“Los incendios forestales ya no son solo cosa del verano”, advierte el ambientólogo Germán Portillo

 
Por Irene Juste, Editora Sénior. 27 julio 2026

Durante años, los incendios forestales se asociaban casi exclusivamente a los meses de julio y agosto, cuando las altas temperaturas y la falta de lluvias elevaban el riesgo de fuego en gran parte de España. Sin embargo, esa realidad está cambiando. Cada vez es más habitual que los grandes incendios forestales se produzcan justo antes del verano o incluso cuando el otoño ya ha comenzado, un fenómeno que preocupa tanto a científicos como a los servicios de extinción.

Detrás de este cambio no hay una única causa, sino la combinación de varios factores que están transformando el comportamiento del fuego. El cambio climático, las olas de calor más frecuentes, la acumulación de vegetación seca y el abandono de numerosas zonas rurales están favoreciendo que los incendios sean más intensos, más difíciles de controlar y que la temporada de mayor riesgo se prolongue durante más meses.

Para entender qué está ocurriendo, hablamos con el ambientólogo Germán Portillo, que explica cómo han evolucionado los incendios forestales en las últimas décadas, por qué cada vez duran más las campañas de prevención y qué papel pueden desempeñar tanto las administraciones como la ciudadanía para reducir el riesgo.

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Los incendios forestales ya no son un problema exclusivo del verano

Aunque el verano continúa siendo la época con mayor peligro, la idea de que los incendios forestales solo ocurren en julio y agosto ha dejado de ajustarse a la realidad. Las condiciones meteorológicas que favorecen la propagación del fuego comienzan antes y se mantienen durante más tiempo.

Según explica Germán Portillo, “en muchas regiones mediterráneas los periodos de riesgo comienzan antes del verano, en primavera, y pueden prolongarse hasta bien entrado el otoño debido a las condiciones meteorológicas cada vez más favorables para la propagación del fuego”.

Este cambio implica que tanto los servicios de emergencia como las administraciones deben mantener durante más tiempo los dispositivos de vigilancia y prevención. También supone que la población debe permanecer alerta durante un periodo mucho más amplio que hace apenas unas décadas.

A ello se suma otro cambio importante: no solo aumenta la duración de la temporada de riesgo, sino también la peligrosidad de muchos incendios cuando llegan a producirse.

¿Por qué ahora los incendios son más intensos y difíciles de apagar?

Los expertos coinciden en que el cambio climático no provoca directamente los incendios, pero sí crea un escenario mucho más favorable para que un fuego se propague con rapidez y alcance grandes dimensiones.

En palabras del ambientólogo, “el cambio climático no es el origen directo de los incendios, pero sí crea condiciones que favorecen su propagación y aumentan su intensidad”. Así, según continúa comentando, las razones están relacionadas con el cambio climático: "Las olas de calor más frecuentes, las sequías prolongadas y la reducción de la humedad de la vegetación hacen que el combustible esté más seco durante más tiempo”.

A estas circunstancias se añaden otros factores que pueden coincidir en un mismo incendio. Portillo explica que “las altas temperaturas, la baja humedad, el viento intenso y la gran cantidad de vegetación seca favorecen una rápida propagación”, haciendo que un incendio inicialmente controlable pueda convertirse en pocas horas en un gran incendio forestal.

Precisamente este tipo de incendios es el que más ha aumentado en los últimos años. Aunque el número total de fuegos no siempre crece, sí lo hacen aquellos que alcanzan una enorme superficie y presentan una intensidad muy elevada.

Como resume el experto, “cada vez son más frecuentes los grandes incendios forestales, caracterizados por una mayor intensidad, una propagación más rápida y una mayor dificultad para su extinción”.

El abandono del medio rural también está aumentando el riesgo

Además de las condiciones meteorológicas, el estado de los montes desempeña un papel decisivo en la evolución de los incendios.

Durante décadas, muchas zonas rurales han ido perdiendo población y actividades tradicionales que contribuían a mantener limpio el monte. El resultado es una acumulación progresiva de vegetación que actúa como combustible cuando aparece una fuente de ignición.

Para Germán Portillo, la gestión forestal sigue siendo una de las herramientas más eficaces para prevenir grandes incendios. “Actuaciones como el desbroce, el mantenimiento de cortafuegos, el aprovechamiento sostenible de la biomasa o la creación de paisajes menos continuos ayudan a disminuir la intensidad de los incendios”, señala.

El ambientólogo añade que “el abandono rural también influye, ya que muchas zonas dejan de gestionarse y acumulan grandes cantidades de vegetación que actúan como combustible”. Por ello, cada vez más especialistas insisten en que la lucha contra los incendios no puede centrarse únicamente en la extinción. La prevención y la gestión del territorio son fundamentales para reducir el riesgo antes de que aparezca el fuego.

“La mayoría de los incendios tienen origen humano”, aclara el ambientólogo Germán Portillo

Aunque los rayos pueden provocar algunos incendios, la mayor parte de los fuegos continúa estando relacionada con la actividad humana.

Según explica Portillo, “la mayoría de los incendios tienen origen humano, ya sea de forma intencionada o por negligencia”.

Entre las imprudencias más habituales se encuentran las quemas agrícolas mal controladas, el uso de maquinaria que genera chispas, las barbacoas o las hogueras en zonas de riesgo, las colillas mal apagadas, el uso de pirotecnia en lugares no permitidos o determinados trabajos forestales realizados cuando las condiciones meteorológicas son especialmente desfavorables.

Por ello, la prevención también depende del comportamiento de la ciudadanía. El ambientólogo recuerda que “los ciudadanos pueden evitar cualquier actividad que implique riesgo de ignición durante periodos de peligro elevado, respetar las restricciones establecidas, no abandonar residuos, mantener limpias las parcelas situadas junto a zonas forestales y avisar rápidamente al servicio de emergencias si detectan humo o fuego”.

Pequeños gestos como estos pueden evitar que una chispa termine convirtiéndose en un incendio de grandes dimensiones.

Adaptarse a una nueva realidad será clave para reducir el impacto del fuego

La evolución de los incendios forestales demuestra que España se enfrenta a un escenario diferente al de hace apenas unas décadas. El riesgo ya no se limita a unas pocas semanas de verano y los grandes incendios son cada vez más frecuentes y complejos.

Ante esta situación, Germán Portillo considera que la respuesta debe ir mucho más allá de reforzar los medios de extinción cuando aparece un incendio. “La prevención requiere una estrategia a largo plazo basada en una adecuada gestión forestal, inversión en medios humanos y materiales, apoyo al desarrollo rural, educación ambiental y adaptación al cambio climático”, concluye.

Todo apunta a que las campañas de prevención seguirán ampliándose en los próximos años. Reducir el combustible disponible en los montes, recuperar la gestión forestal y extremar las precauciones durante los periodos de mayor riesgo serán algunas de las claves para convivir con una temporada de incendios que, cada año, parece empezar antes y terminar más tarde.

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