En 1879, el botánico estadounidense William J. Beal enterró 20 botellas de cristal llenas de semillas y arena en un lugar secreto del campus de Michigan State University. Su objetivo parecía sencillo: descubrir cuánto tiempo podían permanecer vivas las semillas bajo tierra y volver a germinar cuando encontraran las condiciones adecuadas.
Lo que Beal probablemente no imaginaba es que aquel experimento continuaría más de un siglo después. En 2021, los investigadores recuperaron una de las botellas enterradas y lograron hacer germinar semillas que habían permanecido bajo tierra durante 141 años. El estudio científico publicado posteriormente confirmó que algunas seguían siendo capaces de crecer y que el experimento todavía tiene botellas pendientes de desenterrar.
El experimento comenzó con 20 botellas enterradas en 1879
Beal era profesor de botánica y estaba interesado en una cuestión que tenía una aplicación muy práctica para la agricultura: cuánto tiempo podían permanecer viables las semillas de las malas hierbas en el suelo.
Para intentar responderla, empezó el experimento con la selección semillas de 23 especies diferentes. Preparó 20 lotes, cada uno con semillas mezcladas con arena húmeda, y los introdujo en botellas de cristal. En cada lote había 50 semillas de cada especie. Las botellas se enterraron con la abertura inclinada hacia abajo para impedir que el agua se acumulase en su interior.
La idea inicial era abrir una botella cada cinco años y comprobar si las semillas todavía podían germinar. Durante las primeras décadas se siguió ese calendario, pero posteriormente los investigadores fueron ampliando el tiempo entre excavaciones para que el experimento pudiera prolongarse durante más años.
En 1920, el intervalo pasó a ser de diez años y, en 1980, se amplió hasta los 20 años. Así, un experimento pensado inicialmente para estudiar la longevidad de las semillas durante un siglo terminó convirtiéndose en uno de los estudios científicos de mayor duración que continúan activos.
Las semillas de 141 años todavía podían germinar
La excavación más sorprendente tuvo lugar en abril de 2021 cuando, según el estudio publicado, los investigadores recuperaron una de las botellas que había permanecido enterrada durante 141 años.
El contenido se llevó al laboratorio para comprobar si alguna de las semillas conservaba su capacidad de germinar. El resultado fue inesperado: 20 semillas llegaron a germinar durante el experimento, y algunas lo hicieron apenas unos días después de comenzar las pruebas.
Todas pertenecían al género Verbascum. Diecinueve fueron identificadas como Verbascum blattaria, conocida como gordolobo polillero, mientras que otra planta resultó ser un híbrido entre Verbascum blattaria y Verbascum thapsus, el gordolobo común. Los investigadores utilizaron también análisis de ADN para confirmar la identidad de las plantas, algo que obviamente no estaba disponible cuando Beal inició el experimento.
El resultado tiene especial interés porque no todas las especies conservaron su viabilidad durante tanto tiempo. Según los investigadores, la mayoría de las especies incluidas en el experimento habían dejado de producir semillas capaces de germinar durante los primeros 60 años.
En cambio, algunas semillas de Verbascum demostraron una resistencia extraordinaria. De las 50 semillas de este género que había originalmente en la botella recuperada en 2021, germinaron 20, es decir, el 40 % seguía siendo viable después de 141 años.
Un experimento que todavía no ha terminado
Lo más llamativo de la historia es que los investigadores todavía no saben cuál es el límite de supervivencia de estas semillas. Que algunas hayan germinado después de 141 años demuestra que pueden permanecer viables durante muchísimo tiempo, pero no permite establecer cuánto pueden llegar a durar.
Además, todavía quedan botellas enterradas. La botella recuperada en 2021 era una de las últimas del experimento y actualmente quedan cuatro botellas pendientes de ser desenterradas. La siguiente está prevista para 2040. Si las semillas vuelven a germinar, los investigadores incluso se plantean ampliar todavía más el intervalo entre excavaciones.
De esta forma, el experimento iniciado por Beal en el siglo XIX continuará al menos hasta 2100, cuando está previsto recuperar la última botella. En total, habrá transcurrido más de dos siglos desde que las semillas fueron enterradas.
Por qué estas semillas pueden ser importantes para la agricultura y la conservación
Aunque Beal comenzó el experimento pensando principalmente en las malas hierbas de los cultivos, sus resultados tienen hoy aplicaciones mucho más amplias.
La capacidad de algunas plantas para mantener semillas viables durante décadas o incluso siglos ayuda a comprender mejor los llamados bancos de semillas del suelo: reservas de semillas que permanecen enterradas y pueden volver a germinar cuando aparecen las condiciones adecuadas.
Este conocimiento resulta especialmente relevante para la restauración de ecosistemas. Por ejemplo, cuando se recuperan terrenos que anteriormente fueron utilizados para la agricultura, conocer cuánto tiempo pueden permanecer viables las semillas de determinadas especies permite anticipar qué plantas podrían aparecer años después.
Los investigadores de Michigan State University señalan precisamente que los resultados del experimento pueden ayudar a comprender mejor la longevidad de las semillas y a decidir qué especies pueden representar un problema en proyectos de restauración y cuáles tienen menos probabilidades de persistir durante largos periodos en el suelo.
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