“Grolar” o “pizzly”: la ‘nueva especie’ de oso que ha aparecido por el cambio climático
El “grolar” o “pizzly” se ha convertido en una imagen sorprendente de un Ártico que cambia rápidamente. La “nueva especie” de oso, se trataría de un híbrido entre el oso polar (Ursus maritimus) y el oso pardo o grizzly (Ursus arctos). La literatura científica respalda que un clima más cálido puede favorecer un mayor contacto entre osos polares y grizzlies, pero todavía no permite afirmar que la hibridación esté aumentando rápidamente ni que cada cruce sea causado exclusivamente por el cambio climático.
Aunque su aspecto puede parecer el de una nueva especie, los análisis genéticos cuentan una historia diferente. Los pocos casos confirmados hasta ahora muestran cómo el calentamiento del Ártico está modificando los límites entre especies que durante mucho tiempo apenas coincidían.
El “grolar” no es una nueva especie: así es el extraño híbrido entre un oso polar y un grizzly
Aunque suele llamarse “grolar” o “pizzly”, este animal no es una nueva especie reconocida por la ciencia. Es un híbrido producido por el cruce entre el oso polar (Ursus maritimus) y el oso pardo (Ursus arctos), cuyo linaje norteamericano incluye al grizzly. Ambas especies poseen historias evolutivas distintas, pero conservan suficiente compatibilidad genética para reproducirse y generar descendencia fértil. El estudio de Pongracz y colaboradores documentó en el Ártico canadiense híbridos de primera generación y retrocruces, una prueba de que algunos descendientes también pueden reproducirse.
Su apariencia mezcla rasgos de ambos progenitores. Los ejemplares descritos presentan pelaje claro o crema, con áreas pardas, una cabeza y un cuerpo de aspecto intermedio y características que recuerdan tanto al oso polar como al grizzly. La prensa ha destacado sus grandes patas, asociadas a la vida del oso polar sobre hielo, y garras largas semejantes a las del grizzly. Esa combinación explica por qué pueden resultar llamativos incluso a simple vista.
Por eso, “grolar” y “pizzly” funcionan como nombres populares para describir el híbrido, no como denominaciones taxonómicas de una especie nueva. La distinción es importante: observar un cruce entre dos especies no significa que haya surgido una tercera especie nueva e independiente.
El deshielo del Ártico está acercando a osos polares y grizzlies
El cambio climático no “crea” directamente al grolar, pero puede aumentar las oportunidades de encuentro entre osos polares y grizzlies. El calentamiento provocado por las emisiones humanas está reduciendo el hielo marino del Ártico, un hábitat esencial para que los osos polares cacen focas. Al disminuir ese hielo, algunos osos polares pasan temporadas más largas en tierra. En el mar de Chukchi, por ejemplo, la proporción de osos polares que permanecieron en tierra más de siete días entre agosto y octubre aumentó del 20,0 % al 38,9 % entre los periodos 1986–1995 y 2008–2013.
Ese desplazamiento puede incrementar el solapamiento con osos pardos que utilizan ambientes terrestres. Un estudio genético de 2024 señala que climas más cálidos probablemente favorecerán contactos más frecuentes entre ambas especies, aunque la hibridación reciente sigue siendo muy rara actualmente.
La historia evolutiva aporta otra pista. Análisis de ADN antiguo muestran que osos polares y pardos ya intercambiaron genes en el pasado. Cahill y colaboradores encontraron que la mezcla genética aumentó durante la última glaciación en regiones donde sus distribuciones se superpusieron. En consecuencia, el clima puede modificar fronteras ecológicas y facilitar encuentros, pero no demuestra que cada híbrido actual sea causado exclusivamente por el calentamiento global.
Solo se han confirmado ocho híbridos en una misma familia: esto es lo que reveló el ADN
La historia moderna del grolar comenzó en abril de 2006, cuando un cazador abatió en la isla Banks, en los Territorios del Noroeste de Canadá, un oso con apariencia inusual. Su pelaje claro recordaba al de un oso polar, pero presentaba rasgos propios de un grizzly. Los análisis genéticos confirmaron que era un híbrido de primera generación entre ambas especies, convirtiéndose en el primer caso silvestre verificado mediante ADN.
La investigación posterior reveló algo aún más sorprendente. En 2017, Pongracz y colaboradores reconstruyeron el parentesco de ocho híbridos identificados en el Ártico canadiense. Todos pertenecían a una misma familia: una hembra de oso polar se reprodujo con dos machos grizzly y produjo descendientes híbridos; posteriormente, una de esas crías también se cruzó con grizzlies, originando retrocruces.
Sin embargo, la evidencia más amplia disponible no indica que estos animales estén multiplicándose rápidamente. En 2024, Miller y colaboradores analizaron 371 osos polares, 440 grizzlies y los ocho híbridos conocidos mediante un chip genético diseñado para detectar cruces y retrocruces. No encontraron nuevos casos de hibridación reciente. Por ello, aunque el cambio climático puede favorecer futuros contactos, las pruebas actuales muestran que la hibridación confirmada continúa siendo extraordinariamente rara y geográficamente limitada actualmente.
¿Es el “grolar” el oso del futuro? Esto es lo que dicen los científicos
Que un grolar combine rasgos de oso polar y grizzly no significa que esté mejor preparado para un Ártico cálido. Hasta ahora, no existe evidencia de que estos híbridos posean una ventaja adaptativa capaz de compensar la pérdida del hielo marino. De hecho, el estudio genético de 2024 encontró solamente los ocho híbridos conocidos y ningún caso nuevo entre más de ochocientos osos analizados, por lo que la hibridación no aparece como una respuesta evolutiva frecuente.
El problema central sigue siendo la dependencia ecológica del oso polar. Esta especie utiliza el hielo marino como plataforma para capturar focas, su fuente energética. Cuando el hielo desaparece durante periodos más largos, los osos pasan más tiempo en tierra. Un estudio publicado en Nature Communications siguió a veinte osos polares terrestres y comprobó que diecinueve perdieron masa corporal, pese a que algunos consumieron vegetación, aves, huesos u otros alimentos.
Las proyecciones climáticas refuerzan esa preocupación: periodos de ayuno más prolongados pueden reducir la supervivencia y la reproducción de poblaciones de osos polares. Por tanto, imaginar al grolar como un “oso del futuro” resulta prematuro. La hibridación demuestra flexibilidad reproductiva, pero no sustituye la conservación del hielo ni la reducción del calentamiento global.
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