Argentina introdujo codornices de California hace más de 100 años y ahora llega hasta Santa Cruz mientras sigue expandiéndose por la Patagonia

 
Por Alejandro Lingenti. 20 octubre 2026

La codorniz de California (Callipepla californica) es una pequeña ave originaria de América del Norte que llegó a Argentina hace más de un siglo por intervención humana. Lo que comenzó como una serie de introducciones de ejemplares procedentes de Chile terminó convirtiéndose en un proceso de expansión que ha modificado su distribución geográfica.

Actualmente, esta especie exótica se encuentra establecida en distintas zonas de la Patagonia y su presencia ha sido documentada incluso en la provincia de Santa Cruz, mucho más al sur de los lugares donde comenzaron las primeras liberaciones.

Su historia constituye un ejemplo de cómo la introducción de animales fuera de su área de distribución natural puede tener consecuencias duraderas. Sin embargo, los investigadores advierten que todavía no se conoce suficientemente su impacto sobre los ecosistemas argentinos.

Así es la codorniz de California, el ave originaria de Norteamérica

La codorniz de California pertenece a la familia Odontophoridae, un grupo de aves galliformes americanas. Aunque comparte algunas características con las codornices de Europa, pertenece a una familia diferente.

Mide aproximadamente 20 centímetros de longitud y presenta un aspecto inconfundible gracias al penacho de plumas oscuras que sobresale de su cabeza.

Los machos tienen la garganta negra, el pecho gris azulado y unas marcas blancas muy visibles alrededor de la cara. Las hembras presentan colores pardos y grisáceos, que favorecen su camuflaje entre la vegetación.

Es una especie principalmente terrestre, adaptada a desplazarse corriendo entre los arbustos. Cuando se siente amenazada, puede emprender un vuelo breve, rápido y ruidoso.

Su alimentación se basa fundamentalmente en semillas y otros materiales vegetales, aunque también puede consumir pequeños invertebrados. Durante buena parte del año forma bandadas que buscan alimento y refugio entre la vegetación.

Según su ficha en el Sistema de Información de Biodiversidad de Parques Nacionales de Argentina, ocupa bosques de transición, estepas arbustivas y ambientes modificados por la actividad humana.

Las primeras liberaciones en Argentina no siempre tuvieron éxito

La historia de la codorniz de California en Sudamérica comenzó en Chile, donde fue introducida durante el siglo XIX. Una investigación publicada en 2023 en la revista científica Revista Chilena de Historia Natural reconstruyó las sucesivas introducciones y su expansión territorial.

El estudio señala que en 1920 se liberaron 25 parejas procedentes de Valparaíso en Las Heras, cerca de la ciudad argentina de Mendoza. Dos años después se introdujeron aproximadamente 4.000 ejemplares adicionales.

Aunque inicialmente consiguieron aclimatarse, aquellas poblaciones no lograron mantenerse. El último ejemplar silvestre conocido de Mendoza fue recolectado en 1956. El resultado fue diferente en Neuquén. En 1943 se liberaron diez parejas en una estancia situada junto al río Traful. Estas aves se reprodujeron y comenzaron a extenderse por los valles de los ríos Limay y Caleufú y hacia la cuenca del lago Nahuel Huapi. Posteriormente, otras liberaciones facilitaron su expansión hacia Río Negro y Chubut.

El proceso demuestra que el establecimiento de una especie introducida no depende únicamente de la cantidad de ejemplares liberados. También influyen las condiciones ambientales, la disponibilidad de alimento y la capacidad reproductiva.

De Neuquén a Santa Cruz: la expansión de la codorniz por la Patagonia

Aunque hoy no existe una estimación nacional suficientemente consolidada que permita establecer cuántas codornices de California viven en Argentina, su presencia no se limita a ejemplares aislados. La especie ha conseguido formar poblaciones reproductoras y puede ser común en determinadas zonas de la Patagonia.

El Sistema de Información de Biodiversidad argentino señala que sus poblaciones experimentan importantes fluctuaciones. Algunos años puede resultar abundante, mientras que los inviernos con nevadas intensas provocan descensos considerables, especialmente en áreas próximas a la cordillera.

La investigación científica publicada en 2023 documentó una distribución argentina que abarcaba aproximadamente 1.400 kilómetros entre sus registros extremos, aunque esa distancia no significa que ocupe de manera continua todo el territorio intermedio.

Uno de los acontecimientos más relevantes fue su llegada documentada a Santa Cruz. El 4 de febrero de 2022, los investigadores registraron dos ejemplares en El Portezuelo, en el noroeste de esa provincia. También encontraron numerosas huellas que sugerían la posible presencia de otros individuos.

El descubrimiento fue publicado en la revista científica Nuestras Aves, de Aves Argentinas, y constituyó el primer registro confirmado para Santa Cruz. Hasta entonces, el límite austral conocido de la especie en Argentina se situaba en Chubut.

No obstante, existe una incertidumbre importante: los ejemplares observados podrían proceder de poblaciones argentinas que avanzaron hacia el sur o haber llegado desde Chile. Por tanto, el registro demuestra una ampliación de su distribución conocida, pero no confirma por sí solo la existencia de una población reproductora estable en Santa Cruz.

Qué se sabe del impacto de esta ave exótica en la biodiversidad

La codorniz de California está reconocida oficialmente como especie exótica introducida en Argentina. Su presencia plantea interrogantes sobre las consecuencias de incorporar animales a ecosistemas donde no evolucionaron naturalmente.

Entre los posibles efectos que deben estudiarse se encuentran la competencia por recursos alimenticios, las interacciones con aves autóctonas y la transmisión de parásitos.

Pero sería incorrecto afirmar que la codorniz está provocando actualmente un daño ecológico generalizado en la Patagonia, porque las investigaciones disponibles todavía no permiten sostener esa conclusión. El estudio publicado en Revista Chilena de Historia Natural subraya precisamente la necesidad de investigar sus efectos sobre otras especies y determinar con mayor precisión su comportamiento como organismo introducido.

Los científicos también destacan que su historia ofrece una oportunidad para estudiar procesos de adaptación y cambios genéticos en poblaciones establecidas fuera de su territorio original.

Más de cien años después de las primeras liberaciones, la codorniz de California sigue siendo un ejemplo de las consecuencias a largo plazo de la introducción de especies exóticas. Su llegada hasta Santa Cruz, en Argentina, demuestra la capacidad de algunas aves para colonizar nuevos ambientes, pero también recuerda la importancia de vigilar estos procesos antes de que sus posibles efectos sobre la biodiversidad resulten difíciles de controlar.

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