Italia autoriza la caza de un ave invasora y pone en peligro al ibis eremita, una especie amenazada que se recupera en España

 
Por Alejandro Lingenti. 21 octubre 2026

La recuperación del ibis eremita (Geronticus eremita), una de las aves más singulares de Europa, afronta un nuevo obstáculo. La región italiana de Toscana ha autorizado la caza del ibis sagrado africano (Threskiornis aethiopicus), una especie exótica invasora cuya presencia puede perjudicar a la fauna autóctona. Sin embargo, la decisión ha provocado preocupación entre los especialistas porque ambas aves pueden confundirse durante las jornadas de caza.

La autorización, vigente entre el 20 de septiembre de 2026 y el 31 de enero de 2027, permite abatir ibis sagrados sin establecer límites diarios ni estacionales de capturas. Organizaciones como Waldrappteam y WWF Italia han advertido del peligro que representa para el ibis eremita, cuya población europea está recuperándose después de siglos de desaparición.

El problema no es únicamente hipotético. Según los datos difundidos por Waldrappteam, durante tres meses de 2025 fueron abatidos tres ibis eremitas en Lombardía, después de introducirse medidas de caza intensiva del ibis sagrado. En los veinte años anteriores solo se habían confirmado dos incidentes similares en esa región.

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Cómo distinguir al ibis eremita del ibis sagrado africano

El ibis eremita pertenece a la familia Threskiornithidae y destaca por una apariencia inconfundible cuando se observa de cerca. Tiene el plumaje negro con reflejos metálicos verdosos y violáceos, la cabeza desprovista de plumas y una piel rojiza que contrasta con su largo pico curvado hacia abajo.

Puede alcanzar aproximadamente 70-80 centímetros de longitud y una envergadura cercana a 125-135 centímetros. A diferencia de otras especies de ibis vinculadas a humedales, suele alimentarse en terrenos abiertos, pastizales y zonas agrícolas con poca actividad.

Su dieta incluye principalmente insectos, larvas, escarabajos, saltamontes, lombrices y otros pequeños invertebrados, aunque también puede consumir pequeños vertebrados. Utiliza su pico para explorar el suelo y localizar presas.

Es un ave social que forma colonias reproductoras y construye sus nidos en acantilados, repisas rocosas y construcciones elevadas. Habitualmente pone entre dos y cuatro huevos.

El ibis sagrado africano, en cambio, presenta un plumaje predominantemente blanco, con cabeza y cuello negros. Por tanto, en cuanto a colores, ambas especies son totalmente distintas.

Sin embargo, aunque las diferencias son evidentes cuando están en reposo, los conservacionistas advierten de que sus siluetas pueden confundirse a distancia o en vuelo.

Por qué el ibis eremita estuvo al borde de la extinción

Durante siglos, el ibis eremita habitó distintas regiones de Europa, el norte de África y Oriente Próximo. Sin embargo, la caza, la transformación de sus hábitats y la intensificación agrícola provocaron una reducción extraordinaria de sus poblaciones.

El uso de pesticidas también perjudicó a la especie al disminuir la disponibilidad de insectos de los que se alimenta. A estas amenazas se sumaron las electrocuciones en tendidos eléctricos y la mortalidad durante sus desplazamientos migratorios.

La situación llegó a ser tan grave que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) clasificó al ibis eremita como especie en peligro crítico. En 2018, gracias a los avances de conservación, pasó a la categoría de en peligro de extinción, que sigue siendo su clasificación global vigente.

Actualmente, Marruecos conserva la principal población silvestre histórica, mientras que los programas de reintroducción europeos buscan establecer nuevas colonias reproductoras.

En Italia, además, existe una amenaza específica: los disparos ilegales. Según Waldrappteam, representan aproximadamente el 30 % de las pérdidas registradas entre los ibis eremitas del país.

El propio instituto científico italiano ISPRA ha advertido de que la caza generalizada del ibis sagrado también podría dispersar sus poblaciones hacia otros territorios, dificultando su control.

El ibis eremita se recupera en España: los resultados de 2026

España desempeña un papel fundamental en la recuperación de esta especie. El Proyecto Eremita, desarrollado desde 2004 en Cádiz por la Junta de Andalucía y el Zoobotánico de Jerez, ha permitido establecer colonias reproductoras después de siglos de ausencia.

Según los últimos resultados oficiales de la Junta de Andalucía, la campaña de 2026 terminó con al menos 53 pollos que consiguieron volar, el segundo mejor resultado de la serie reciente, después de los 56 registrados en 2025.

Los principales enclaves reproductores se encuentran en La Barca de Vejer, Castilnovo y San Ambrosio, todos en la provincia de Cádiz. Los técnicos contabilizaron entre 53 y 56 parejas con comportamientos reproductores durante la última temporada.

Además, el programa ha alcanzado una fase de consolidación que ha permitido suspender temporalmente las liberaciones de ejemplares criados en cautividad, mientras continúa el seguimiento de las colonias.

No obstante, los riesgos persisten. Según la información del Proyecto Eremita, entre las causas conocidas de mortalidad destacan las electrocuciones, la depredación por rapaces y las enfermedades.

La recuperación también se extiende a Cataluña. En 2026 se liberaron 19 ibis eremitas en el entorno de los Aiguamolls de l'Empordà, en Girona, dentro de una iniciativa destinada a favorecer su regreso.

Paralelamente, España participa en los proyectos europeos de migración asistida, que utilizan aeronaves ultraligeras para enseñar a los ejemplares jóvenes rutas hacia sus zonas de invernada.

La evolución demuestra que es posible recuperar una especie desaparecida durante siglos. Sin embargo, la supervivencia a largo plazo depende de reducir las causas de mortalidad y garantizar poblaciones suficientemente numerosas y autónomas.

La polémica italiana pone de manifiesto precisamente esa fragilidad: una medida destinada a controlar una especie invasora puede terminar perjudicando a otra cuya recuperación ha requerido décadas de trabajo.

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