Si tus plantas están secas y amarillas después del verano, haz esto en septiembre para recuperarlas
Después de varios meses de calor, sol intenso y cambios en el riego, es habitual que algunas plantas lleguen a septiembre con un aspecto bastante peor que al comienzo del verano. Hojas secas o amarillas, bordes quemados, tallos debilitados o un crecimiento prácticamente detenido son algunas de las señales más frecuentes.
Sin embargo, que una planta tenga mal aspecto después del verano no significa necesariamente que esté perdida. Con la llegada de septiembre, las temperaturas empiezan a suavizarse y muchas plantas tienen mejores condiciones para recuperarse del estrés sufrido durante los meses más calurosos.
Antes de darla por perdida, conviene revisar qué ha ocurrido y hacer algunos cambios en sus cuidados.
Primero descubre qué le ha pasado antes de intentar recuperarla
El primer paso no es regar más, podar ni echar fertilizante, sino averiguar por qué la planta está dañada. Una misma señal puede tener causas diferentes.
Las hojas amarillas, por ejemplo, pueden aparecer tanto por un exceso de agua como por otros problemas. Las hojas secas y quebradizas suelen relacionarse con falta de agua o calor excesivo, mientras que unas manchas marrones o zonas blanquecinas pueden ser consecuencia de una exposición solar demasiado intensa.
También hay que observar el sustrato. Si permanece húmedo durante mucho tiempo, puede existir un problema de exceso de riego, especialmente en plantas cultivadas en maceta. Si, por el contrario, está completamente seco y se ha separado de las paredes del recipiente, probablemente haya sufrido falta de agua.
No conviene aplicar el mismo tratamiento a todas las plantas dañadas por el verano. Primero hay que identificar el problema y después corregirlo.
Retira lo que ya no puede recuperarse y deja espacio para los nuevos brotes
Una vez localizado el problema, toca eliminar las partes que ya están completamente secas o muertas. Puedes retirar hojas totalmente secas y tallos que hayan perdido por completo su vitalidad.
Pero hay una diferencia importante entre una parte muerta y una que simplemente está dañada. Una hoja amarillenta o parcialmente quemada no tiene por qué cortarse inmediatamente, ya que todavía puede conservar tejido funcional.
En los tallos, una forma sencilla de comprobar su estado es observar si siguen firmes y presentan tejido vivo al hacer un corte limpio en una zona dudosa. Si todo el tallo está seco, entonces sí conviene eliminarlo.
Esta limpieza permite que la planta concentre sus recursos en las partes que todavía están vivas y facilita además comprobar si aparecen nuevos brotes durante las próximas semanas.
Ajusta el riego: ya no necesita lo mismo que en pleno verano
Con septiembre llega otro cambio importante: las necesidades de agua empiezan a ser diferentes a las de julio y agosto.
A medida que bajan las temperaturas, la evaporación disminuye y algunas plantas necesitan menos agua. Por eso no conviene mantener automáticamente la misma frecuencia de riego que durante los periodos de calor más intenso.
Eso sí, una planta debilitada tampoco debería pasar bruscamente de recibir mucha agua a sufrir sequía. Lo adecuado es comprobar la humedad del sustrato y adaptar el riego a cada especie, su ubicación y la meteorología.
También es importante evitar dejar agua acumulada en platos o recipientes, especialmente si la planta está en maceta y el drenaje es deficiente.
Si el sol la ha castigado, busca un lugar más adecuado
Algunas plantas llegan a septiembre con hojas quemadas porque han soportado durante semanas una exposición solar demasiado intensa para ellas.
En estos casos, cambiar ligeramente su ubicación puede ser una de las mejores medidas. Una planta que ha sufrido por el sol de las horas centrales puede beneficiarse de una zona de semisombra o de una ubicación donde reciba luz pero quede protegida durante las horas de mayor radiación.
Esto resulta especialmente importante en plantas cultivadas en maceta, porque pueden trasladarse con facilidad.
No obstante, tampoco conviene llevar una planta de golpe desde el exterior a un rincón completamente oscuro. Lo ideal es adaptar progresivamente sus condiciones y mantener una iluminación suficiente para la especie.
Septiembre puede ser buen momento para renovar el sustrato, pero no siempre para trasplantar
Si la planta lleva mucho tiempo en la misma maceta, el sustrato está muy deteriorado o las raíces han ocupado prácticamente todo el recipiente, septiembre puede ser un momento interesante para valorar un trasplante, especialmente cuando las temperaturas ya no son extremas.
También puede ser suficiente con renovar parte de la capa superior del sustrato si no existe un problema importante de raíces.
En cuanto al abonado, hay que actuar con precaución. Una planta muy estresada, con raíces dañadas o deshidratada no necesariamente se recuperará antes por recibir más fertilizante. Primero hay que corregir el problema que está provocando su deterioro.
Cuando la planta vuelva a mostrar signos de crecimiento y las condiciones sean adecuadas, entonces puede valorarse un aporte de nutrientes adaptado a sus necesidades.
Revisa las hojas porque después del verano también pueden aparecer plagas
El estrés sufrido durante el verano puede coincidir además con la aparición de cochinillas, pulgones, araña roja u otras plagas.
Por eso conviene revisar cuidadosamente las hojas, especialmente por el envés, además de los tallos y los brotes nuevos.
Busca pequeños insectos, telarañas muy finas, manchas, melaza pegajosa o deformaciones en las hojas. También es importante observar si el problema afecta a una sola planta o se está extendiendo a otras cercanas.
Detectar una plaga al principio facilita mucho su control. Si no se encuentra ninguna, no tiene sentido aplicar tratamientos de forma preventiva sin conocer el problema.
Estas son las señales que indican que tu planta empieza a recuperarse
Una de las dudas más habituales después de intentar recuperar una planta es saber cómo comprobar si realmente está mejorando.
La señal más evidente suele ser la aparición de nuevos brotes u hojas nuevas. También es positivo que los tallos que todavía estaban vivos se mantengan firmes y que la planta deje de perder hojas progresivamente.
En algunas especies, la recuperación puede ser lenta y no producirse inmediatamente después de modificar sus cuidados. Por eso conviene darle tiempo y observar su evolución durante las siguientes semanas.
Si aparecen nuevos brotes, el color de las hojas mejora y la planta recupera poco a poco su crecimiento, son buenas señales de que todavía tenía capacidad para recuperarse del verano.
Septiembre, por tanto, no es solo el momento de despedirse de las plantas que han sufrido durante el calor. También puede ser una buena oportunidad para corregir errores, mejorar sus condiciones y ayudar a que lleguen al otoño en mejores condiciones.
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