El Niño está cambiando el color del océano porque reduce el fitoplancton y amenaza la vida marina

 
Por Irene Juste, Editora Sénior. 31 octubre 2026
Imagen: NASA's Scientific Visualization Studio

El océano Pacífico está cambiando de color y las imágenes de satélite permiten observar cómo algunas zonas que antes mostraban tonalidades verdes se están volviendo más azules. Detrás de este cambio está El Niño de 2026, un fenómeno climático que está calentando las aguas y alterando las condiciones que necesita la vida marina para desarrollarse.

La NASA ha comparado imágenes del océano de 2025 y 2026 y ha detectado una reducción de la clorofila en determinadas regiones del Pacífico ecuatorial. Este pigmento, presente en la mayor parte del fitoplancton, permite estimar su abundancia y ayuda a explicar por qué está cambiando el aspecto de estas aguas.

El fenómeno no solo tiene consecuencias sobre la temperatura del mar. También puede alterar la disponibilidad de nutrientes y afectar a la cadena alimentaria marina, desde los organismos microscópicos hasta los animales que dependen de ellos para alimentarse.

El Niño está calentando el Pacífico y alterando las corrientes oceánicas

El Niño es un fenómeno climático natural que aparece de forma irregular, normalmente en un margen de tiempo de cada dos a siete años, y se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales de partes del Pacífico ecuatorial. Este proceso modifica la circulación del océano y de la atmósfera, con efectos que pueden extenderse a diferentes regiones del planeta.

En octubre de 2026, la NASA explicó que las observaciones por satélite muestran cómo el episodio actual está redistribuyendo el calor oceánico, modificando los vientos y elevando el nivel del mar en algunas zonas del Pacífico. La agencia también recogió las previsiones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), que apuntaban a la posibilidad de que se desarrollara el episodio más intenso desde 1950.

Una de las primeras señales del fenómeno apareció en enero, cuando los satélites detectaron una onda Kelvin cerca de Micronesia, en el Pacífico occidental. Estas ondas transportan grandes masas de agua cálida hacia el este y contribuyen a modificar las condiciones del océano.

A medida que el agua se calienta, también cambia la interacción entre el mar y la atmósfera. Los vientos alisios, que habitualmente soplan desde América hacia Asia en la región ecuatorial, pueden debilitarse o incluso invertirse. Esto favorece que el agua cálida se extienda hacia el Pacífico oriental y altera el funcionamiento habitual de las corrientes.

La NASA ha documentado estos cambios mediante imágenes satelitales de 2025 y 2026, que permiten comparar la temperatura de la superficie marina, la altura del océano y sus variaciones de color.

Imagen: NASA Earth Observatory images by Michala Garrison

Por qué el océano se está volviendo más azul

El cambio de color es una de las señales más llamativas del episodio actual. Para estudiarlo, los científicos utilizan el satélite PACE de la NASA, equipado con un instrumento capaz de analizar diferentes longitudes de onda de la luz que refleja el océano.

Los datos muestran que algunas zonas del Pacífico ecuatorial han perdido parte de sus tonalidades verdes y presentan colores más azules que en el mismo periodo de 2025. Esta variación está relacionada con la disminución del fitoplancton, un conjunto de organismos microscópicos que realizan la fotosíntesis y constituyen la base de numerosas redes alimentarias marinas.

El fitoplancton contiene pigmentos como la clorofila, que intervienen en la forma en que el agua absorbe y refleja la luz. Cuando estos organismos son abundantes, contribuyen a que determinadas regiones oceánicas presenten tonos más verdes. Si su concentración disminuye, el agua puede adquirir un aspecto más azul.

La comparación de las mediciones de junio de 2025 y junio de 2026 realizada por la NASA Earth Observatory muestra concentraciones de clorofila sustancialmente inferiores en partes del Pacífico central durante el desarrollo de El Niño.

La explicación está en el suministro de nutrientes. En condiciones habituales, los vientos favorecen el afloramiento, un proceso por el que las aguas profundas, más frías y ricas en nutrientes, ascienden hacia la superficie. Estos nutrientes alimentan el crecimiento del fitoplancton.

Sin embargo, durante El Niño, el debilitamiento de los vientos alisios y los cambios en la estructura del océano reducen ese aporte en determinadas zonas. Con menos nutrientes disponibles, el fitoplancton encuentra condiciones menos favorables para crecer y su abundancia puede disminuir.

Este mecanismo también ha sido observado por la Organización India de Investigación Espacial (ISRO), que detectó una reducción de la clorofila superficial en el Pacífico ecuatorial durante 2026. Sus mediciones relacionan este descenso con las alteraciones de los vientos y del afloramiento oceánico.

Menos fitoplancton puede afectar a toda la cadena alimentaria marina

La reducción del fitoplancton no es solo una cuestión de color. Estos organismos microscópicos son esenciales para los ecosistemas oceánicos, ya que constituyen una fuente de alimento para numerosos organismos y sostienen buena parte de la producción biológica marina.

Cuando disminuye su abundancia, las consecuencias pueden extenderse a otros niveles de la cadena alimentaria. El zooplancton, que se alimenta de fitoplancton, puede disponer de menos recursos, lo que repercute a su vez en peces y otros animales que dependen de él directa o indirectamente.

En determinadas regiones, estos cambios pueden afectar a las zonas donde se concentran los recursos alimentarios y obligar a algunas especies a desplazarse para encontrar alimento. También pueden repercutir en actividades humanas como la pesca, especialmente en áreas donde la productividad marina depende del aporte de nutrientes desde las profundidades.

La NASA ha señalado que los cambios en las concentraciones de clorofila permiten detectar algunas de estas alteraciones en la red alimentaria del Pacífico. No obstante, las imágenes de satélite muestran principalmente cambios en las condiciones de la superficie marina y en la abundancia estimada del fitoplancton; no demuestran que haya desaparecido toda la vida submarina.

Además, la respuesta de los ecosistemas depende de la región, de la intensidad del fenómeno y de cuánto tiempo se mantengan las condiciones desfavorables. Algunas especies pueden desplazarse, mientras que otras pueden experimentar dificultades para alimentarse o reproducirse.

Los satélites permiten seguir la evolución de El Niño en tiempo real

La observación espacial está ayudando a los científicos a comprender mejor cómo evoluciona el fenómeno y cuáles pueden ser sus consecuencias. La misión PACE de la NASA, puesta en marcha en 2024, permite analizar el color del océano en numerosas longitudes de onda y estudiar distintos tipos de fitoplancton y otros componentes de los ecosistemas marinos.

La agencia ha publicado una comparación visual del color aparente del Pacífico en 2025 y 2026, que se actualiza conforme llegan nuevos datos. En ella, las tonalidades azules suelen corresponder a concentraciones menores de fitoplancton, mientras que los verdes y amarillos indican concentraciones más elevadas.

Estas observaciones permiten seguir los cambios a medida que se desarrolla El Niño y comprobar si las regiones con menor concentración de clorofila se amplían o si las condiciones evolucionan de otra manera.

Los científicos esperan que las diferencias observadas puedan hacerse más pronunciadas si el fenómeno continúa intensificándose, aunque su evolución dependerá del comportamiento de los vientos, las temperaturas y la circulación oceánica.

El episodio de 2026 demuestra así que un fenómeno climático puede modificar no solo la temperatura del mar, sino también las condiciones que sostienen la vida en su superficie. El cambio de color es una señal visible de esas alteraciones y una herramienta para estudiar cómo responde el océano ante un sistema climático en evolución.

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