En 1987 llevaron 30 bisontes a una pradera de Kansas: 29 años después, la riqueza de plantas autóctonas había aumentado un 103 %
Durante décadas, los científicos han estudiado qué ocurre cuando los grandes herbívoros vuelven a ocupar los ecosistemas en los que evolucionaron. En una pradera de Kansas, un experimento iniciado en 1987 ha dejado un resultado especialmente llamativo: la reintroducción de bisontes estuvo acompañada por un importante aumento de la diversidad de plantas autóctonas.
Todo comenzó cuando 30 bisontes fueron llevados a la Konza Prairie, una extensa pradera de hierbas altas situada en los Flint Hills, en el este de Kansas. Casi tres décadas después, las zonas sometidas a su pastoreo presentaban un 103 % más de especies de plantas autóctonas a escala local y un 86 % más a escala de cuenca que las áreas donde no había herbívoros.
El hallazgo muestra hasta qué punto la presencia de un gran herbívoro puede modificar un ecosistema y generar efectos que van mucho más allá del propio animal.
Una pradera donde los bisontes volvieron a formar parte del ecosistema
La Konza Prairie Biological Station es un área protegida de pradera nativa de hierbas altas y uno de los lugares de referencia para estudiar el funcionamiento de estos ecosistemas. Su programa de investigación a largo plazo analiza desde hace décadas cómo interactúan factores como el fuego, el pastoreo y el clima.
En 1987 se reintrodujeron bisontes en una parte de la pradera para estudiar precisamente qué consecuencias tenía su presencia. El objetivo no era únicamente observar a los animales, sino recuperar uno de los procesos ecológicos que históricamente habían caracterizado estas praderas.
Los bisontes americanos habían sido durante miles de años grandes herbívoros de las praderas de Norteamérica. Su desaparición de buena parte de estos ecosistemas modificó las relaciones entre los animales, la vegetación y el paisaje.
En Konza, los investigadores pudieron comparar durante años zonas sometidas al pastoreo de bisontes con otras sin pastoreo y con áreas donde pastaba ganado doméstico. El diseño a largo plazo permitió observar cambios que difícilmente podrían detectarse en un experimento de unos pocos años.
El pastoreo de los bisontes cambió la diversidad de plantas
El resultado más llamativo apareció después de casi tres décadas de seguimiento.
Frente a las zonas sin pastoreo, la riqueza de especies vegetales autóctonas aumentó un 103 % en parcelas de pequeña escala, de unos 10 metros cuadrados. Cuando los investigadores analizaron superficies mayores, correspondientes a las cuencas estudiadas, el incremento alcanzó el 86 %.
La explicación tiene que ver con la forma en que el pastoreo modifica la competencia entre plantas.
Los bisontes consumen grandes cantidades de vegetación y reducen la dominancia de algunas de las especies de gramíneas más abundantes. Al disminuir esa dominancia, otras plantas encuentran oportunidades para crecer y establecerse.
De esta manera, el pastoreo no provoca simplemente una reducción de la vegetación. En determinadas condiciones, puede generar un mosaico de zonas con distinta intensidad de consumo que favorece la coexistencia de más especies.
Los investigadores observaron precisamente una menor cobertura conjunta de las cuatro especies de gramíneas dominantes en las zonas pastoreadas por bisontes y un aumento de la presencia de plantas herbáceas de hoja ancha.
Los bisontes tuvieron un efecto mayor que el ganado
Uno de los aspectos más interesantes del estudio fue que los investigadores no compararon únicamente zonas con y sin herbívoros. También analizaron qué ocurría cuando el pastoreo lo realizaba ganado doméstico.
El ganado también aumentó la riqueza de especies vegetales autóctonas respecto a las zonas sin pastoreo, pero el efecto fue considerablemente menor.
A escala de parcela, el aumento asociado al ganado fue del 41 %, frente al 103 % observado con los bisontes. A escala de cuenca, el incremento fue del 30 %, frente al 86 % registrado en las zonas pastoreadas por bisontes.
Esto sugiere que no basta con que exista un herbívoro para reproducir exactamente el funcionamiento de un ecosistema. El tipo de animal, su comportamiento y la forma en la que utiliza el paisaje también pueden influir en el resultado.
En este caso, la presencia de los bisontes estuvo asociada a una transformación más profunda de la comunidad vegetal que la observada con el ganado doméstico.
La diversidad vegetal resistió incluso una sequía extrema
El resultado adquiere todavía más interés cuando se tiene en cuenta la respuesta del ecosistema a los episodios climáticos extremos.
Durante el periodo de estudio se produjo una de las sequías más severas registradas en cuatro décadas en la región. A pesar de las condiciones adversas, los beneficios asociados a la presencia de los bisontes no desaparecieron: la diversidad vegetal mostró capacidad para recuperarse después del episodio.
Para los investigadores, esta resistencia es una de las claves del hallazgo. La reintroducción de grandes herbívoros autóctonos no solo estuvo relacionada con una mayor riqueza de plantas, sino también con una comunidad vegetal capaz de mantener esa ganancia de diversidad frente a un episodio climático extremo.
Esto resulta especialmente relevante en un contexto en el que las sequías y otros fenómenos climáticos extremos pueden convertirse en una presión cada vez mayor para los ecosistemas de pradera.
Una muestra del papel de los grandes herbívoros en la naturaleza
El caso de Konza Prairie ayuda a entender por qué la conservación de un ecosistema no consiste únicamente en proteger plantas o animales de manera aislada.
Los bisontes forman parte de una red ecológica en la que el comportamiento de un gran herbívoro puede modificar la vegetación y, con ello, las oportunidades disponibles para otras especies.
El estudio concluye que algunas praderas conservan un potencial para recuperar diversidad vegetal cuando vuelven a estar presentes los grandes herbívoros autóctonos que históricamente formaban parte de ellas. Los resultados también apuntan a que estos efectos pueden ser más intensos que los producidos por herbívoros domésticos.
En Konza Prairie, lo que comenzó en 1987 con la llegada de 30 bisontes acabó proporcionando casi tres décadas de datos sobre una relación fundamental: el regreso de un gran herbívoro puede cambiar la vegetación y favorecer una pradera más diversa y resistente.
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