Ni como en invierno ni el doble: así debes regar tus plantas en primavera según Álvaro Pedrera, experto en plantas
Con la llegada de la primavera, todo parece despertar. Los días se alargan, suben las temperaturas y las plantas empiezan a mostrar signos de crecimiento. No obstante, este cambio de estación también trae consigo uno de los errores más comunes en el cuidado del hogar: el riego de las plantas en primavera. Lo que funcionaba en invierno ya no sirve igual ahora. Es justo en este punto donde muchas plantas empiezan a sufrir sin que nos demos cuenta. Ajustar el riego quizás no es tan simple como parece, pero hacerlo bien puede marcar la diferencia entre una planta sana o una que empieza a deteriorarse.
El gran error: regar igual que en invierno
Durante los meses fríos, las plantas entran en una especie de “modo ahorro”. Crecen poco, consumen menos agua y la tierra tarda mucho más en secarse. Por eso, es habitual regarlas cada dos o incluso tres semanas sin problema.
Sin embargo, con la primavera todo cambia. Las plantas comienzan a activarse y necesitan más recursos para crecer. Aquí es donde, según explica en su vídeo Álvaro Pedrera, muchas personas cometen el primer error: no adaptar el riego a esta nueva etapa. “Empieza la primavera y si riegas tus plantas igual que en invierno pueden empezar los problemas”, advierte el experto.
Si se mantiene la misma frecuencia de riego, la planta puede empezar a quedarse sin agua porque la consume más rápido. Esto se traduce en hojas secas, crecimiento lento o un aspecto apagado. Es una señal clara de que necesita más atención.
El otro extremo: regar las plantas en exceso en primavera
El problema contrario también es muy habitual. Al notar que las plantas “despiertan”, muchas personas aumentan el riego de forma brusca, pensando que así ayudarán a su crecimiento. Nada más lejos de la realidad.
Regar las plantas demasiado puede ser incluso más peligroso que quedarse corto. El exceso de agua impide que las raíces respiren correctamente y puede provocar su pudrición. Uno de los síntomas más claros es la aparición de hojas amarillas y blandas.
Pedrera lo resume de forma sencilla: “también puede pasar que empieces a regar a lo loco porque ya es primavera y entonces la lías”.
Este error suele venir de una idea equivocada: pensar que las plantas cambian de necesidades de un día para otro. Pero no es así.
El cambio es progresivo, no inmediato
Uno de los puntos clave que destaca el experto es que la transición entre estaciones no es brusca. Las plantas no entienden de calendarios, sino de condiciones. “No es ‘hoy es primavera, voy a regar el doble’, es progresivo”, explica.
Esto significa que el aumento de riego debe hacerse poco a poco. Por ejemplo, si en invierno regabas cada 15 o 20 días, en primavera podrías empezar a hacerlo cada 12 o 14 días. Más adelante, cuando las temperaturas suban más, quizás cada 7 o 10 días.
No obstante, estas referencias son orientativas. No hay una regla fija que sirva para todas las plantas ni para todos los hogares.
La clave no está en el calendario, sino en observar el estado de las plantas antes de regar
Más allá de los días concretos, hay una idea fundamental que resume todo: no se trata de regar más, sino de revisar más.
Las plantas dan señales claras sobre lo que necesitan. El truco está en aprender a interpretarlas. La tierra, por ejemplo, es el mejor indicador. Si sigue húmeda, no hace falta regar. Si está seca, es momento de hacerlo.
“Tu trabajo ahora no es regar más, es revisar más”, señala Pedrera. Esto implica mirar la tierra con más frecuencia, tocarla y observar cómo evoluciona. Con el aumento de temperatura y de horas de luz, el sustrato se secará antes, y eso marcará el ritmo del riego.
Además, factores como la ubicación de la planta, el tipo de maceta o la ventilación de la casa también influyen. Por eso, copiar rutinas sin tener en cuenta estas variables puede llevar a errores.
Cómo evitar que tus plantas enfermen en primavera
Para cuidar las plantas y mantenerlas sanas durante esta época, basta con seguir algunas pautas sencillas pero efectivas. Primero, aumenta la frecuencia de revisión, no necesariamente la de riego. Segundo, evita los cambios bruscos. Y tercero, observa las señales: hojas, tierra y crecimiento.
También es importante recordar que cada planta es diferente. Algunas necesitarán más agua y otras menos. Conocerlas poco a poco es la mejor forma de acertar.
En definitiva, la primavera no exige complicarse o regar más automáticamente, sino prestar más atención. Un pequeño ajuste en la rutina puede evitar problemas mayores y ayudar a que tus plantas crezcan fuertes y saludables durante toda la temporada.
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