El árbol ornamental que está ayudando a expandirse a la primera abeja invasora de Europa: es muy común en jardines y ciudades
Un árbol utilizado habitualmente para decorar calles, parques y jardines podría estar desempeñando un papel inesperado en la expansión de una especie de abeja llegada desde Asia. Se trata de la sófora, también conocida como falsa acacia del Japón, un árbol ornamental que puede encontrarse en numerosas ciudades españolas.
La relación ha sido estudiada por un equipo de investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), que ha analizado la distribución de este árbol y la de la abeja gigante de la resina (Megachile sculpturalis) en Cataluña. Sus resultados apuntan a que la presencia de la sófora puede facilitar que esta especie exótica encuentre alimento y consiga establecerse en nuevos territorios.
La sófora se ha convertido en un recurso clave para esta abeja gigante
La sófora (Styphnolobium japonicum) es un árbol originario de Asia que se utiliza desde hace décadas como especie ornamental en ciudades. Su presencia es especialmente importante en este caso porque florece durante el verano, justo cuando la abeja gigante de la resina está activa.
El árbol produce abundantes flores que proporcionan polen a los insectos. En su área de origen, la abeja utiliza distintas especies vegetales como fuente de alimento, pero fuera de Asia la situación es diferente. Los análisis realizados en diferentes zonas de Europa han encontrado que el polen de la sófora constituye una de sus principales fuentes de alimento y, en algunos estudios, incluso la fuente predominante.
El fenómeno también puede observarse en las ciudades catalanas. Según la UAB, Barcelona cuenta con unos 11.000 ejemplares de sófora y Viladecans con alrededor de 1.000. Esta elevada presencia convierte al árbol en un recurso especialmente accesible para una abeja que se concentra principalmente en entornos urbanos fuera de su área de origen.
Los investigadores analizaron 150 registros de la abeja y más de 21.000 registros de la sófora en Cataluña para comprobar hasta qué punto la presencia del árbol podía explicar la distribución del insecto.
La primera abeja invasora documentada en Europa llegó desde Asia
La protagonista de esta investigación es Megachile sculpturalis, conocida como abeja gigante de la resina. Es una especie originaria de Asia oriental y tiene un aspecto llamativo por su tamaño: puede alcanzar aproximadamente los 2 centímetros de longitud.
A diferencia de las abejas melíferas, no vive en grandes colonias. Es una abeja solitaria y las hembras construyen y ocupan sus propios nidos. La especie fue observada por primera vez fuera de su área de distribución natural en Estados Unidos en 1994 y llegó posteriormente a Europa. El primer registro europeo se produjo en Francia en 2008.
En la península ibérica fue detectada por primera vez en 2018, en varios puntos de Cataluña. Desde entonces se ha extendido por distintas zonas de Europa y actualmente está considerada una especie invasora, aunque los propios investigadores señalan que las evidencias sobre sus impactos ecológicos negativos todavía son preliminares.
Uno de los aspectos que más ha llamado la atención de los científicos es precisamente su preferencia por las ciudades. Fuera de Asia, la abeja aparece con frecuencia en entornos urbanos, donde puede encontrar lugares adecuados para anidar y, especialmente, abundantes recursos florales.
Dos especies exóticas que pueden favorecerse entre sí
La investigación publicada en Oikos plantea una interacción poco habitual entre una planta y un polinizador introducidos fuera de su área de distribución natural.
Los científicos compararon la presencia de la abeja con diferentes variables, entre ellas las condiciones climáticas y la disponibilidad de sófora. Los resultados indican que ambos factores influyen en la distribución de Megachile sculpturalis, pero la disponibilidad del árbol tiene una importancia al menos comparable a la adecuación climática. Además, los resultados sugieren que las condiciones climáticas pueden tener mayor importancia cuando la sófora está presente.
La explicación es relativamente sencilla: allí donde existe una cantidad suficiente de este árbol ornamental, la abeja dispone de un recurso alimenticio especialmente importante durante el periodo en el que está activa.
Los autores describen esta interacción como un posible “invasional meltdown”, un concepto utilizado para explicar situaciones en las que una especie no nativa facilita la expansión de otra especie también introducida. En este caso, una planta ornamental podría estar creando condiciones favorables para que una abeja exótica se establezca y avance por un territorio.
Esto no significa que la sófora sea la única responsable de la expansión de la abeja. El propio estudio contempla otros factores, como el clima y las vías de introducción relacionadas con la actividad humana.
El arbolado urbano puede tener consecuencias que no siempre se ven
El caso de la sófora plantea una cuestión más amplia sobre la manera en la que se diseñan las ciudades. Un árbol ornamental puede parecer una elección exclusivamente relacionada con la sombra, la estética o su capacidad para adaptarse a las condiciones urbanas, pero también forma parte de una red ecológica.
Cuando una especie vegetal exótica se planta de manera muy abundante, puede terminar proporcionando alimento o refugio a otros organismos que también han llegado desde lugares alejados. En determinadas circunstancias, esa interacción puede facilitar que una especie consiga establecerse.
Los investigadores de la UAB consideran que este tipo de relaciones deberían tenerse en cuenta a la hora de planificar el arbolado urbano y plantean dar mayor protagonismo a especies autóctonas en los procesos de restauración ecológica de las ciudades.
La cuestión resulta especialmente relevante en un momento en el que las ciudades europeas están tratando de aumentar sus espacios verdes y mejorar su biodiversidad. Plantar más árboles puede aportar numerosos beneficios, pero la elección de las especies también puede determinar qué organismos encuentran nuevas oportunidades para expandirse.
Por eso, el caso de la sófora y la abeja gigante de la resina no se limita a una relación curiosa entre un árbol y un insecto. También muestra cómo una decisión aparentemente sencilla, como elegir una especie ornamental para una calle o un jardín, puede acabar teniendo consecuencias ecológicas mucho más amplias de lo esperado.
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