Los científicos coinciden: la foca monje del Mediterráneo sigue en riesgo pese a su lenta recuperación
Hay animales que parecen llegados de otro tiempo. La foca monje del Mediterráneo es uno de ellos. De aspecto robusto, grandes ojos oscuros, largos bigotes y una expresión que recuerda a la de un perro, este mamífero marino fue durante siglos un habitante habitual de las costas mediterráneas españolas. Sin embargo, la presión humana la llevó al borde de la desaparición y hoy figura entre las especies de pinnípedos más amenazadas del mundo.
La especie es la única foca nativa del Mediterráneo y una de las más escasas del planeta. Aunque su situación ha mejorado ligeramente en los últimos años gracias a los esfuerzos de conservación, los científicos siguen considerándola extremadamente vulnerable y sometida a numerosas amenazas.
Así es la foca monje: el discreto depredador que se esconde en cuevas marinas
Los ejemplares adultos de la foca monje del Mediterráneo (Monachus monachus) pueden alcanzar entre 2,4 y 2,8 metros de longitud y superar los 300 kilogramos de peso. Su cuerpo está adaptado a la vida marina, con extremidades transformadas en aletas y una gruesa capa de grasa que les permite conservar el calor corporal. Los machos suelen presentar una coloración más oscura que las hembras, mientras que las crías nacen con un característico pelaje negro y una mancha clara en el vientre.
Se alimentan principalmente de peces, pulpos y calamares. Son excelentes buceadoras y pueden pasar varios minutos bajo el agua mientras buscan alimento entre fondos rocosos y cuevas submarinas.
A diferencia de otras focas más conocidas, la foca monje del Mediterráneo suele ser muy discreta. La persecución sufrida durante siglos hizo que abandonara muchas playas abiertas para refugiarse en cuevas marinas aisladas y zonas de difícil acceso.
La desaparición silenciosa de la foca monje en España y el plan para traerla de vuelta
La distribución histórica de la especie era enorme. Se extendía por prácticamente todo el Mediterráneo, el mar Negro y parte del Atlántico oriental, incluyendo las costas de España, Portugal, Marruecos, Mauritania, Madeira y Canarias.
En España fue relativamente frecuente hasta el siglo XIX. Existían poblaciones en Andalucía, Murcia, Comunidad Valenciana, Cataluña, Baleares y Canarias. Sin embargo, la caza, la persecución por parte de pescadores y la transformación masiva del litoral provocaron un colapso progresivo de sus poblaciones.
La urbanización turística de las costas, la construcción de puertos deportivos, el aumento del tráfico marítimo y la reducción de espacios tranquilos para reproducirse terminaron por expulsar a la especie de buena parte de su territorio histórico.
Según diversos estudios y organismos conservacionistas, la especie se considera actualmente extinguida como reproductora en la España peninsular. Pero aunque no existan colonias reproductoras estables, ocasionalmente aparecen ejemplares aislados en aguas españolas. Durante los últimos años se han producido avistamientos esporádicos en Baleares, Andalucía, Murcia, la costa levantina y Canarias. Estos individuos suelen proceder de poblaciones del norte de África o de Madeira.
Además, España participa en uno de los proyectos más ambiciosos para recuperar la especie: la posible reintroducción de la foca monje en Fuerteventura. El Ministerio para la Transición Ecológica ha estudiado la viabilidad demográfica del proyecto, que podría convertir a Canarias en uno de los enclaves clave para el regreso de este mamífero marino.
La elección de Canarias no es casual. Históricamente la especie estuvo presente en el archipiélago y las condiciones ecológicas siguen siendo favorables para su supervivencia.
De estar al borde de la extinción a una lenta recuperación: cuántas focas monje sobreviven
Durante décadas la foca monje fue considerada el mamífero marino más amenazado de Europa. A finales del siglo XX llegó a haber apenas unos centenares de ejemplares repartidos en pequeños núcleos aislados.
Las estimaciones actuales hablan de entre 600 y 800 individuos en todo el mundo. Aunque la cifra sigue siendo muy baja, representa una mejora respecto a las décadas anteriores.
La mayor población se encuentra en Grecia, donde vive aproximadamente la mitad de todos los ejemplares conocidos. También existen núcleos importantes en Turquía, Chipre, Madeira y la región atlántica de Cabo Blanco, entre Mauritania y el Sáhara Occidental.
Precisamente, estos avances permitieron que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) rebajara recientemente su categoría global de amenaza desde "En Peligro" hasta "Vulnerable". Sin embargo, los expertos advierten de que el riesgo sigue siendo muy elevado debido al reducido tamaño poblacional y a la fragmentación de las colonias.
Por qué la recuperación de la foca monje sigue siendo tan frágil
La recuperación de la especie continúa siendo frágil. Las principales amenazas incluyen la pérdida de hábitat, la presión turística, la contaminación marina, la reducción de recursos pesqueros, el enredo accidental en materiales de pesca y los episodios de mortalidad masiva provocados por enfermedades o fenómenos ambientales extremos.
En Grecia, donde se concentra buena parte de la población mundial, los investigadores han documentado cómo muchas focas se refugian en cuevas para evitar la creciente presión turística. Sin embargo, estas cuevas pueden convertirse en lugares peligrosos para las crías cuando el oleaje es intenso.
Los científicos coinciden en que la protección efectiva de áreas marinas, la vigilancia de las zonas de reproducción y la reducción de conflictos con la pesca serán decisivas para garantizar el futuro de la especie.
La historia de la foca monje del Mediterráneo es también una advertencia. Pocas especies ilustran tan claramente cómo la actividad humana puede llevar a un animal al borde de la desaparición. Pero también demuestra que la conservación funciona: después de décadas de esfuerzos internacionales, uno de los mamíferos marinos más raros del planeta empieza lentamente a recuperar parte del terreno perdido.
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