De 11 explotaciones ganaderas a una reserva de 27.000 hectáreas: el proyecto que logró devolver elefantes, rinocerontes y grandes depredadores a Sudáfrica
Durante décadas, el paisaje del Great Karoo, en Sudáfrica, perdió buena parte de la fauna que había formado parte de sus ecosistemas. La caza, la expansión de la ganadería y otras actividades humanas hicieron desaparecer de la zona animales como los elefantes, los rinocerontes negros y los grandes depredadores. Pero un proyecto iniciado en 1997 ha conseguido cambiar progresivamente esta situación.
Ese año, Sarah y Mark Tompkins comenzaron a reunir antiguas explotaciones ganaderas para recuperar un territorio que había perdido buena parte de su biodiversidad. Con el tiempo llegaron a agrupar 11 fincas que suman unas 27.000 hectáreas, dando forma a Samara Karoo Reserve, una de las iniciativas privadas de restauración ecológica más destacadas de esta región de Sudáfrica.
Lo que ocurrió después no consistió únicamente en crear un espacio protegido. El proyecto comenzó por recuperar el propio terreno y, una vez que el ecosistema empezó a responder, fueron regresando algunas de las especies que habían desaparecido del Great Karoo.
Primero tuvieron que recuperar un paisaje muy degradado
Cuando comenzó el proyecto, algunas de las antiguas explotaciones que actualmente forman Samara estaban muy degradadas. La actividad ganadera había ejercido una fuerte presión sobre el terreno, por lo que uno de los primeros pasos fue retirar las ovejas y las cabras y dejar descansar la tierra.
También se eliminaron plantas invasoras y se desmontaron las vallas que dividían las antiguas propiedades. El terreno permaneció en reposo durante casi una década antes de comenzar un programa más ambicioso de rehabilitación y recuperación de la fauna.
La estrategia siguió un orden concreto. Antes de introducir grandes depredadores era necesario reconstruir la base del ecosistema. Por eso primero se recuperaron las poblaciones de herbívoros, entre ellos elands, gacelas, cebras de montaña, jirafas, búfalos y rinocerontes blancos.
La idea era recuperar poco a poco las diferentes piezas de un ecosistema que había quedado fragmentado.
El guepardo volvió después de 130 años y los rinocerontes negros también regresaron
Uno de los primeros grandes hitos llegó a comienzos de los años 2000. En 2003 se reintrodujo el primer guepardo, después de unos 130 años de ausencia en la región. La propia reserva señala que la población actual de estos felinos tiene buena parte de su origen en aquellos primeros ejemplares.
Entre los animales más conocidos de esta etapa estuvo Sibella, una hembra de guepardo que llegó a Samara y cuya descendencia contribuyó posteriormente a la expansión de la especie en otros espacios de conservación de Sudáfrica.
En 2013 llegó otro paso importante: Samara se convirtió en una de las pocas reservas privadas sudafricanas que habían reintroducido el rinoceronte negro adaptado a ambientes desérticos, una subespecie considerada en peligro crítico. La reserva señala que en aquel momento quedaban menos de 5.000 ejemplares en todo el mundo.
Así, la recuperación no se limitó a aumentar el número de animales. El objetivo era volver a establecer las relaciones ecológicas que habían existido en el territorio.
Los elefantes regresaron en 2017 tras unos 150 años de ausencia
Uno de los momentos más llamativos de esta transformación se produjo en 2017, cuando un pequeño grupo familiar de elefantes fue trasladado hasta Samara.
Según la reserva, estos grandes herbívoros llevaban aproximadamente 150 años ausentes del paisaje. Su llegada tenía además un significado ecológico: los elefantes no son únicamente una especie que ocupa un territorio, sino que pueden modificar físicamente el entorno y actuar como auténticos ingenieros del ecosistema.
Aquel primer grupo fue ampliado posteriormente con la llegada de dos machos adultos en 2018. La operación se realizó con la colaboración de organizaciones de conservación y se siguieron los movimientos de los animales para controlar su adaptación al nuevo territorio.
La presencia de los elefantes permitió recuperar procesos ecológicos que habían desaparecido junto con ellos. Su alimentación y desplazamientos modifican la vegetación y generan nuevas oportunidades para otras especies.
Después volvieron los leones y un gran depredador regresó por sus propios medios
El siguiente gran paso llegó con los leones. En 2019, la reserva incorporó estos grandes depredadores para recuperar también la función ecológica que habían desempeñado en el pasado. Según Samara, los leones habían desaparecido de la región aproximadamente 180 años antes.
Su regreso completó la presencia de varias de las especies más emblemáticas del continente y permitió que Samara se convirtiera en un espacio donde están presentes los llamados Big Five: elefante, rinoceronte, búfalo, león y leopardo.
Pero el caso del leopardo resulta especialmente interesante porque no fue necesario reintroducirlo. La reserva documentó por primera vez su presencia en 2021 y el seguimiento mediante cámaras trampa y rastreo confirmó posteriormente que estos felinos habían regresado por sus propios medios.
Es uno de los indicios más significativos de que la restauración del hábitat no se limita a los animales que los responsables del proyecto trasladan hasta allí.
Más de 60 especies de mamíferos viven ahora en la reserva
Casi tres décadas después del comienzo del proyecto, el paisaje de Samara es muy diferente al que encontraron los Tompkins en 1997. Actualmente, la reserva registra más de 60 especies de mamíferos y 225 especies de aves, con grandes manadas de antílopes y presencia de elefantes, rinocerontes, guepardos, leones y leopardos.
El proyecto, además, no se plantea como una actuación aislada. Sus responsables tienen una visión más amplia: conectar Samara con otros espacios protegidos mediante corredores ecológicos para crear un territorio continuo que permita el movimiento de la fauna y contribuya a conservar el Great Karoo a una escala mucho mayor.
La historia de estas 27.000 hectáreas muestra así una de las claves del llamado rewilding: recuperar una especie puede ser importante, pero restaurar el terreno y las relaciones entre animales, vegetación y paisaje puede permitir que, con el tiempo, otras especies vuelvan a ocupar un territorio que habían abandonado hacía décadas o incluso siglos.
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