potente de pequeños peces, anfibios, insectos acuáticos e invertebrados, alterando la dinámica natural de los humedales. Cuando una especie introducida empieza a ocupar nichos ecológicos que no le corresponden en ese entorno, el impacto no se limita a un solo animal, sino que puede extenderse a toda la cadena ecológica. Por eso su presencia no es anecdótica, sino potencialmente dañina para la biodiversidad.

También puede llegar a ser un problema para la salud pública

Por si fuera poco, también puede representar un riesgo sanitario, ya que algunas tortugas exóticas pueden actuar como portadoras de patógenos, como la salmonela, y transmitir parásitos o enfermedades que afecten tanto a otros animales como, en ciertos casos, a las personas. Eso hace que el problema no sea únicamente ecológico, sino también de salud pública y gestión ambiental.

Qué se está haciendo para frenar la expansión de la tortuga de Florida

La expansión de la tortuga de Florida en España no se combate con una única medida, sino mediante varios planes de protección orientados a reducir su impacto sobre la fauna autóctona. El objetivo principal no es solo retirar ejemplares del medio natural, sino también proteger a especies nativas como el galápago europeo y el galápago leproso, que compiten con ella por alimento, refugio y zonas de asoleamiento. Para ello, las administraciones combinan prevención, control, vigilancia y conservación de hábitats.

Uno de los pilares más importantes es la prevención. En este tipo de problemas ambientales, evitar nuevas liberaciones resulta mucho más eficaz que intentar corregir el daño cuando la especie ya se ha establecido. Por eso, la normativa española limita de forma estricta la posesión, comercio, transporte y liberación de especies exóticas invasoras. A esto se suman campañas de sensibilización para recordar que abandonar una tortuga en un estanque o en un río no es un acto de “liberación”, sino una acción que puede perjudicar seriamente al ecosistema.

Otro frente clave es el control y la retirada de ejemplares en humedales, parques periurbanos, lagunas y otros medios acuáticos donde estas tortugas ya están presentes. En muchos casos se colocan trampas específicas, se realizan capturas controladas y se desarrollan seguimientos técnicos para evitar que las poblaciones sigan creciendo o reproduciéndose.

También son fundamentales los planes de conservación de especies nativas. No basta con actuar contra la invasora, sino también hay que reforzar la protección de la fauna local. Eso implica conservar y restaurar hábitats, mejorar la calidad de los humedales, reducir otras presiones humanas y aplicar regímenes específicos de protección a las especies silvestres más vulnerables. En España, este trabajo se articula a través de la Ley 42/2007, del desarrollo del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y de las estrategias de conservación que sirven de base para los planes aplicados por las comunidades autónomas.

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