En 1982 reintrodujeron 28 asnos salvajes en el desierto: 40 años después han transformado el ecosistema de forma natural
En 1982, 28 asnos salvajes fueron reintroducidos en el desierto del Néguev, concretamente en la zona del cráter Ramón. Más de 40 años después, aquellos animales han dejado descendencia y su regreso ha tenido efectos que van mucho más allá de recuperar una especie que había desaparecido de la zona.
Estos grandes herbívoros desempeñan ahora un papel dentro del ecosistema y benefician a otras especies: al desplazarse y alimentarse contribuyen a la dispersión de semillas y, cuando buscan agua, pueden excavar en los cauces secos hasta encontrarla. De esta forma, crean pequeños puntos de agua que también pueden ser aprovechados por otros animales.
De 28 asnos salvajes a una población que volvió a ocupar el desierto
El asno salvaje asiático (Equus hemionus) fue desapareciendo de distintas zonas de Oriente Próximo durante el siglo XX debido, entre otros factores, a la caza y a la transformación de su hábitat. En el caso del Néguev, la especie había desaparecido de la región y los proyectos de conservación buscaron recuperar una población viable.
En 1982 comenzó la reintroducción en el área de Makhtesh Ramon, conocida también como el cráter Ramón. Los primeros ejemplares fueron dejados en libertad después de que los programas de conservación consiguieran disponer de animales suficientes para iniciar una nueva población.
La reintroducción comenzó con un grupo de 14 machos y 14 hembras, liberados entre 1982 y 1987 en Ein Saharonim, dentro de Makhtesh Ramon. Estos 28 ejemplares fueron la base de una población que comenzó a reproducirse y a extenderse posteriormente por otras zonas del desierto.
El proyecto tuvo éxito y los asnos comenzaron a reproducirse en el medio natural. Estudios posteriores documentaron un crecimiento sostenido de la población y una expansión progresiva por otras zonas áridas del Néguev.
La recuperación no consistió simplemente en aumentar el número de animales. Con el tiempo, los investigadores observaron que la presencia de estos herbívoros también podía tener consecuencias sobre el propio funcionamiento del ecosistema.
Los asnos excavan en el desierto y crean puntos de agua para otros animales
En un entorno tan árido, encontrar agua puede marcar la diferencia para la supervivencia de numerosas especies. Los asnos salvajes tienen una capacidad especialmente llamativa para localizarla: excavan con sus pezuñas en los cauces secos hasta alcanzar el agua subterránea, creando pequeños puntos de agua que pueden quedar disponibles para otros animales del desierto que no tienen la misma capacidad para excavar. Gacelas, zorros, aves y pequeños mamíferos pueden beneficiarse de estos recursos cuando las condiciones son especialmente secas. Por eso, su actividad puede tener un efecto que va mucho más allá de sus propias necesidades.
Además, el efecto va más allá del agua. Al remover el suelo, estos équidos modifican pequeñas zonas del terreno y pueden favorecer que la humedad permanezca durante más tiempo después de las lluvias. En un ambiente donde cada pequeña reserva de agua puede marcar una diferencia, estas modificaciones pueden tener consecuencias para otras especies.
Por eso se utiliza el concepto de “ingenieros del ecosistema” para describir a animales capaces de modificar físicamente su entorno y generar recursos que posteriormente aprovechan otros organismos.
También ayudan a dispersar las semillas por el desierto
La alimentación de los asnos es otro de los mecanismos que puede explicar su influencia sobre la vegetación del desierto.
Entre las plantas presentes en el Néguev se encuentran las acacias, árboles especialmente importantes en estos ambientes áridos. Sus frutos y vainas forman parte de la alimentación de distintos herbívoros y sus semillas pueden desplazarse grandes distancias a través de los animales que las consumen.
Cuando un asno ingiere frutos y posteriormente se desplaza por el desierto, puede transportar las semillas hasta lugares alejados de la planta original. Algunas terminan siendo expulsadas junto con las heces, lo que proporciona materia orgánica y puede favorecer su establecimiento cuando las condiciones de humedad son adecuadas.
Este proceso convierte a los grandes herbívoros en importantes agentes de dispersión de semillas. No significa que los asnos hayan convertido por sí solos un desierto en un bosque, pero sí que su presencia puede contribuir a modificar la distribución de algunas plantas y a mantener determinados procesos ecológicos.
De hecho, investigaciones realizadas en el cráter Ramón han estudiado durante años el efecto del pastoreo de estos animales sobre las comunidades vegetales. Los resultados muestran que su impacto sobre la vegetación no puede resumirse simplemente como una “reforestación” y que los efectos dependen de las condiciones concretas del ecosistema.
Más de 40 años después, su regreso sigue cambiando el ecosistema
La reintroducción de los asnos salvajes ha terminado convirtiéndose en un ejemplo llamativo de cómo recuperar una especie puede tener consecuencias que van mucho más allá de aumentar su población.
Los animales se han expandido desde las zonas iniciales de liberación hacia otras áreas del Néguev y han conseguido sobrevivir en uno de los ambientes más secos y extremos de la región. Investigaciones recientes estiman que la población supera actualmente los 300 ejemplares, aunque las cifras pueden variar según el área y el método utilizado para realizar el seguimiento.
Su actividad cotidiana también deja una huella sobre el paisaje: excavan para conseguir agua, consumen vegetación, transportan semillas y generan recursos que pueden ser utilizados por otros animales.
El caso del cráter Ramón recuerda así que la recuperación de una especie no termina necesariamente cuando los animales vuelven a reproducirse en libertad. En determinadas circunstancias, su regreso puede recuperar también algunas de las funciones ecológicas que desempeñaban antes de desaparecer.
Más de 40 años después de aquella primera liberación, los asnos salvajes del Néguev siguen siendo un ejemplo de cómo un animal puede convertirse, casi sin proponérselo, en uno de los protagonistas de la recuperación de su propio ecosistema.
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