Capa de ozono

El agujero de la capa de ozono en la Antártida se está reduciendo y, en 2025, registró uno de sus tamaños más pequeños desde 1992: la explicación está en los vientos y la temperatura

 
Germán Portillo
Por Germán Portillo, Ambientólogo. 16 octubre 2026
El agujero de la capa de ozono en la Antártida se está reduciendo y, en 2025, registró uno de sus tamaños más pequeños desde 1992: la explicación está en los vientos y la temperatura
Imagen: Agujero de la capa de ozono en 2006 y en 2024 / NASA
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Durante años, el agujero de la capa de ozono sobre la Antártida ha sido uno de los grandes indicadores del deterioro de la atmósfera. Sin embargo, en 2025 ocurrió algo poco habitual: alcanzó uno de sus menores tamaños de las últimas dos décadas.

Detrás de este descenso estuvieron una combinación de factores, desde el debilitamiento de los vientos polares hasta el aumento de las temperaturas en la estratosfera. ¿Qué explica este cambio y qué significa para la recuperación de la capa de ozono?

La razón por la que el agujero de ozono sobre la Antártida en 2025 fue uno de los más pequeños

El agujero de la capa de ozono sobre la Antártida tuvo en 2025 una de las temporadas menos intensas de las últimas décadas. El promedio de su extensión entre el 7 de septiembre y el 13 de octubre fue de unos 18,7 millones de kilómetros cuadrados, lo que lo situó como el quinto más pequeño desde 1992, según las mediciones de la NASA y la NOAA.

Uno de los principales motivos estuvo en las condiciones atmosféricas. Durante agosto, el vórtice polar antártico, la circulación de vientos que rodea el continente y mantiene aislado el aire extremadamente frío sobre el polo, fue más débil de lo habitual. Esto favoreció temperaturas relativamente más altas en la estratosfera y limitó las condiciones necesarias para que se produjera una destrucción intensa del ozono.

Además, a mediados de septiembre las ondas atmosféricas de gran escala elevaron rápidamente las temperaturas de la estratosfera antártica, frenando todavía más las reacciones químicas responsables de la pérdida de ozono. Posteriormente, el vórtice polar se debilitó y desapareció antes de lo habitual, permitiendo la entrada de aire con mayores concentraciones de ozono.

El resultado fue un agujero que no solo alcanzó una menor extensión, sino que también se deshizo casi tres semanas antes que el promedio de la última década. El máximo registrado en un solo día fue de 22,86 millones de kilómetros cuadrados, aproximadamente un 30 % menos que el récord de 2006.

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Imagen: La Antártida / EFE

Cómo los vientos y la temperatura frenaron la destrucción del ozono

Las condiciones meteorológicas de la estratosfera antártica tuvieron un papel decisivo durante la temporada de 2025. A mediados de septiembre, una serie de grandes ondas atmosféricas provocó un rápido aumento de las temperaturas en las capas bajas de la estratosfera, lo que redujo las condiciones favorables para las reacciones químicas que destruyen el ozono.

El cambio de temperatura coincidió además con un debilitamiento del vórtice polar, una extensa circulación de aire frío que suele aislar la región antártica durante el invierno austral. Cuando este sistema pierde fuerza, resulta más fácil que entre desde otras latitudes aire con una mayor concentración de ozono.

Este proceso hizo que la destrucción del ozono se frenara antes de lo habitual y contribuyó a que el agujero alcanzara una extensión y una profundidad menores que en los años anteriores. A finales de octubre, el vórtice polar se disipó rápidamente, favoreciendo todavía más la entrada de aire rico en ozono sobre la Antártida.

La recuperación avanza, pero la capa de ozono tardará décadas en volver a los niveles de 1980

La recuperación de la capa de ozono está estrechamente relacionada con el Protocolo de Montreal, firmado en 1987 para reducir y eliminar progresivamente las sustancias químicas responsables de destruir el ozono, especialmente los clorofluorocarbonos (CFC) y otros compuestos que contienen cloro y bromo. Estas sustancias fueron utilizadas durante décadas en productos como refrigerantes, aerosoles y sistemas de extinción de incendios.

El efecto del acuerdo no fue inmediato. Aunque la producción de muchas de estas sustancias se redujo drásticamente, el cloro y el bromo permanecen durante años en la atmósfera, por lo que la recuperación de la capa de ozono es necesariamente lenta. Desde aproximadamente el año 2000, sin embargo, los niveles de sustancias que destruyen el ozono en la estratosfera antártica han disminuido alrededor de un tercio respecto a sus niveles previos al agujero, contribuyendo a una reducción gradual de su tamaño y profundidad.

Las investigaciones más recientes también han encontrado una señal estadísticamente consistente con el inicio de la recuperación del ozono antártico como consecuencia de la reducción de estas sustancias, separándola de las variaciones naturales de un año a otro.

Aun así, el proceso llevará décadas. Si se mantienen las políticas actuales y se continúa cumpliendo el Protocolo de Montreal, se estima que la capa de ozono recuperará los valores aproximados de 1980 hacia 2040 en la mayor parte del mundo, 2045 en el Ártico y alrededor de 2066 sobre la Antártida.

Europa registra más radiación ultravioleta pese a la recuperación de la capa de ozono

La reducción del agujero de ozono sobre la Antártida no significa que los niveles de radiación ultravioleta hayan disminuido en todo el planeta. El boletín de la Organización Meteorológica Mundial señala que, desde mediados de la década de 1990, la radiación UV en superficie aumentó de forma significativa en distintas zonas de Europa, con incrementos de hasta un 20% en algunas estaciones de medición.

La principal causa de este aumento no estaría relacionada directamente con un nuevo deterioro de la capa de ozono. Según el análisis citado por la OMM, alrededor del 80% del incremento de la radiación UV se explica por una menor cobertura de nubes, que permite que una mayor cantidad de radiación solar alcance la superficie. El resto estaría relacionado con la reducción de aerosoles atmosféricos, partículas que pueden bloquear parte de la radiación solar.

Esta situación demuestra que la cantidad de radiación ultravioleta que llega al suelo depende de varios factores y no únicamente del estado de la capa de ozono. Por ello, aunque la recuperación del ozono representa una evolución positiva a largo plazo, las condiciones atmosféricas y la exposición solar siguen siendo determinantes para los niveles de radiación UV que reciben las personas.

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