Agrupar plantas en el jardín puede ayudarnos a crear espacios más armónicos y, además, a simplificar los cuidados. Sin embargo, no siempre es buena idea colocar juntas plantas que tienen usos similares. Que dos especies sean aromáticas o se utilicen en la cocina no significa que compartan las mismas necesidades de luz, humedad o riego.
Un buen ejemplo son el romero y la menta. Aunque ambas plantas son muy habituales en la cocina, sus necesidades son prácticamente opuestas. El romero está adaptado al clima mediterráneo y tolera bien la falta de agua, mientras que la menta necesita mantener el sustrato húmedo y requiere riegos más frecuentes.
Por eso, elegir bien dónde colocar cada una es clave para que crezcan sanas y evitar problemas de cultivo. Si tienes romero y menta en casa y quieres saber si pueden compartir espacio, te contamos cómo ubicarlos correctamente y qué otras plantas puedes colocar junto a cada una para crear un jardín más equilibrado.
Por qué juntar el romero y la menta puede acabar dañando a una de las dos plantas
Las plantas están adaptadas a condiciones ambientales muy diferentes y esa capacidad de adaptación es precisamente la que permite encontrar especies capaces de crecer en prácticamente cualquier rincón del planeta. Por eso, a la hora de cultivar varias plantas juntas, no basta con que tengan un uso parecido: también hay que conocer sus necesidades.
Cuando llevamos nuevas plantas a casa desde el vivero, puede parecer sencillo colocarlas todas en el mismo espacio para ahorrar sitio y facilitar los cuidados. Sin embargo, hacerlo sin tener en cuenta sus hábitos de crecimiento puede acabar perjudicándolas. El romero y la menta son un buen ejemplo, ya que sus necesidades de agua son prácticamente opuestas.
El romero está acostumbrado a ambientes secos y necesita un riego moderado. Si lo colocamos junto a una menta y mantenemos la humedad constante que esta necesita, el exceso de agua puede terminar dañando las raíces del romero y favorecer su pudrición.
La situación tampoco funciona al revés. Si reducimos el riego para adaptarlo a las necesidades del romero, la menta será la primera en mostrar que algo no va bien. Es una planta que necesita bastante humedad y, cuando le falta agua, sus hojas pueden perder rápidamente firmeza y comenzar a caer.
El truco para tener romero y menta juntos sin perjudicar su crecimiento
No todo está perdido si quieres cultivar romero y menta en el mismo espacio. Aunque sus necesidades de agua son muy diferentes, puedes agruparlas sin que ninguna de las dos salga perjudicada.
La opción más sencilla es mantener cada planta en su propia maceta. Puedes colocarlas juntas en el jardín o la terraza, pero la separación del recipiente permite controlar el riego de cada una por separado.
Así, podrás regar la menta con más frecuencia sin mantener el romero constantemente húmedo. Además, cada planta tendrá un sustrato adaptado a sus necesidades y con el drenaje adecuado.
Así debes cuidar el romero y la menta en casa: dos plantas aromáticas con necesidades muy diferentes
Si quieres que tanto el romero como la menta crezcan fuertes y sanos, es importante adaptar los cuidados a las necesidades de cada especie. Aunque ambas son plantas aromáticas muy utilizadas en la cocina, no necesitan la misma cantidad de luz ni, sobre todo, de agua.
El romero está perfectamente adaptado al clima mediterráneo y tolera bien el calor y la sequía:
- Luz: necesita varias horas de sol directo al día y agradece una ubicación luminosa.
- Riego: requiere poca agua. Lo ideal es esperar a que la capa superficial del sustrato se seque antes de volver a regar.
- Sustrato: debe ser ligero, poroso y con un buen drenaje. Puedes añadir perlita o grava volcánica para evitar que el agua se acumule.
La menta, en cambio, procede de zonas templadas de Eurasia y prefiere ambientes más frescos y húmedos:
- Luz: necesita buena iluminación, aunque conviene protegerla del sol directo durante las horas de más calor.
- Riego: es el punto más importante. El sustrato debe mantenerse ligeramente húmedo y no conviene dejar que se seque por completo.
- Sustrato: necesita un suelo aireado y con capacidad para conservar cierta humedad, pero sin llegar a encharcarse.
Las mejores plantas para acompañar al romero y la menta y crear un jardín que necesite menos cuidados
Si quieres crear un jardín con diferentes especies, la clave está en agrupar plantas que tengan necesidades similares. De esta forma, resulta más sencillo organizar los riegos y conseguir que todas crezcan en buenas condiciones.
En el caso del romero, lo ideal es combinarlo con otras plantas acostumbradas al sol, al calor y a los suelos con buen drenaje. Algunas buenas compañeras son:
- Lavanda: comparte con el romero su adaptación al clima mediterráneo y su baja necesidad de agua.
- Tomillo: una buena opción si quieres crear un pequeño jardín de plantas aromáticas.
- Salvia: existen numerosas variedades y, al igual que el romero, tolera bien los ambientes secos.
- Orégano: otra aromática que se adapta bien a condiciones de poca humedad.
- Asclepias: sus flores pueden atraer mariposas y aportar más vida al jardín sin exigir demasiado riego.
- Mirto: es resistente, necesita pocos cuidados y sus flores pueden atraer diferentes polinizadores.
La menta, por el contrario, conviene agruparla con plantas que toleren mejor la humedad y no tengan problemas en zonas con algo de sombra. Algunas opciones son:
- Caléndula: necesita más agua que otras plantas y puede combinarse bien con la menta.
- Tomate: la menta puede ayudar a mantener alejados algunos insectos y, además, ambas plantas pueden compartir un espacio de cultivo.
- Rosal miniatura: algunas variedades tienen mayores necesidades de riego y pueden convivir mejor con la menta.
- Impatiens o alegría: tolera la sombra y los ambientes húmedos, por lo que puede ser una buena compañera.
- Hierbabuena: tiene necesidades de cultivo muy similares a las de la menta, por lo que ambas pueden crecer juntas con facilidad.
Así, en lugar de agrupar las plantas únicamente por su uso culinario o por su aspecto, conviene fijarse primero en sus necesidades de luz, agua y tipo de suelo. Este criterio hará que el jardín sea más fácil de mantener y evitará problemas derivados de un riego inadecuado.
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Iannotti, M. (2024) How to Grow and Care for Mint. Disponible en: https://www.thespruce.com/growing-mint-1402628