Lo que comenzó como una intervención con maquinaria pesada en una finca de Herefordshire, en Inglaterra, terminó convertido en uno de los casos de destrucción fluvial más graves perseguidos por las autoridades ambientales británicas. El agricultor John Price utilizó excavadoras y bulldozers para modificar alrededor de 1,5 kilómetros del río Lugg, retirar grava, alterar sus márgenes y eliminar decenas de árboles.
La actuación afectó a un espacio protegido y a los hábitats de numerosas especies. Price fue condenado inicialmente a 12 meses de prisión, posteriormente reducidos a diez, y a pagar 600.000 libras en costas judiciales, además de afrontar la restauración del tramo afectado. Años después, el caso vuelve a cobrar actualidad porque los trabajos de recuperación continúan y los expertos calculan que el ecosistema puede necesitar entre 20 y 30 años para recuperarse plenamente.
Dragó y modificó 1,5 kilómetros del río sin autorización y arrancó 71 árboles
Los hechos más graves se remontan a 2020. John Price, propietario de terrenos próximos a Kingsland, utilizó maquinaria pesada para dragar y remodelar aproximadamente 1,5 kilómetros del río Lugg, en el condado inglés de Herefordshire. La Environment Agency señala que los trabajos se realizaron sin las autorizaciones necesarias y que el propietario continuó interviniendo pese a haber recibido una orden para detenerlos.
Entre las actuaciones realizadas figuraban la extracción de grava y sedimentos, la modificación del lecho y las orillas y la eliminación de vegetación ribereña. Las informaciones sobre el caso contabilizan 71 árboles arrancados o talados. Price utilizó parte de la grava retirada para construir una carretera y una zona destinada al ejercicio de caballos en su propiedad.
El agricultor sostuvo que una de sus motivaciones era reducir los problemas de inundaciones que afectaban a propiedades próximas. El tribunal no aceptó esa justificación para unas actuaciones realizadas sin autorización en un espacio especialmente protegido. El juez Ian Strongman calificó lo ocurrido como “vandalismo ecológico a escala industrial”.
En abril de 2023, Price fue condenado inicialmente a 12 meses de cárcel, pena que posteriormente quedó reducida a 10 meses tras recurrir la sentencia. También fue inhabilitado durante tres años para ejercer como administrador de una empresa y tuvo que asumir 600.000 libras de costas de la acusación. Por tanto, aunque algunas informaciones recientes hablan de una multa de 700.000 euros, técnicamente esa cantidad corresponde aproximadamente a las costas judiciales, no a una multa convencional. A ello se añadió la obligación de financiar y ejecutar la restauración ambiental.
Por qué talar árboles y dragar un río puede provocar daños durante décadas
El problema no consiste únicamente en que desaparezcan varias decenas de árboles. La vegetación de ribera desempeña funciones esenciales en los ecosistemas fluviales: las raíces estabilizan las orillas, la copa proporciona sombra y ayuda a limitar el calentamiento del agua, mientras que ramas, hojas y madera contribuyen a crear refugios y microhábitats.
Modificar el lecho tampoco es inocuo. La distribución natural de gravas, sedimentos, pozas y zonas de diferente velocidad proporciona lugares para alimentarse, reproducirse o refugiarse a peces e invertebrados.
Natural England, el organismo público oficial del gobierno del Reino Unido encargado de proteger y mejorar el medio ambiente natural en Inglaterra, ha remarcado que un exceso de sedimentos finos puede cubrir las gravas utilizadas por peces e invertebrados, mientras que las alteraciones físicas históricas, como el dragado y la rectificación de los cauces, reducen la diversidad de hábitats y el funcionamiento natural de los ríos.
El Lugg tiene además un valor ecológico excepcional. Está declarado Site of Special Scientific Interest (SSSI) y forma parte del sistema protegido asociado al río Wye. Según la Environment Agency británica, alberga al menos 121 especies de plantas fluviales, que a su vez proporcionan hábitat a invertebrados, peces y aves. Entre su fauna se encuentran nutrias, martines pescadores y salmones.
Las autoridades señalaron que los trabajos de Price destruyeron hábitats utilizados por especies como la nutria (Lutra lutra), el salmón atlántico (Salmo salar), también en peligro en España, y diferentes peces e invertebrados. Recuperar un bosque de ribera maduro tampoco consiste simplemente en plantar nuevos árboles: deben pasar años hasta que desarrollen raíces, copas, cavidades y estructuras comparables a las desaparecidas.
Por ese motivo, el ecólogo Richard Fishbourne ha calculado que la recuperación completa del tramo afectado puede necesitar entre 20 y 30 años.
Los primeros signos de recuperación contrastan con un río que todavía se encuentra en estado desfavorable
La condena incluyó una orden específica de restauración conforme a la Wildlife and Countryside Act de 1981. Price quedó obligado a realizar diferentes actuaciones para reparar el lecho, las riberas y la vegetación bajo supervisión de Natural England y la Environment Agency.
Los primeros resultados muestran señales positivas. Los seguimientos realizados en la zona han detectado nuevamente truchas, bullheads o cavilats, pequeños peces y aves como martines pescadores y aviones zapadores. También se han introducido elementos de madera en el cauce para favorecer la formación natural de barras de grava y márgenes que proporcionen zonas de reproducción y refugio para los peces.
Esto no significa que el río haya recuperado su situación anterior. Los árboles jóvenes necesitarán décadas para desempeñar las mismas funciones ecológicas que los ejemplares maduros eliminados y la estructura física del cauce requiere tiempo para evolucionar.
Además, una evaluación publicada por Natural England en julio de 2026 ofrece un contexto preocupante: el conjunto del River Lugg SSSI continúa clasificado en estado “desfavorable y en deterioro”. La institución identifica concentraciones excesivas de fósforo, acumulación de sedimentos finos, proliferación de algas, especies invasoras y los efectos de antiguas modificaciones físicas del río entre las principales presiones existentes.
El caso de John Price ilustra así por qué intervenir en un río no equivale a realizar obras en cualquier otra parte de una propiedad privada. Los cauces son sistemas conectados: modificar la velocidad del agua, retirar sedimentos o eliminar árboles puede trasladar los efectos aguas abajo y alterar hábitats que tardaron décadas en formarse.
La justicia británica quiso precisamente que la sentencia sirviera como advertencia. La recuperación del Lugg demuestra la enorme diferencia temporal entre destruir y restaurar un ecosistema: una excavadora puede transformar en pocos días una ribera cuya estructura natural necesitará varias décadas para volver a desarrollarse.
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