Una planta solar de Arizona recibió 19 búhos y acabó albergando unos 40: diseñaron el terreno para que energía y fauna convivieran

Una planta solar de Arizona recibió 19 búhos y acabó albergando unos 40: diseñaron el terreno para que energía y fauna convivieran
Imagen: Jack Dykinga

Una planta solar en pleno desierto de Arizona se convirtió en un refugio poco habitual para unos pequeños búhos excavadores que habían perdido su hábitat por la expansión de una urbanización.

En marzo de 2025, 19 ejemplares fueron trasladados hasta este lugar situado al oeste de Phoenix. Poco más de un año después, alrededor de 40 búhos seguían utilizando la zona, un resultado que fue posible gracias a una intervención diseñada específicamente para facilitar su adaptación.

El terreno se preparó con madrigueras artificiales, cámaras de seguimiento y medidas para ayudarles a encontrar alimento durante las primeras semanas. El objetivo era comprobar si una planta fotovoltaica podía ofrecer también un espacio adecuado para que estos pequeños depredadores se refugiaran y se reprodujeran.

19 búhos perdieron su hogar y terminaron en una planta solar de Arizona

En el desierto de Arizona, una colonia de pequeños búhos encontró un hogar bastante poco habitual. Se trata de una enorme planta solar situada al oeste de Phoenix. No llegaron allí por casualidad. En marzo de 2025, 19 búhos excavadores tuvieron que ser trasladados después de que un proyecto inmobiliario amenazara con destruir el lugar donde vivían, situado a unos 80 kilómetros.

El caso resulta especialmente interesante por la forma de vida de estas aves. A diferencia de muchas rapaces, el búho excavador no construye su nido en árboles o acantilados, sino que pasa buena parte de su vida en madrigueras bajo tierra. En el oeste de Estados Unidos suele aprovechar túneles abandonados por pequeños mamíferos, como las ardillas terrestres. Cuando el terreno se transforma para construir viviendas, carreteras o explotaciones agrícolas, esos refugios pueden desaparecer junto con buena parte del hábitat disponible.

La situación de la especie ya era delicada. Su población estadounidense había disminuido más de un tercio desde la década de 1960, y el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos la considera una especie de preocupación para la conservación. La expansión urbana y agrícola, además de la fragmentación de sus hábitats, se encuentran entre las amenazas que afectan a estos pequeños búhos.

Fue entonces cuando apareció una alternativa inesperada. Wild at Heart, una organización de Arizona dedicada al rescate y rehabilitación de aves rapaces, necesitaba encontrar un nuevo emplazamiento para los 19 ejemplares. Longroad Energy, responsable del complejo solar Sun Streams, ofreció unas 250 acres de terreno, equivalentes a aproximadamente 101 hectáreas, situadas entre las instalaciones Sun Streams 2 y Sun Streams 3.

Imagen: Greg Clark

40 madrigueras artificiales prepararon el terreno para recibir a los búhos

Para que el traslado funcionara, no bastaba con llevar a los 19 búhos hasta la planta solar y dejarlos libres. El equipo de Wild at Heart y Longroad Energy preparó previamente una zona de unas 250 acres, alrededor de 101 hectáreas, situada entre las instalaciones Sun Streams 2 y Sun Streams 3, al oeste de Phoenix.

El elemento principal fueron 40 madrigueras artificiales, diseñadas para reproducir el tipo de refugio subterráneo que estos búhos utilizan de forma natural. Cada pareja recibió inicialmente su propio espacio y las entradas fueron rodeadas con redes para impedir que las aves abandonaran inmediatamente la zona y trataran de regresar al territorio del que habían sido trasladadas.

La adaptación tampoco quedó limitada a proporcionarles un lugar donde dormir. Durante las primeras semanas, los responsables del proyecto tuvieron que ayudar a los animales a encontrar alimento en su nuevo entorno. Cada día se les proporcionaban ratones descongelados, mientras que también se instalaron luces destinadas a atraer insectos, una parte importante de la dieta de estos pequeños depredadores.

Al mismo tiempo, cámaras activadas por movimiento vigilaban lo que ocurría alrededor de las madrigueras. De esta manera podían comprobar si los búhos utilizaban los refugios, cómo se comportaban y, sobre todo, si eran capaces de adaptarse a un paisaje completamente diferente al que habían conocido hasta entonces.

La idea es que la intervención humana fuera únicamente un apoyo temporal. Los responsables no querían crear una colonia que dependiera indefinidamente de que alguien les llevara comida, sino comprobar si los animales podían establecerse y reproducirse por sí mismos dentro de una planta fotovoltaica.

Imagen: Jenohn Wrieden

Los 19 búhos tuvieron 36 polluelos en su primera temporada

A finales de junio de 2025, los 19 búhos adultos ya habían dado lugar a 36 polluelos. Durante los tres meses siguientes, 29 de esas crías consiguieron desarrollarse lo suficiente como para emplumar, abandonar las madrigueras y comenzar a volar. El paisaje situado entre los paneles solares se había convertido así en una auténtica zona de cría para la especie.

Pero había que comprobar si los búhos podían sobrevivir sin depender indefinidamente de los humanos. Durante las primeras semanas, el equipo había suministrado diariamente ratones descongelados para ayudar a las aves mientras se acostumbraban al lugar. Después comenzó a reducir progresivamente esa ayuda.

Las propias observaciones proporcionaron una pista bastante clara de que el cambio estaba funcionando. Los responsables encontraron restos de insectos en los excrementos de los búhos, una señal de que ya estaban cazando por su cuenta dentro de la instalación. A finales de agosto de 2025, la alimentación suplementaria se había eliminado completamente.

Imagen: Samad Khan/Cronkite News

Un año después, unos 40 búhos seguían viviendo entre los paneles solares

Más de un año después del traslado, el experimento había dejado de ser simplemente una operación de rescate. En julio de 2026, unas 40 aves seguían utilizando el entorno de la planta solar, mientras las cámaras y los biólogos continuaban vigilando la colonia y sus madrigueras artificiales. De las 40 madrigueras instaladas inicialmente, alrededor de 30 permanecían abiertas y en uso.

El resultado es especialmente interesante porque los búhos no parecen limitarse a tolerar los paneles solares. Los responsables del proyecto han observado que utilizan el terreno situado bajo ellos para cazar insectos y refugiarse durante las horas más calurosas. El espacio abierto también les permite detectar a posibles depredadores a distancia, mientras que las propias instalaciones podrían favorecer la presencia de insectos que forman parte de su dieta. Aun así, los investigadores señalan que todavía están estudiando exactamente cómo afecta la infraestructura solar al comportamiento de las aves.

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