En 1971, un astronauta llevó cientos de semillas alrededor de la Luna y más de 50 años después son árboles que crecen por toda la Tierra

 
Por Alejandro Lingenti. 10 octubre 2026
Imagen: Uno de los Moon Trees en Greenbelt, Maryland / NASA

Los llamados árboles de la Luna llevan más de medio siglo creciendo en la Tierra. Nacieron de semillas que viajaron alrededor de nuestro satélite con la misión Apollo 14, pero su historia es diferente de lo que suele contarse.

En 1971, mientras Alan Shepard y Edgar Mitchell caminaban sobre la superficie lunar, un pequeño cargamento viajaba con el tercer astronauta del Apollo 14. Stuart Roosa llevaba semillas de cinco especies de árboles que dieron 34 vueltas alrededor de la Luna antes de regresar a nuestro planeta.

Más de medio siglo después, algunos de aquellos ejemplares siguen vivos. Son los Moon Trees o árboles de la Luna, uno de los legados más curiosos del programa Apollo. Pero, pese a su nombre, nunca crecieron en la Luna y tampoco existe evidencia de que el viaje espacial los transformara. La historia resulta especialmente interesante porque conecta la botánica con la exploración del universo y porque la propia NASA ha recuperado recientemente aquella idea.

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Las semillas viajaron alrededor de la Luna, pero nunca estuvieron en su superficie

Roosa, que antes de convertirse en astronauta había trabajado como paracaidista forestal del Servicio Forestal de Estados Unidos, llevó las semillas en su equipaje personal dentro del módulo de mando Kitty Hawk. Procedían de cinco especies: pino taeda (Pinus taeda), sicómoro americano (Platanus occidentalis), liquidámbar (Liquidambar styraciflua), secuoya roja (Sequoia sempervirens) y abeto de Douglas (Pseudotsuga menziesii).

La NASA ha manejado diferentes cifras en su documentación histórica. Algunos textos hablan de entre 400 y 500 semillas, mientras que su archivo sobre los Moon Trees señala que Roosa pudo transportar 2.000 o más. Por eso, presentar 500 como una cantidad exacta resulta arriesgado.

Las semillas tampoco estuvieron sobre la superficie lunar. Permanecieron con Roosa mientras orbitaba nuestro satélite, cuya apariencia desde la Tierra cambia según las conocidas fases de la Luna.

Imagen: El astronauta Stuart A. Roosa / NASA

Un accidente casi acaba con las semillas del Apollo 14

El episodio más sorprendente ocurrió después de regresar a la Tierra. Durante los procedimientos de descontaminación, el recipiente que guardaba las semillas se abrió y estas quedaron expuestas al vacío. Los responsables llegaron a pensar que habían perdido su capacidad para germinar.

No ocurrió así. El Servicio Forestal estadounidense consiguió obtener cientos de plántulas. La NASA señala que finalmente crecieron alrededor de 450 árboles jóvenes, muchos de los cuales fueron distribuidos durante las celebraciones del bicentenario de Estados Unidos de 1976.

Se plantaron en escuelas, universidades, centros de la NASA y espacios públicos. También llegaron ejemplares a otros países. Sin embargo, nadie creó entonces un registro sistemático de su destino. Décadas después, la NASA tuvo que reconstruir su localización con ayuda de ciudadanos y organizaciones.

Los árboles de la Luna no presentan diferencias respecto a los demás

Aquí está probablemente la parte más interesante desde el punto de vista científico. Aunque se conservaron semillas en la Tierra para poder compararlas, la NASA reconoce que aquello no constituyó un experimento científico formal.

Los árboles procedentes de las semillas que viajaron al espacio crecieron normalmente y, según el archivo de la agencia, no presentan diferencias discernibles respecto a los ejemplares de control. Por tanto, no existen pruebas para afirmar que la radiación, la microgravedad o el viaje alrededor de la Luna los convirtieran en árboles distintos.

El seguimiento no terminó con aquellos primeros ejemplares. Con los años también aparecieron los llamados “Half-Moon Trees”, árboles obtenidos al cruzar un Moon Tree con otro de la misma especie que nunca había viajado al espacio. Algunos fueron distribuidos en distintos lugares de Estados Unidos, prolongando el legado botánico de la misión.

Su existencia permitió comprobar, además, que los árboles procedentes de las semillas del Apollo 14 podían reproducirse con normalidad. Este detalle refuerza una idea importante: el interés de aquellos ejemplares no reside en supuestas propiedades extraordinarias adquiridas durante el viaje, sino en haber demostrado que semillas sometidas a unas condiciones completamente excepcionales pudieron germinar, desarrollarse durante décadas y producir una nueva generación.

Su valor actual es principalmente histórico, educativo y simbólico. También recuerdan algo importante en ciencia: una historia extraordinaria no implica necesariamente un resultado biológico extraordinario.

La historia continúa: Artemis I creó una nueva generación de árboles de la Luna

La historia tampoco terminó con Apollo 14. En 2022, la misión Artemis I transportó cerca de 2.000 semillas alrededor de la Luna y mucho más allá de su órbita antes de devolverlas a la Tierra.

La NASA y el Servicio Forestal germinaron posteriormente esas semillas y comenzaron a distribuir los nuevos Artemis Moon Trees entre escuelas, museos, universidades y otras instituciones estadounidenses. Cuatro de las cinco especies coinciden con las elegidas en 1971; la secuoya roja fue sustituida por la secuoya gigante.

Así, los árboles de la Luna no son gigantes porque el espacio haya modificado su ADN ni plantas que hayan germinado fuera de la Tierra. Son árboles terrestres con una biografía excepcional: sus semillas recorrieron cientos de miles de kilómetros antes de echar raíces. Y ese dato, sin necesidad de adornarlo, ya convierte su historia en algo difícil de repetir.

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