En 1864 Tasmania introdujo la trucha común para la pesca deportiva: 162 años después crea refugios libres de truchas para salvar a un pez nativo del que quedan 6.000 ejemplares
En 1864, Tasmania tomó una decisión que entonces parecía ofrecer únicamente beneficios: introducir desde Inglaterra ejemplares de trucha común (Salmo trutta) para desarrollar la pesca recreativa. La especie se adaptó extraordinariamente bien y terminó convirtiendo la isla australiana en un destino internacional para los aficionados. Más de siglo y medio después, sin embargo, aquella introducción tiene una cara mucho menos amable.
Uno de los peces que más ha sufrido la expansión de la trucha es el Swan galaxias (Galaxias fontanus), una especie que no vive en ningún otro lugar del planeta. Las estimaciones difundidas por los responsables de su conservación sitúan su población actual en alrededor de 6.000 individuos, repartidos en pequeños cursos de agua. La situación ha llevado a desarrollar una estrategia llamativa: crear auténticos refugios libres de truchas donde el pez nativo pueda reproducirse sin enfrentarse a uno de sus principales depredadores.
El pequeño pez de Tasmania que no existe en ningún otro lugar del mundo
El Galaxias fontanus es un pez de agua dulce de pequeño tamaño que alcanza aproximadamente 13 centímetros de longitud. Su distribución natural está limitada al este de Tasmania, fundamentalmente a las cabeceras del río Swan y algunos tributarios del Macquarie. El Departamento de Cambio Climático, Energía, Medio Ambiente y Agua de Australia lo clasifica como especie amenazada y señala entre sus principales problemas la depredación y competencia ejercidas por peces exóticos.
La trucha común ocupa un lugar destacado entre ellos. Introducida desde Inglaterra en 1864, se extendió posteriormente por buena parte de los ríos y lagos de Tasmania. Actualmente constituye además la base de una importante actividad de pesca recreativa, lo que añade complejidad a su gestión.
El problema es que los pequeños galáxidos evolucionaron durante millones de años sin convivir con estos salmónidos depredadores. Una investigación publicada en Inland Waters comprobó que la presencia de peces depredadores no nativos puede modificar de manera significativa la ecología de los galáxidos de Tasmania y reducir su nicho trófico.
Los últimos refugios del pez están donde no pueden llegar las truchas
La distribución actual del Swan galaxias revela hasta qué punto ambas especies resultan difíciles de compatibilizar. Sus poblaciones naturales sobreviven esencialmente en tramos de cabecera libres de truchas, muchas veces protegidos por cascadas y otras barreras que impiden que los peces introducidos continúen remontando los cursos fluviales.
Precisamente esas barreras se han convertido en una herramienta de conservación. El programa australiano combina el seguimiento de las poblaciones existentes con translocaciones de ejemplares a arroyos seguros, creación o mejora de obstáculos frente al avance de las truchas y búsqueda de nuevos lugares adecuados.
En 2023, por ejemplo, se liberaron Swan galaxias en dos cursos de agua seleccionados después de analizar inicialmente unos 1.200 posibles emplazamientos, según el informe del Inland Fisheries Service de Tasmania. Estas poblaciones funcionan como una especie de seguro: si desaparece un núcleo natural, existen otros grupos separados capaces de contribuir a la supervivencia de la especie.
La ciencia también está ayudando a localizar estos santuarios. Un estudio publicado en Marine and Freshwater Research utilizó modelos digitales obtenidos mediante tecnología LiDAR para identificar posibles barreras naturales contra las truchas. Los investigadores comprobaron que los galáxidos aparecían únicamente donde estas estaban ausentes y localizaron tres nuevas poblaciones de peces nativos.
La trucha llegó desde Inglaterra hace 162 años para crear una pesquería
El caso demuestra que las consecuencias de introducir una especie pueden prolongarse durante generaciones. La trucha común no llegó accidentalmente a Tasmania: fue trasladada deliberadamente para crear una pesquería recreativa. El experimento funcionó desde ese punto de vista. Hoy las propias autoridades promocionan la pesca de trucha como uno de los grandes atractivos de las aguas interiores de la isla.
Sin embargo, el éxito de una especie introducida puede convertirse en el problema de otra. La ficha oficial del Swan galaxias explica que su área de distribución se redujo por la depredación de la trucha común y de la perca europea, aunque la pérdida de hábitat también pudo intervenir.
A estas presiones se suman sequías, temperaturas elevadas, inundaciones extremas y aislamiento entre poblaciones, factores especialmente preocupantes para una especie con tan pocos ejemplares y una distribución fragmentada.
La trucha común es autóctona en España, pero no en Tasmania
En España, la situación de la trucha común es completamente diferente. Salmo trutta posee poblaciones autóctonas en la Península Ibérica, cuya diversidad genética ha sido estudiada durante décadas. Un trabajo publicado en Heredity identificó incluso distintos linajes históricos españoles. Por tanto, no es la especie en sí la que constituye el problema, sino su introducción fuera de su área natural y, en otros contextos, las repoblaciones con ejemplares de procedencias diferentes.
Tasmania ofrece así un ejemplo especialmente claro de una regla básica de la conservación: una especie valiosa en su ecosistema original puede provocar profundas alteraciones en otro cuando el ser humano la traslada. Y corregir esas consecuencias puede requerir décadas, barreras, translocaciones y pequeños refugios donde las especies nativas vuelvan a disponer de un espacio propio.
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