Un estudio alerta: los plásticos fósiles provocan un efecto dominó invisible en ríos y lagos
A simple vista, un lago puede parecer en calma, pero bajo su superficie se puede producir un desequilibrio silencioso. No lo causan peces grandes ni vertidos evidentes, sino fragmentos diminutos de plástico casi invisibles.
Un nuevo estudio revela que los microplásticos derivados del petróleo pueden alterar la base de la vida en ríos y lagos y desencadenar un efecto en cadena que favorece la proliferación de algas tóxicas. El problema no empieza donde solemos mirar… sino mucho más abajo.
El enemigo no siempre se ve
Durante años, la atención se ha centrado en la basura visible: botellas, bolsas o envases flotando. Pero los investigadores decidieron fijarse en lo que ocurre cuando esos residuos se rompen en partículas microscópicas.
Esos microplásticos no solo ensucian el agua, también interactúan con los seres vivos. Sirven de superficie para bacterias, modifican procesos químicos y afectan a organismos esenciales para el equilibrio del ecosistema.
En un nuevo estudio se usaron una serie de estanques experimentales al aire libre, científicos compararon plásticos convencionales derivados del petróleo con materiales biodegradables de origen biológico. Querían observar cómo influían en la red de vida microscópica. Los resultados encendieron las alarmas.
Cuando desaparecen los ''pastores'' del agua
En ríos y lagos existen animales diminutos que cumplen una función clave: el zooplancton. Entre ellos están los copépodos, pequeños crustáceos que se alimentan de algas. Son, en cierto modo, los pastores microscópicos del agua.
Cuando su población es estable, mantienen a raya el crecimiento de algas. Así ayudan a conservar la claridad del agua y el equilibrio del ecosistema.
En los estanques donde se añadieron plásticos fósiles, las poblaciones de zooplancton se desplomaron rápidamente, muchos individuos murieron. Otros redujeron de forma drástica su reproducción. Sin estos consumidores naturales, las algas encontraron vía libre para expandirse.
Scott Morton, primer autor del estudio, explicó: "El plástico derivado del petróleo pareció tener un fuerte efecto negativo en las poblaciones de zooplancton. Parecía que morían o reducían su reproducción muy rápidamente. El bioplástico no tuvo el mismo efecto. Eso repercute en cascada hasta las algas. En los tanques con plástico derivado del petróleo, al haber menos zooplancton consumiendo todas esas algas, hay más en el sistema y eso conduce a las proliferaciones de algas que observamos."
Ese ''efecto cascada'' es clave. No se trata solo de contaminación directa, sino de la eliminación de los organismos que mantienen el control biológico.
Más algas, menos oxígeno y más riesgo
Cuando las algas crecen sin límite, las consecuencias van mucho más allá del color verdoso del agua. Algunas floraciones producen toxinas que afectan a peces, aves, mascotas y personas. Otras, al morir y descomponerse, consumen grandes cantidades de oxígeno. Eso puede generar zonas muertas donde muchas formas de vida no logran sobrevivir.
Las llamadas floraciones algales nocivas se han vuelto más frecuentes en distintas regiones del mundo. Hasta ahora, la explicación principal era el exceso de nutrientes procedentes de fertilizantes agrícolas, vertidos urbanos o aguas residuales.
Este nuevo estudio no descarta esa causa, sino que añade otra pieza al puzle. Sugiere que los microplásticos pueden intensificar el problema al debilitar a los organismos que controlan de forma natural a las algas. Como señalan los investigadores, "los microplásticos pueden inclinar el equilibrio de las condiciones a favor de las proliferaciones de algas".
No todos los plásticos se comportan igual
El estudio también ofrece un matiz importante: no todos los plásticos tuvieron el mismo impacto. En los estanques con plásticos biodegradables de origen biológico, los efectos fueron mucho más moderados. El zooplancton resistió mejor y las algas no se dispararon de la misma manera. El ecosistema seguía alterado, pero no colapsado.
Además, las comunidades de microorganismos que se formaron alrededor de estos plásticos fueron distintas y, en general, más diversas. Esto indica que el tipo de material influye en cómo se reorganiza la vida microscópica del agua.
Los científicos subrayan que ningún material fabricado por el ser humano es totalmente inocuo. Sin embargo, elegir alternativas con menor impacto podría reducir el riesgo de desencadenar desequilibrios graves en ríos y lagos.
Un mensaje que va más allá del laboratorio
Si estos resultados se repiten en entornos naturales, las implicaciones son importantes. La elección de materiales no solo influye mientras usamos un producto. También tiene consecuencias cuando ese objeto termina fragmentado en el medio ambiente.
Reducir la presencia de plásticos derivados del petróleo en ecosistemas acuáticos podría ayudar a proteger a esos diminutos "pastores" que mantienen a raya a las algas. Es una pieza más en el complejo rompecabezas de la crisis del agua.
El estudio también refuerza la necesidad de mejorar los sistemas de filtrado de microplásticos en plantas de tratamiento y de repensar normativas sobre envases y productos de un solo uso. Porque el mayor peligro no siempre flota a la vista. A veces, el problema es invisible y cuando se hace evidente, el efecto dominó ya está en marcha.
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Morton, S.G., Vucelic-Frick, G., Dickey, J.R. et al. Microplastic pollution induces algae blooms in experimental ponds but bioplastics are less harmful. Commun. Sustain. 1, 16 (2026). Disponible en: https://www.nature.com/articles/s44458-025-00014-6
