En 1972, Florida arrojó hasta dos millones de neumáticos al mar para crear un arrecife y salió mal: 50 años después los siguen retirando
En 1972, frente a la costa de Fort Lauderdale, en Florida (Estados Unidos), se puso en marcha un proyecto que parecía resolver dos problemas al mismo tiempo: deshacerse de una enorme cantidad de neumáticos usados y crear un nuevo hábitat para peces y corales. Entre uno y dos millones de ruedas fueron depositadas en el océano para construir lo que se presentó como uno de los mayores arrecifes artificiales del mundo.
Más de medio siglo después, el llamado Osborne Reef se ha convertido en un ejemplo de los riesgos que entraña intervenir en los ecosistemas marinos sin conocer suficientemente sus posibles consecuencias. Los neumáticos no formaron el arrecife esperado. Muchos se soltaron, fueron desplazados por tormentas y huracanes y terminaron golpeando y dañando arrecifes naturales próximos.
El problema persiste actualmente. El Departamento de Protección Ambiental de Florida (DEP) mantiene un proyecto específico para retirar estos residuos y reconoce que la magnitud y complejidad de la operación han impedido resolverla durante décadas.
El plan parecía perfecto: convertir millones de neumáticos usados en un arrecife
La iniciativa surgió en una época en la que los arrecifes artificiales se contemplaban como una posible herramienta para generar hábitats marinos y atraer peces. Paralelamente, Estados Unidos acumulaba enormes cantidades de neumáticos usados cuya eliminación suponía un problema.
La organización Broward Artificial Reef impulsó entonces la construcción del Osborne Reef. Los neumáticos fueron agrupados y unidos mediante elementos como bandas de acero y cuerdas de nylon antes de ser depositados aproximadamente a una milla de la costa.
La idea era que esas estructuras permanecieran inmóviles y fueran progresivamente colonizadas por organismos marinos. El tiempo demostró que el planteamiento tenía un problema fundamental: los neumáticos no permanecían donde habían sido colocados.
Los neumáticos no se quedaron quietos: las tormentas los convirtieron en una amenaza para los corales
El propio Departamento de Protección Ambiental de Florida señala que muchos fueron movilizados por estos fenómenos meteorológicos y causaron daños en los arrecifes de coral cercanos.
Una investigación realizada por Stephanie C. Crawford, de la Universidad de Miami, también describió cómo el fallo de los clips de acero y las cuerdas permitió que las ruedas quedaran libres y acabaran afectando a los arrecifes naturales de los alrededores. El estudio puede consultarse en el repositorio de la Universidad de Miami.
El problema reside especialmente en su movilidad. A diferencia de estructuras pesadas y diseñadas específicamente para funcionar como arrecifes artificiales, un neumático puede desplazarse con el oleaje y las corrientes. Al hacerlo, puede chocar repetidamente contra corales y otros organismos fijados al sustrato.
El resultado fue paradójico: un proyecto pensado para favorecer la vida marina terminó convirtiéndose en una amenaza para ecosistemas que ya existían.
Sacar los neumáticos del mar se convirtió en una operación de décadas
Los trabajos importantes de recuperación no comenzaron hasta muchos años después. En 2006, el programa de residuos marinos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) financió un reconocimiento de la zona para estudiar cómo retirar y gestionar correctamente los neumáticos.
Posteriormente se desarrollaron programas piloto y participaron buzos de la Marina estadounidense. Desde 2015, el Departamento de Protección Ambiental de Florida mantiene operaciones de retirada mediante contratistas.
El procedimiento es laborioso. Un buzo reúne neumáticos en el fondo, estos son elevados mediante una grúa o cabrestante hasta una embarcación y, cuando el barco completa aproximadamente una carga de 300 unidades, regresa a Port Everglades. Desde allí se transportan hasta instalaciones autorizadas para su tratamiento. Las autoridades consideran este sistema uno de los menos destructivos para los hábitats próximos.
La limpieza presenta además una dificultad inesperada: algunos neumáticos sí han sido colonizados por corales. Antes de retirar esas ruedas es necesario rescatar los organismos. En uno de los programas recientes se extrajeron 700 corales, la mayoría de los cuales fueron trasladados a arrecifes naturales, mientras que otros se destinaron a investigaciones científicas.
Más de 500.000 neumáticos ya han sido retirados, pero el problema continúa
El Osborne Reef continúa siendo objeto de actuaciones. En septiembre de 2025, Florida formalizó un contrato por cinco millones de dólares para continuar retirando neumáticos situados tanto sobre arena como en zonas de arrecife y fondos duros. El contrato toma como referencia estudios mediante sonar realizados en 2019 y 2024.
A finales de 2025 se habían retirado 538.176 neumáticos desde el comienzo de la fase de limpieza gestionada mediante contratistas en 2015, mientras que todavía quedarían cientos de miles en el fondo.
El caso de Florida constituye así una advertencia sobre los proyectos de restauración ambiental basados únicamente en reutilizar residuos. Un arrecife artificial necesita materiales estables, un diseño adecuado y una evaluación previa de sus efectos físicos y ecológicos.
En Osborne Reef, una solución que hace más de 50 años prometía convertir basura en hábitat terminó generando un problema ambiental cuya reparación continúa en pleno siglo XXI.
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