La advertencia de una oftalmóloga sobre el eclipse solar: “Unos pocos segundos mirando al Sol sin la protección adecuada pueden provocar una lesión irreversible”
El próximo eclipse solar será uno de los fenómenos astronómicos más esperados del año y miles de personas levantarán la vista al cielo para contemplarlo. Sin embargo, observar este espectáculo natural sin las precauciones adecuadas puede tener consecuencias graves para la salud ocular, incluso aunque el Sol parezca menos intenso durante el eclipse. De hecho, esa aparente pérdida de intensidad es precisamente uno de los factores que hacen que aumente el riesgo de sufrir lesiones en la retina.
La doctora en oftalmología Paloma Martínez de Carneros advierte de que este fenómeno genera una peligrosa falsa sensación de seguridad que lleva a muchas personas a mirar el Sol durante más tiempo del que deberían. En una entrevista para EcologíaVerde, la especialista nos explica cuáles son los errores más frecuentes, desmonta algunos de los mitos más extendidos sobre cómo observar un eclipse y ofrece recomendaciones para disfrutar de este acontecimiento astronómico sin poner en riesgo la visión.
El eclipse crea una falsa sensación de seguridad y ahí está el verdadero peligro
Una de las razones por las que el eclipse solar total de agosto puede resultar especialmente peligroso es que el Sol parece menos brillante cuando la Luna comienza a cubrir parte de su superficie. Esa disminución del deslumbramiento lleva a muchas personas a pensar que mirar directamente al astro ya no supone un riesgo.
Sin embargo, la oftalmóloga Paloma Martínez de Carneros advierte de que ocurre justamente lo contrario. “El eclipse genera una falsa sensación de seguridad. Aunque parte del disco solar quede oculto, la radiación ultravioleta e infrarroja continúa llegando al ojo con la misma capacidad para dañar la retina”, explica.
Según la especialista, al reducirse el deslumbramiento muchas personas mantienen la mirada fija durante más tiempo, creyendo que no existe peligro. “Unos pocos segundos sin la protección adecuada pueden ser suficientes para provocar una lesión irreversible en la mácula”, subraya.
Los errores más peligrosos que se cometen al observar un eclipse solar según la doctora
Confiarse porque el Sol parece menos intenso
Es probablemente el error más frecuente. Que el Sol parezca menos brillante porque está parcialmente oculto no significa que deje de emitir una radiación capaz de dañar los tejidos oculares. Precisamente esa falsa sensación de seguridad hace que muchas personas mantengan la mirada durante más tiempo y aumente el riesgo de sufrir lesiones en la retina.
Utilizar métodos caseros
Cada eclipse reaparecen viejos remedios que nunca han sido seguros. Radiografías, cristales ahumados, CDs o superponer varias gafas de sol son métodos que no protegen la retina.
“Engañan al ojo, pero no lo protegen”, resume la oftalmóloga. Aunque estos materiales reduzcan la luz visible, no bloquean la radiación ultravioleta ni la infrarroja, responsables del daño ocular.
Comprar gafas sin homologar
No todas las gafas especiales ofrecen la protección necesaria. La especialista insiste en que únicamente deben utilizarse aquellas que cumplan la norma ISO 12312-2:2015, dispongan de marcado CE y procedan de fabricantes acreditados.
Además, recomienda adquirirlas en establecimientos de confianza, como las ópticas, donde pueda verificarse su procedencia y certificación.
Fotografiar el eclipse sin precaución
Muchas personas intentarán inmortalizar el eclipse con el móvil, pero también aquí conviene extremar las precauciones.
La doctora Martínez de Carneros aconseja mirar únicamente la pantalla del dispositivo y nunca dirigir la vista directamente al Sol mientras se intenta encuadrar la imagen, excepto si se llevan gafas homologadas. También recuerda que las gafas homologadas para eclipses están diseñadas para proteger los ojos, no para colocarlas delante de la cámara o del objetivo.
Los síntomas pueden tardar horas en aparecer: cuándo acudir al oftalmólogo
Uno de los aspectos más preocupantes de las lesiones provocadas por la observación directa del Sol es que no suelen producir dolor inmediato.
“La retina apenas tiene receptores del dolor, lo que hace que muchas lesiones pasen completamente desapercibidas al principio”, explica la especialista.
Mirar el eclipse sin la protección adecuada puede provocar una retinopatía solar, una lesión fotoquímica que afecta a la visión central y que, en algunos casos, deja secuelas permanentes.
Los síntomas pueden aparecer varias horas o incluso días después de la exposición. Entre las principales señales de alarma destacan:
- Visión borrosa.
- Aparición de una mancha oscura o punto ciego en el centro de la visión.
- Dificultad para leer o enfocar objetos pequeños.
- Líneas rectas que se ven deformadas u onduladas.
- Disminución de la sensibilidad a los colores.
Ante cualquiera de estos síntomas, la recomendación es acudir cuanto antes al oftalmólogo. “Esperar a que desaparezcan por sí solos no es recomendable. Un diagnóstico precoz permite confirmar si existe una lesión y orientar el tratamiento adecuado. En oftalmología, como en casi todo, el tiempo importa”, afirma.
El eclipse recuerda que la radiación solar también daña los ojos durante todo el año
Aunque el eclipse concentra toda la atención, la especialista recuerda que la radiación solar supone un riesgo para la vista mucho más allá de este fenómeno astronómico.
“La radiación solar es peligrosa para los ojos no solo en momentos excepcionales, sino de forma acumulativa a lo largo de toda la vida”, señala.
Uno de los errores más habituales es elegir las gafas de sol únicamente por su diseño o por el color de las lentes, cuando lo realmente importante es que incorporen un filtro UV400 de calidad y el correspondiente marcado CE.
La protección también debe reforzarse en lugares donde la radiación se refleja con mayor intensidad, como la playa, la montaña o la nieve. Una exposición continuada puede favorecer la aparición de patologías como las cataratas o la degeneración macular asociada a la edad.
“La vista no tiene recambios, y cuidarla debería ser un hábito de todo el año, no solo el día del eclipse”, concluye la doctora Paloma Martínez de Carneros.
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