La astrofotografía suele requerir paciencia, cielos oscuros y muchas horas de planificación. Pero en ocasiones también exige soportar condiciones extremas. Eso es exactamente lo que hizo la fotógrafa francesa Angel Fux, que pasó una noche a casi 4.200 metros de altitud en los Alpes para capturar uno de los fenómenos más difíciles de fotografiar del cielo nocturno.
Su objetivo era retratar el llamado doble arco de la Vía Láctea, un fenómeno que solo puede observarse durante unos pocos días al año y que requiere una combinación muy precisa de condiciones astronómicas y meteorológicas.
Una expedición extrema en plena alta montaña
La fotógrafa francesa Angel Fux eligió el Dent d’Hérens, una montaña situada entre Italia y Suiza, cerca del Cervino. La expedición no tenía nada de sencilla: temperaturas de hasta -28 ºC, fuertes rachas de viento y cornisas heladas rodeaban la zona donde iba a trabajar durante la noche.
Para completar la subida necesitó la ayuda del guía de montaña Richard Lehner y de su hijo Arnaud. Además del material de alpinismo, el equipo debía transportar cámaras, baterías y dispositivos especializados para astrofotografía, algo especialmente complicado en un entorno tan hostil.
Según explicó la propia fotógrafa, incluso salir de la tienda de campaña exigía ir asegurada con cuerdas por el riesgo de caída en las zonas heladas.
El extraño fenómeno que solo aparece unos días al año
El doble arco de la Vía Láctea no es un fenómeno visible durante todo el año. Se produce en marzo, cuando desde el hemisferio norte pueden observarse durante la misma noche tanto el arco invernal como el arco estival de nuestra galaxia.
Primero aparece el llamado arco invernal, más tenue y menos denso. Horas después surge el arco de verano, mucho más brillante porque incluye el núcleo galáctico de la Vía Láctea. La combinación de ambos crea un espectáculo muy poco habitual incluso para quienes practican astrofotografía avanzada.
El problema es que no basta con que el fenómeno ocurra. También es necesario que coincidan otros factores: ausencia de luna intensa, cielos completamente despejados, mínima contaminación lumínica y un horizonte abierto en 360 grados. Si alguna de esas variables falla, la imagen simplemente no puede captarse.
Lo inesperado apareció al revisar las imágenes
Aunque el objetivo inicial era fotografiar el doble arco galáctico, la gran sorpresa llegó más tarde, cuando Angel Fux comenzó a revisar el material capturado durante la noche.
En las imágenes apareció un tercer resplandor extremadamente tenue: el Gegenschein, también conocido como “contrabrillo”. Se trata de un fenómeno producido por la luz solar reflejada en partículas de polvo interplanetario situadas en el espacio.
Ese detalle convirtió la composición final en algo todavía más raro. La fotografía terminó mostrando tres grandes estructuras luminosas sobre los Alpes: el arco invernal de la Vía Láctea, el arco estival y el Gegenschein atravesando el cielo.
En redes sociales y foros especializados muchos usuarios calificaron la imagen como una de las fotografías astronómicas más impactantes de los últimos años.
Más de 40 horas de trabajo para una sola fotografía
La expedición terminó en la montaña, pero el proyecto continuó durante días frente al ordenador. Según contó la propia fotógrafa, la edición final de la imagen requirió alrededor de 40 horas de trabajo y más de 300 GB de datos procesados.
Para construir la panorámica utilizó cientos de exposiciones individuales combinadas mediante software especializado en astronomía. El resultado final muestra con enorme detalle tanto las estrellas de la galaxia como el paisaje nevado de los Alpes.
La imagen terminó llamando la atención de numerosos aficionados a la astronomía e incluso fue destacada por medios especializados internacionales.
El reto técnico de fotografiar la Vía Láctea en condiciones extremas
Capturar la Vía Láctea en condiciones extremas no es solo cuestión de apuntar al cielo y disparar. Es el resultado de una planificación muy precisa donde intervienen la meteorología, la técnica fotográfica y la astronomía, todo alineado al milímetro.
En entornos como los Alpes a más de 4.000 metros, el frío extremo es uno de los mayores enemigos. A temperaturas cercanas a los -28 ºC, las baterías se agotan mucho más rápido y el manejo de la cámara se complica, ya que los guantes necesarios para protegerse del frío reducen la precisión en cada ajuste.
También aparece el problema de la condensación: los cambios bruscos de temperatura pueden empañar o congelar las lentes, arruinando largas exposiciones. A esto se suma la necesidad de realizar múltiples tomas y panorámicas que luego se unen en edición, donde cualquier pequeño fallo puede arruinar el resultado final.
El viento, la nieve y la inestabilidad del terreno añaden aún más dificultad, obligando a montar el equipo en condiciones poco seguras. Todo ello explica por qué este tipo de imágenes no dependen solo del talento, sino de una preparación extrema donde cada detalle cuenta para lograr una única fotografía final.
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