Ecosistemas

En 1998 cubrieron un terreno degradado con 12.000 toneladas de cáscaras de naranja: 16 años después era un bosque

 
Germán Portillo
Por Germán Portillo, Ambientólogo. 18 septiembre 2026
En 1998 cubrieron un terreno degradado con 12.000 toneladas de cáscaras de naranja: 16 años después era un bosque
Imagen: Daniel Janzen y Winnie Hallwachs
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En 1998, unas 12.000 toneladas de cáscaras y pulpa de naranja fueron utilizadas para cubrir un terreno degradado en Costa Rica. La parcela, que había sido utilizada durante años como pastizal para el ganado, tenía un suelo compacto, rocoso y pobre en nutrientes.

Lo que ocurrió después llamó la atención de los investigadores. Cuando regresaron 16 años más tarde, el terreno había cambiado por completo: donde antes predominaban los pastos y el suelo expuesto había crecido una vegetación mucho más abundante, con una mayor diversidad de árboles.

El estudio publicado posteriormente en Restoration Ecology calculó un 176 % más de biomasa leñosa aérea en la parcela tratada con los residuos de naranja que en otra cercana que no había recibido este aporte.

Cómo comenzó el experimento de las cáscaras de naranja

A finales de la década de 1990, los ecólogos Daniel Janzen y Winnie Hallwachs buscaban una forma de recuperar un terreno degradado por años de actividad ganadera en Costa Rica. El suelo había perdido buena parte de su capacidad para sostener vegetación, por lo que los investigadores plantearon una idea poco habitual: utilizar residuos de la industria del zumo como fuente de materia orgánica.

En 1998 llegaron a un acuerdo con una empresa dedicada al procesamiento de naranjas para depositar los residuos de su producción sobre unas tres hectáreas del terreno. En total, se trasladaron alrededor de 12.000 toneladas de cáscaras y pulpa de naranja, que quedaron extendidas sobre la superficie.

El planteamiento era sencillo. En lugar de tratar estos restos como un residuo que debía desecharse, se aprovecharían para enriquecer un suelo deteriorado. Al descomponerse, la materia orgánica podía aportar nutrientes al terreno y crear unas condiciones más favorables para que la vegetación comenzara a recuperarse.

El experimento, sin embargo, no continuó como estaba previsto. Poco después de comenzar, una disputa entre empresas del sector llevó el caso a los tribunales y el proyecto fue interrumpido. La parcela quedó prácticamente abandonada durante años, sin que los investigadores pudieran seguir de cerca su evolución.

Lo que ocurrió durante ese tiempo convertiría aquel experimento en un caso especialmente llamativo de restauración ecológica. Cuando los científicos regresaron al lugar en 2013, el terreno había cambiado hasta tal punto que apenas podían reconocerlo.

En 1998 cubrieron un terreno degradado con 12.000 toneladas de cáscaras de naranja: 16 años después era un bosque - Cómo comenzó el experimento de las cáscaras de naranja
Imagen: Daniel Janzen y Winnie Hallwachs

Las cáscaras empezaron a transformar el suelo

Las 12.000 toneladas de cáscaras y pulpa de naranja comenzaron a degradarse de forma natural. Durante ese proceso, la materia orgánica fue incorporándose al suelo y aportando nutrientes, al tiempo que se modificaban progresivamente sus características.

El material depositado también favoreció unas condiciones más apropiadas para la actividad de microorganismos y otros organismos del suelo. A medida que los residuos se descomponían, el terreno disponía de una mayor cantidad de materia orgánica y podía retener mejor la humedad.

La enorme cantidad de residuos tuvo además otro efecto importante. La gruesa capa de cáscaras y pulpa cubrió buena parte de la vegetación que dominaba inicialmente la parcela, reduciendo durante un tiempo la competencia por el espacio y los recursos disponibles.

Con el paso de los años, la descomposición de los residuos fue dejando atrás un suelo diferente al que había recibido el tratamiento. Las nuevas condiciones facilitaron que distintas especies vegetales pudieran establecerse y que la regeneración natural avanzara.

El contraste quedó especialmente claro cuando los investigadores compararon la parcela tratada con otra cercana que no había recibido los residuos. En esta última, el paisaje continuaba dominado en gran medida por los pastos y el suelo expuesto, mientras que la zona tratada presentaba una vegetación mucho más abundante.

En 1998 cubrieron un terreno degradado con 12.000 toneladas de cáscaras de naranja: 16 años después era un bosque - Las cáscaras empezaron a transformar el suelo
Imagen: Imagen: Daniel Janzen y Winnie Hallwachs

16 años después, había un 176 % más de biomasa

Cuando los investigadores regresaron al terreno en 2013, habían pasado unos 16 años desde la aplicación de los residuos. La diferencia entre las dos parcelas era entonces especialmente evidente.

La zona donde se habían depositado las cáscaras y la pulpa de naranja presentaba una mayor cantidad de vegetación leñosa y una comunidad de árboles más diversa que la parcela utilizada como control.

Las mediciones realizadas durante la investigación calcularon un 176 % más de biomasa leñosa aérea en el área tratada con los residuos. También se registró una mayor riqueza de especies vegetales leñosas, hasta el punto de que los investigadores describieron una recuperación considerable de la vegetación en comparación con la parcela que no había recibido el aporte de materia orgánica.

Uno de los aspectos más llamativos del caso es que la recuperación no se produjo mediante una plantación convencional. No fue necesario introducir árboles uno por uno para que la vegetación avanzara. Una vez modificadas las condiciones iniciales del terreno, el propio ecosistema fue desarrollándose durante los años siguientes.

El resultado mostró así el potencial que puede tener el aprovechamiento de determinados residuos orgánicos en proyectos de restauración ecológica cuando se dan unas condiciones adecuadas.

En 1998 cubrieron un terreno degradado con 12.000 toneladas de cáscaras de naranja: 16 años después era un bosque - 16 años después, había un 176 % más de biomasa
Imagen: Daniel Janzen y Winnie Hallwachs

Un caso de restauración que no sirve para cualquier terreno

El caso de Costa Rica dejó una conclusión que va más allá de las propias cáscaras de naranja. Algunos residuos orgánicos pueden desempeñar un papel importante en la recuperación de terrenos que han perdido buena parte de su vegetación, especialmente cuando aportan grandes cantidades de materia orgánica a suelos muy degradados.

En este experimento, la descomposición de las cáscaras y la pulpa aportó nutrientes y materia orgánica al suelo y contribuyó a crear unas condiciones favorables para que la vegetación comenzara a regenerarse de forma natural.

Sin embargo, el resultado no significa que cubrir cualquier terreno con residuos de la industria alimentaria vaya a producir el mismo efecto. Las características del suelo, el clima, las especies presentes, el grado de degradación y la cantidad y composición de los residuos son factores que pueden cambiar por completo el resultado.

Por eso, los propios investigadores plantearon el experimento como un caso concreto de restauración ecológica y no como una fórmula universal. En este terreno de Costa Rica, 12.000 toneladas de residuos que iban a ser desechados terminaron formando parte de un proceso de recuperación que, 16 años después, había transformado por completo el paisaje.

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