La NASA muestra nuevas imágenes de Marte y unas enigmáticas rocas sorprenden a los científicos

 
Por Alejandro Lingenti. 26 junio 2026
Imagen: NASA's Perseverance Mars Rover / Instagram

Una roca puede parecer un simple bloque de piedra. En Marte, sin embargo, puede convertirse en una cápsula del tiempo capaz de revelar cómo era el planeta hace más de 3.500 millones de años. Ese es el motivo por el que las últimas imágenes enviadas por el rover Perseverance han despertado tanto interés entre los investigadores de la NASA: muestran formaciones geológicas inusuales cuyo origen todavía no está completamente explicado y que podrían aportar nuevas pistas sobre la evolución del planeta rojo.

Las fotografías fueron tomadas en las proximidades del borde occidental del cráter Jezero, una región que los científicos consideran uno de los lugares más prometedores de Marte para buscar evidencias de antiguos ambientes habitables.

Entre las imágenes destaca una roca cuya fracturación natural hace que parezca formada por varias piedras perfectamente apiladas, una apariencia que ha llamado la atención tanto del público como de los geólogos planetarios.

Pero la verdadera importancia del hallazgo no reside en su aspecto. Lo que entusiasma a los investigadores es que estas rocas pertenecen a algunos de los materiales geológicos más antiguos que ha explorado Perseverance desde que aterrizó en Marte en febrero de 2021. Analizar su composición puede ayudar a reconstruir la historia del planeta cuando todavía existían agua líquida, ríos y lagos estables en su superficie.

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Mucho más que una roca curiosa encontrada en Marte

Las imágenes difundidas por la NASA han dado lugar a numerosas especulaciones en redes sociales. Sin embargo, los propios científicos recuerdan que no existe ningún indicio de que estas formas tengan un origen artificial.

Los geólogos explican que las fracturas, la erosión causada por el viento marciano y los cambios de temperatura pueden producir configuraciones sorprendentes. En este caso, la apariencia de varias rocas colocadas unas sobre otras parece responder a procesos naturales de meteorización y rotura de un bloque mayor.

Este tipo de fenómenos no resultan extraños en Marte. La atmósfera extremadamente fina, las enormes diferencias térmicas entre el día y la noche y millones de años de erosión eólica esculpen formas que con frecuencia recuerdan a objetos conocidos por los seres humanos. Los psicólogos denominan pareidolia a esa tendencia del cerebro a reconocer figuras familiares donde solo existen patrones naturales.

Imagen: NASA/JPL-Caltech/MSSS

El verdadero tesoro de Marte está bajo la superficie

El lugar donde apareció la roca resulta mucho más importante que su forma. Perseverance se encuentra explorando el borde del cráter Jezero, una antigua cuenca de unos 49 kilómetros de diámetro que hace miles de millones de años albergó un lago alimentado por un sistema fluvial.

Precisamente por ello fue elegido como lugar de aterrizaje de la misión Mars 2020: los sedimentos depositados en antiguos lagos son algunos de los mejores lugares para conservar posibles biofirmas, es decir, huellas químicas compatibles con actividad biológica pasada.

Las investigaciones desarrolladas por la NASA durante los últimos años han revelado que Jezero posee una historia geológica mucho más compleja de lo que se pensaba inicialmente.

Además de rocas sedimentarias, el rover ha encontrado antiguos materiales volcánicos, minerales carbonatados alterados por agua y evidencias de procesos hidrotermales que pudieron prolongarse durante millones de años.

En 2025, un amplio equipo internacional publicó en Nature que el borde del cráter conserva algunas de las rocas más antiguas estudiadas hasta ahora en Marte, capaces de registrar distintas etapas de la evolución del planeta. Ese contexto convierte cada nuevo afloramiento en una oportunidad excepcional para comprender cómo cambió el clima marciano desde un mundo relativamente húmedo hasta el desierto helado que conocemos hoy.

La conexión con la búsqueda de vida

El interés científico por estas rocas también está relacionado con otro descubrimiento reciente realizado por Perseverance.

Hace unos días, investigadores del equipo de la misión anunciaron la detección de carbono macromolecular en muestras procedentes de la roca conocida como Cheyava Falls, localizada igualmente en el entorno del antiguo delta de Jezero. Este tipo de carbono puede originarse mediante procesos biológicos, pero también a través de reacciones químicas completamente naturales, por lo que los científicos insisten en que no constituye una prueba de vida.

Ashley Murphy, investigadora del Planetary Science Institute y autora principal del trabajo, explicó que este material puede proceder de antiguos microorganismos, aunque también puede formarse por interacción entre agua y roca o incluso llegar transportado por meteoritos. Por ese motivo, los instrumentos del rover no pueden determinar todavía cuál es su origen exacto.

La única manera de resolver la incógnita será analizar estas muestras en laboratorios terrestres con equipos mucho más sofisticados que los que puede transportar un vehículo robótico.

Imagen: NASA

Marte sigue sorprendiendo a los científicos

Desde su llegada al planeta rojo, Perseverance ha recorrido decenas de kilómetros recogiendo muestras que algún día podrían regresar a la Tierra mediante una futura misión internacional.

Cada nuevo afloramiento confirma que Marte fue un mundo mucho más dinámico de lo que se creía hace apenas unas décadas. Las rocas encontradas por el rover muestran evidencias de volcanismo, circulación de agua subterránea, formación de minerales y procesos sedimentarios muy parecidos a los que moldearon algunas regiones de nuestro propio planeta.

Por eso, aunque la imagen de una roca aparentemente "apilada" haya captado la atención del público, para los geólogos lo realmente fascinante es otra cosa: cada una de esas piedras constituye un archivo natural que conserva información sobre un Marte desaparecido hace miles de millones de años.

Descifrar ese registro permitirá comprender no solo cómo evolucionó el planeta rojo, sino también hasta qué punto pudo reunir las condiciones necesarias para albergar vida microbiana en algún momento de su historia.

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