Qué es la franja marrón aparecida entre el océano Atlántico y África: esto es lo que dicen los científicos

Qué es la franja marrón aparecida entre el océano Atlántico y África: esto es lo que dicen los científicos

En las últimas imágenes satelitales del Atlántico hay algo que llama poderosamente la atención: una larga franja marrón que se extiende desde la costa de África hasta el Caribe, como si alguien hubiera trazado una línea oscura sobre el océano. A primera vista, podría parecer un vertido de petróleo o de otros residuos, pero no es nada de eso.

Lo que vemos desde el espacio es el rastro de millones de toneladas de sargazo, una macroalga parda que, cuando se multiplica sin control, forma una estructura que los científicos ya conocen como el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico.

En mayo de 2025, los sistemas de seguimiento estimaron que flotaban en el Atlántico tropical y el Caribe unas 38 millones de toneladas de biomasa, una cifra récord que supera los máximos registrados en años anteriores. Lo que empezó como una curiosidad oceanográfica se ha convertido en una señal visible de desequilibrio ambiental a escala continental. Así, la franja marrón en el océano Atlántico no deja de crecer y los científicos ya saben por qué y qué significa. El biólogo marino Nicolás Pérez Salgado, en su vídeo sobre el sargazo, aclara que "En la actualidad su proliferación se ha descontrolado y está generando varios problemas".

¿Qué es exactamente esa franja marrón que cruza el Atlántico y por qué no es una simple mancha en el océano?

El sargazo no es un intruso extraño en el mar. Según el biólogo marino Nicolás Pérez Salgado: "Estas algas viven flotando en el mar, hay extensiones gigantes". De hecho, es una macroalga flotante que forma parte natural de los ecosistemas oceánicos y, en condiciones normales, incluso es beneficiosa: "En el mar abierto el sargazo cumple un rol ecosistémico importantísimo, sirve de hábitat, como refugio y alimento, para otras especies marinas. Podemos decir que estas balsas de sargazo son como un oasis en medio del océano para muchas especies marinas". Así, esta crea auténticos "bosques flotantes" donde se refugian y alimentan peces, invertebrados, tortugas marinas, etc.

El problema empieza cuando deja de dispersarse y se acumula en masas gigantescas. Desde 2011, los satélites de la NASA y sistemas de vigilancia como el Sargassum Watch System detectan cada año el mismo patrón: una banda estacional de sargazo que aparece en primavera y verano y puede recorrer miles de kilómetros, desde África occidental hasta el Golfo de México.

Esa franja marrón que hoy vemos con tanta claridad ya no es una anomalía puntual. Se ha convertido en una estructura oceánica recurrente, casi una nueva característica del Atlántico tropical. Los científicos la describen como un cinturón flotante que se forma, crece y se desplaza siguiendo las corrientes y los vientos dominantes.

Lo inquietante es que no deja de aumentar. En apenas una década, la biomasa de sargazo detectada por satélite se ha multiplicado hasta alcanzar cifras que antes parecían imposibles. Y eso ha hecho saltar las alarmas, no por la presencia del alga en sí, sino por lo que su crecimiento masivo indica sobre el estado del océano.

¿Por qué esta franja marrón no deja de crecer y qué tiene que ver el cambio climático con este fenómeno?

La gran pregunta es evidente: ¿por qué ahora hay tanto sargazo? La respuesta no es sencilla, porque no hay una sola causa, sino una suma de factores que se refuerzan entre sí. Según detalla Pérez Salgado, estos varios motivos son "desde el cambio climático, el aumento de la temperatura del mar y los cambios en las corrientes y los vientos, hasta que hay más materia orgánica en el mar, más nutrientes".

Por tanto, el primer motivo en el que se puede pensar es el calentamiento del océano. Las aguas más cálidas favorecen que el sargazo se reproduzca más rápido y durante más tiempo.

El segundo factor más clave es la sobrealimentación del mar. Grandes ríos como el Amazonas o el Orinoco arrastran al océano enormes cantidades de nutrientes procedentes de fertilizantes agrícolas, aguas residuales y deforestación. A eso se suma la deposición de polvo del Sáhara, rico en hierro y fósforo, que actúa como fertilizante natural cuando cae sobre el Atlántico. Los estudios recientes muestran que, entre 1980 y 2020, las concentraciones de nitrógeno en el sargazo han aumentado cerca de un 50 %. Es decir, el alga de hoy está mucho mejor nutrida que la de hace cuarenta años.

Por último, entran en juego los vientos y las corrientes oceánicas. Cuando las masas de sargazo se forman en el Atlántico central y son empujadas hacia el oeste, el fenómeno deja de ser solo marino y se convierte en un problema costero, con playas cubiertas de algas.

¿Qué ocurre cuando el sargazo llega a la costa?

Al amontonarse en playas y zonas poco profundas, el alga empieza a descomponerse. Y ahí aparecen los efectos más visibles y molestos: mal olor, aguas turbias y gases como el sulfuro de hidrógeno, responsable del característico olor a huevo podrido que en algunos lugares hace casi imposible permanecer cerca de la orilla.

Pero no se trata solo de una cuestión de incomodidad. "Es un grave problema para los ecosistemas marinos, genera zonas de anoxia y puede, incluso, llegar a dañar a los corales", apunta el biólogo. La descomposición del sargazo consume oxígeno, lo que puede provocar mortandades de peces e invertebrados y dañar praderas marinas y arrecifes. En zonas donde se acumula durante semanas, se generan auténticas zonas muertas.

A esto se suma el impacto en la salud pública. Las personas sensibles pueden sufrir irritaciones respiratorias y oculares por los gases liberados. En algunas regiones del Caribe se han llegado a emitir recomendaciones para limitar la exposición prolongada.

Y luego está el golpe económico. Retirar toneladas de sargazo húmedo mezclado con arena requiere maquinaria pesada, personal y una gestión compleja del residuo. En muchos casos, aunque no siempre, el alga contiene metales pesados, como arsénico, lo que dificulta su reutilización como fertilizante o material industrial.

¿Por qué los científicos ven en esta franja marrón una señal de alerta y no solo un problema local?

Para la comunidad científica, el sargazo no es una catástrofe en sí mismo. Es algo más profundo: un síntoma. Una señal visible de que el sistema océano-atmósfera está cambiando de forma acelerada. Diversos organismos internacionales coinciden en que el Gran Cinturón de Sargazo se ha convertido en un indicador de desequilibrio ecológico. No porque cada año vaya a provocar un desastre, sino porque su frecuencia y magnitud reflejan un Atlántico cada vez más propenso a proliferaciones masivas de algas.

Es una franja marrón que se ve desde miles de kilómetros de altura y que nos recuerda que lo que ocurre en los ríos, en la agricultura y en la atmósfera termina influyendo en el océano y, después, a las costas. "Los sargazos siempre han existido y son necesarios en los ecosistemas marinos, pero tenemos que preocuparnos por la problemática que nosotros estamos generando en relación al sargazo", concluye el biólogo Nicolás Pérez.

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Bibliografía
  • What is the Great Atlantic Sargassum Belt? Sargasso Sea Commission. Disponible en: https://www.sargassoseacommission.org/publications-a-news/atlantic-sargassum-belt