Ecosistemas

En 1825 llevaron este árbol a Hawái para alimentar a la población: 200 años después es una especie invasora que intentan controlar con drones e insectos

 
Irene Juste
Por Irene Juste, Editora Sénior. 16 septiembre 2026
En 1825 llevaron este árbol a Hawái para alimentar a la población: 200 años después es una especie invasora que intentan controlar con drones e insectos
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En 1825, un árbol procedente de Brasil llegó a Hawái con una finalidad que entonces parecía beneficiosa: proporcionar nuevos frutos para la población. Dos siglos después, aquella especie se ha extendido por los bosques del archipiélago hasta convertirse en una de las plantas invasoras que más preocupa a los investigadores.

Se trata del guayabo de fresa (Psidium cattleianum), un árbol que produce frutos comestibles y que también fue introducido por motivos ornamentales. En su nuevo entorno encontró unas condiciones favorables para expandirse y acabó ocupando grandes extensiones de bosque. Ahora, los científicos buscan frenar su propagación mediante una combinación poco habitual: un insecto procedente de su área de origen y drones capaces de transportarlo hasta las zonas más difíciles de alcanzar.

El árbol que llegó a Hawái desde Brasil hace 200 años

El guayabo de fresa es originario de Brasil y otras zonas de Sudamérica. Su llegada a Hawái se produjo en 1825, cuando fue introducido por sus frutos y como planta ornamental.

El árbol puede alcanzar varios metros de altura y produce pequeños frutos de color rojo que recuerdan a las guayabas. Sus características hicieron que resultara atractivo para su cultivo, pero su comportamiento en el ecosistema hawaiano terminó siendo muy diferente al esperado.

Fuera de su área natural, el guayabo de fresa encontró unas condiciones especialmente favorables para desarrollarse. Sus frutos pueden ser consumidos por diferentes animales, que contribuyen a dispersar sus semillas, mientras que la planta también puede reproducirse mediante nuevos brotes.

Con el tiempo, comenzó a extenderse por los bosques y a formar masas de vegetación muy densas. Esto supone un problema especialmente importante en los ecosistemas nativos de Hawái, donde puede competir con las plantas autóctonas por el espacio y los recursos.

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Una especie invasora que se ha extendido por los bosques

El principal problema del guayabo de fresa es su capacidad para colonizar rápidamente nuevos espacios y formar zonas dominadas por la especie. Allí donde se establece, puede dificultar la regeneración de otras plantas y modificar la estructura de los bosques.

La magnitud de su expansión es considerable. Las estimaciones recogidas en la investigación sitúan su presencia en alrededor de 475.000 hectáreas de Hawái, una superficie que hace especialmente complicado recurrir únicamente a métodos convencionales para eliminar los ejemplares.

Además, muchas de las zonas afectadas se encuentran en terrenos forestales de difícil acceso. Retirar los árboles de forma manual requiere mucho tiempo y desplazamientos por áreas en las que la vegetación y el relieve dificultan el trabajo.

Por eso, el objetivo de los investigadores no es necesariamente eliminar cada árbol de forma individual, sino reducir la capacidad de expansión de la especie mediante un método de control biológico que pueda aplicarse a gran escala.

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El insecto brasileño que puede debilitar al guayabo de fresa

Una de las herramientas utilizadas para conseguirlo es Tectococcus ovatus, un pequeño insecto originario de Brasil que está especializado en alimentarse del guayabo de fresa.

El insecto se desarrolla sobre las hojas jóvenes de la planta y provoca la aparición de pequeñas estructuras conocidas como agallas. Estas alteraciones afectan al crecimiento de los nuevos brotes y pueden reducir el vigor del árbol.

El uso de este insecto forma parte de una estrategia de control biológico, es decir, aprovechar un organismo que interactúa de forma natural con la especie invasora para intentar limitar su expansión.

En Hawái, el agente fue aprobado para este propósito en 2012 después de los estudios necesarios para evaluar su comportamiento. La idea es que, una vez introducido en las poblaciones de guayabo de fresa, pueda establecerse y propagarse entre los propios árboles.

Los resultados obtenidos hasta ahora muestran que el insecto puede extenderse por las zonas tratadas. Sin embargo, el gran desafío está en conseguir llevarlo hasta suficientes ejemplares de una especie que ocupa cientos de miles de hectáreas.

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Imagen: Wikimedia Commons / Forest and Kim Starr

Los drones llevan los insectos hasta las zonas más inaccesibles

Aquí es donde entra en juego la tecnología. Según un estudio publicado en la revista científica Journal of Economic Entomology, un equipo de investigadores estadounidenses fue un paso más allá y usó drones para mejorar el sistema de control biológico con este insecto. Esta es una alternativa destinada a facilitar el tratamiento de los árboles situados en zonas de difícil acceso.

En uno de los ensayos, los investigadores compararon la aplicación mediante drones con el procedimiento manual. Aunque el método terrestre consiguió colocar las unidades en un porcentaje ligeramente superior de los árboles, el dron fue mucho más rápido.

El tratamiento de cada árbol necesitó aproximadamente 2,8 minutos mediante el dron, frente a unos 12 minutos con el método manual. Esto supone una reducción del tiempo de alrededor del 77 %.

La velocidad es especialmente importante cuando se pretende actuar sobre superficies tan extensas como las ocupadas por el guayabo de fresa. Un sistema capaz de cubrir más árboles en menos tiempo puede facilitar que el insecto se distribuya por zonas donde el acceso a pie resulta complicado.

Además, las pruebas mostraron que los insectos podían establecerse en los árboles tratados desde el aire. Al cabo de 12 meses, el 63 % de los ejemplares tratados mediante el sistema con drones presentaba colonización del insecto, frente al 38 % de los árboles tratados manualmente.

Una estrategia para intentar controlar cientos de miles de hectáreas

Los investigadores también han estudiado cómo ampliar el sistema para que los drones puedan transportar un mayor número de unidades en cada vuelo. En las pruebas se utilizaron dispositivos capaces de transportar conjuntos de 16 y 54 unidades.

El sistema aéreo también se comparó con el lanzamiento desde helicópteros. En este caso, los drones ofrecieron una ventaja relacionada con la precisión: la distancia respecto al punto previsto fue mucho menor que con el helicóptero.

Esto resulta relevante porque el objetivo es conseguir que el insecto de control biológico llegue a los árboles adecuados y pueda establecerse en nuevas zonas.

Aun así, los investigadores no plantean los drones y los insectos como una solución inmediata para acabar con el problema. El propósito es disponer de una herramienta que permita reducir la expansión del guayabo de fresa y limitar su impacto sobre los bosques nativos de Hawái.

La historia de esta especie refleja así cómo una planta introducida hace 200 años para proporcionar alimento puede terminar convirtiéndose en un problema ecológico de gran escala. Ahora, la combinación de control biológico y tecnología aérea busca devolver el equilibrio a unos bosques en los que aquel árbol encontró unas condiciones demasiado favorables para prosperar.

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