Durante años, el lince ibérico estuvo al borde de la desaparición. En 2002, el censo de esta especie emblemática de la península ibérica registró tan solo 94 ejemplares. Más de dos décadas después, su recuperación se ha convertido en uno de los grandes éxitos de la conservación de la fauna europea, aunque todavía quedan amenazas por resolver.
Así lo explica Samuel Plá, naturalista, técnico de vida silvestre y especialista en fauna ibérica, en una entrevista con Infobae sobre la recuperación del lince ibérico en la que repasa los avances conseguidos y los retos que aún afronta este felino. “Es un proyecto conocido mundialmente”, destaca el experto al referirse al trabajo que ha permitido revertir su situación.
Los datos más recientes confirman esta evolución positiva. Según el censo de 2025 publicado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, la población de lince ibérico alcanzó los 2.663 ejemplares en España y Portugal, un 10,9 % más que el año anterior. Sin embargo, los atropellos y la escasez de alimento siguen poniendo a prueba su futuro.
De 94 ejemplares a más de 2.600: la recuperación del lince ibérico
El lince ibérico (Lynx pardinus) es un felino endémico de la península ibérica, es decir, su distribución natural se limita a este territorio. Su historia reciente estuvo marcada por el declive de sus poblaciones, hasta el punto de que llegó a ser considerado el felino más amenazado del mundo.
El censo de 2002 reflejó la gravedad de la situación: quedaban apenas 94 ejemplares. A partir de entonces, los programas de conservación se centraron en evitar la desaparición de los individuos supervivientes, recuperar sus hábitats y favorecer la reproducción y expansión de la especie.
En este proceso han sido fundamentales la colaboración entre administraciones, investigadores y organizaciones conservacionistas, así como los programas de cría en cautividad y reintroducción en el medio natural. También ha resultado esencial la implicación de propietarios y gestores de terrenos donde el lince puede encontrar refugio y alimento.
Como recuerda Samuel Plá en su entrevista, el proyecto de recuperación se ha convertido en un referente internacional. “Es una historia de éxito y estas historias de éxito hay que contarlas y visualizarlas”, señala.
El avance también se refleja en la distribución del felino. El censo de 2025 contabilizó ejemplares en seis comunidades autónomas españolas, con Castilla-La Mancha y Andalucía como los territorios con mayor población. Además, la especie continúa expandiéndose hacia nuevas áreas.
En 2024, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) rebajó su categoría de amenaza de “en peligro de extinción” a “vulnerable”. Este cambio supone un hito importante, pero no significa que su conservación esté garantizada.
El conejo, una de las claves para que el lince siga sobreviviendo
A pesar del crecimiento de la población, el lince ibérico depende en gran medida de que sus ecosistemas mantengan unas condiciones adecuadas. Y uno de los factores decisivos es la disponibilidad de conejos, su principal fuente de alimento.
“El lince es un especialista en la dieta, el 90-95 % es conejo”, explica Plá. Aunque puede recurrir a otras presas, como perdices, roedores o pequeñas aves, una reducción importante de las poblaciones de conejo puede comprometer su supervivencia y reproducción.
Las enfermedades que afectan a estos lagomorfos, como la mixomatosis y la enfermedad hemorrágica vírica, han provocado importantes descensos de sus poblaciones en distintos momentos. Por eso, recuperar al lince no consiste únicamente en aumentar el número de ejemplares, sino también en mantener los recursos naturales de los que depende.
El experto advierte de que el problema podría repetirse: “Ya hemos pasado por varias enfermedades del conejo y no estamos a salvo de que vuelva a pasar”.
La conservación del monte mediterráneo, la mejora del hábitat y la recuperación de las poblaciones de sus presas son, por tanto, elementos esenciales para consolidar los resultados obtenidos. Sin una base ecológica sólida, el crecimiento del lince podría frenarse.
Los atropellos siguen amenazando al lince ibérico
La mortalidad causada por la actividad humana es otro de los grandes obstáculos para la recuperación de la especie. Entre las amenazas destacan los atropellos en carreteras y pistas, además de la persecución ilegal y el uso de instrumentos de caza prohibidos.
Las cifras oficiales muestran la magnitud del problema. En 2025 se registraron 273 muertes de linces ibéricos, de las cuales 212 se debieron a atropellos, según el censo publicado por el MITECO. Estas cifras ponen de manifiesto que el aumento de la población debe ir acompañado de medidas para reducir la mortalidad.
La expansión territorial del felino hace especialmente importante mejorar la conexión entre sus áreas de distribución y adaptar las infraestructuras viarias para evitar accidentes. También es necesario conservar los corredores ecológicos que permiten a los ejemplares desplazarse entre diferentes núcleos de población.
En este contexto, Plá insiste en que los buenos resultados no deben traducirse en una relajación de los esfuerzos. La recuperación ha sido posible gracias a años de trabajo y coordinación, pero mantenerla exige continuar actuando sobre las amenazas que persisten.
¿Cuándo se considerará recuperado el lince ibérico?
El aumento de ejemplares es una señal positiva, aunque no basta por sí solo para garantizar el futuro de la especie. También importa que existan poblaciones reproductoras estables y repartidas por distintos territorios, de manera que el lince no dependa de unos pocos núcleos.
En la entrevista, Samuel Plá recuerda que los especialistas de España y Portugal debatieron qué condiciones permitirían considerar que el lince se ha recuperado. Entre los objetivos planteados figuran alcanzar “al menos 750 hembras reproductoras” y contar con “al menos ocho núcleos diferentes repartidos por España”.
El censo de 2025 registró 542 hembras reproductoras o territoriales, por lo que todavía queda camino por recorrer hasta alcanzar esa referencia. La distribución geográfica también debe consolidarse para reducir la vulnerabilidad de la especie ante enfermedades, accidentes y otros cambios ambientales.
La historia del lince ibérico demuestra que la conservación coordinada puede revertir una situación crítica. Sin embargo, como recuerda el propio Plá, el reto ahora es mantener los avances y evitar que las amenazas pendientes frenen su recuperación. El objetivo no es solo que haya más linces, sino que puedan vivir y reproducirse en libertad a largo plazo.
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