Una familia protege para siempre su finca de 12 hectáreas: sus robles se han convertido en refugio de murciélagos, pavos y cientos de especies de orugas
Una finca relativamente pequeña puede adquirir un enorme valor ecológico cuando deja de ser una un lugar aislado y pasa a formar parte de un territorio protegido mucho mayor. Eso es, precisamente, lo que ha ocurrido en Buckingham Township, en el condado de Bucks, Pensilvania (Estados Unidos), donde Leah y Doug Beck han decidido garantizar la conservación permanente de una propiedad de unas 12 hectáreas, equivalentes a algo más de 12 hectáreas.
La familia ha establecido una servidumbre de conservación junto a la organización Heritage Conservancy. Este mecanismo limita permanentemente determinados usos y desarrollos de la propiedad aunque cambie de dueño. La finca se encuentra junto a la reserva Russell-Mandel y se integra así en aproximadamente 526 hectáreas de terrenos agrícolas y espacios naturales protegidos conectados.
4 hectáreas de robles que se han convertido en refugio para cientos de especies
Aproximadamente unas 4 hectáreas de la propiedad están cubiertas de bosque, con abundancia de robles (Quercus) y nogales americanos o hickories (Carya) maduros. Otras 7 hectáreas corresponden principalmente a pastos y terrenos agrícolas, por lo que la finca combina ambientes abiertos y forestales.
El valor de los robles va mucho más allá de su tamaño. Una investigación publicada en Nature Communications analizó las relaciones entre plantas y lepidópteros en 83 condados de Estados Unidos y comprobó que una proporción reducida de géneros vegetales sostiene a gran parte de las especies de mariposas y polillas. Quercus se encuentra entre esos géneros fundamentales.
Esto explica la referencia de Heritage Conservancy a los cientos de especies de orugas que pueden beneficiarse de estos árboles. Las orugas, además, constituyen alimento para numerosas aves, de manera que conservar árboles autóctonos puede tener efectos en diferentes niveles de la cadena alimentaria.
Otro estudio publicado en Biological Conservation encontró precisamente que las plantas nativas mantenían una biomasa de orugas mayor que las especies vegetales introducidas y que aves insectívoras, como el carbonero de Carolina, preferían alimentarse en ellas.
Los árboles maduros ofrecen también refugios y lugares de descanso para murciélagos. Heritage Conservancy menciona asimismo pavos salvajes y diferentes especies de aves entre la fauna favorecida por la conservación del bosque.
Las 12 hectáreas amplían un paisaje natural mucho mayor
La ubicación convierte estas 12 hectáreas en algo especialmente interesante. La propiedad está situada junto a Russell-Mandel Preserve, una reserva de unas 22 hectáreas, y amplía un conjunto de espacios protegidos que alcanza más de 530 hectáreas.
La ciencia de la conservación lleva décadas estudiando por qué mantener conexiones entre hábitats puede ser importante. Un metaanálisis publicado en Conservation Biology que examinó 78 experimentos concluyó que los corredores aumentaban aproximadamente un 50 % el movimiento de organismos entre fragmentos conectados frente a los no conectados.
Esto no significa que cualquier corredor beneficie de la misma manera a todas las especies. La respuesta depende del organismo, del paisaje y de la calidad del hábitat. Sí existe abundante evidencia de los problemas asociados a la pérdida de superficie natural y al aislamiento.
Un amplio estudio publicado en Science Advances encontró que el 70 % del bosque restante del planeta estaba situado a menos de un kilómetro de un borde y documentó importantes alteraciones de biodiversidad y funciones ecosistémicas relacionadas con la fragmentación.
Esta continuidad puede cobrar todavía más importancia a medida que cambia el clima. Muchas especies necesitan desplazarse para encontrar temperaturas, alimento y condiciones adecuadas, pero carreteras, urbanizaciones y terrenos intensamente transformados dificultan esos movimientos.
Mantener parcelas naturales conectadas amplía las posibles rutas de dispersión y permite que animales y plantas respondan mejor a cambios ambientales que pueden producirse durante las próximas décadas.
Un bosque que también protege el agua
Existe otra característica relevante en la finca de los Beck. Parte de sus árboles rodea un afluente que desemboca en Pidcock Creek. Mantener la vegetación en sus márgenes proporciona hábitat para aves, reptiles y anfibios y ayuda a retener sedimentos antes de que alcancen el agua, según Heritage Conservancy.
La conservación tampoco implica abandonar la actividad agrícola. Pensilvania cuenta con una extensa política de protección de tierras de cultivo mediante servidumbres: el programa estatal supera actualmente las 6.600 explotaciones y más de 267.000 hectáreas preservadas permanentemente.
El caso de los Beck muestra así una idea cada vez más importante en conservación: no todas las actuaciones decisivas necesitan abarcar enormes reservas naturales. Proteger una parcela estratégicamente situada puede evitar nuevas pérdidas de hábitat, conservar árboles maduros y, sobre todo, impedir que aparezca una ruptura dentro de un paisaje natural mucho mayor.
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