Contaminación

Una playa puede parecer completamente limpia y estar llena de microplásticos: una experta explica por qué

 
Irene Juste
Por Irene Juste, Editora Sénior. 29 julio 2026
Una playa puede parecer completamente limpia y estar llena de microplásticos: una experta explica por qué
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Una playa de arena blanca, agua cristalina y sin un solo residuo visible puede transmitir una sensación de limpieza absoluta. Sin embargo, las apariencias engañan. Bajo la superficie de la arena y mezcladas con el agua pueden esconderse miles de diminutas partículas de plástico imposibles de detectar a simple vista.

Los microplásticos, fragmentos de menos de cinco milímetros, se han convertido en uno de los principales retos ambientales de nuestro tiempo. Aunque solemos asociarlos al océano, la realidad es que están presentes en muchos más lugares de los que imaginamos y llegan a las playas tras recorrer un largo camino.

Con la llegada del verano, el aumento del turismo, el mayor consumo de productos de un solo uso y las altas temperaturas hacen que este problema cobre todavía más relevancia. Pero ¿por qué una playa aparentemente limpia puede esconder tanta contaminación invisible?

Una playa limpia no significa una playa libre de microplásticos

“La playa puede parecer completamente limpia a simple vista y, sin embargo, contener una gran cantidad de microplásticos mezclados con la arena o presentes en el agua”, explica Amparo Fernández, directora de Desarrollo de Negocio de Captoplastic, en la entrevista que ha concedido a EcologíaVerde.

El motivo es sencillo: estas partículas son tan pequeñas que pasan desapercibidas para la mayoría de las personas. A diferencia de una botella, una bolsa o un envoltorio abandonado, los microplásticos no se identifican fácilmente durante un paseo por la orilla.

Su tamaño, inferior a cinco milímetros, hace que se mezclen con la arena y permanezcan suspendidos en el agua sin que podamos distinguirlos. Esto significa que una playa visualmente impecable no tiene por qué estar libre de contaminación por plásticos.

Además, muchos de esos fragmentos no proceden de residuos recientes abandonados en la costa, sino que llevan meses o incluso años desplazándose por el medio ambiente antes de terminar depositados en la playa.

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Los microplásticos empiezan su viaje mucho antes de llegar al mar

Uno de los errores más habituales es pensar que el problema comienza cuando alguien deja un residuo en la arena. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja.

Según explica Fernández, lo que observamos en una playa suele ser únicamente el final del recorrido de un microplástico. Estas partículas pueden viajar durante mucho tiempo transportadas por los ríos, las corrientes marinas, el viento o incluso las aguas residuales.

También pueden generarse cuando residuos plásticos abandonados en otros lugares comienzan a degradarse y fragmentarse poco a poco. Un ejemplo reciente fueron las pérdidas accidentales de pellets en la costa gallega, que evidenciaron la enorme capacidad que tienen estos materiales para dispersarse y alcanzar playas situadas a muchos kilómetros de distancia.

Por este motivo, los expertos insisten en que la solución no pasa únicamente por limpiar las playas, sino por impedir que los plásticos lleguen al medio ambiente desde el principio.

El verano acelera la formación de nuevos microplásticos

Durante los meses de verano confluyen varios factores que favorecen este problema. Aumenta la presencia de personas en playas y zonas costeras, se incrementa el consumo de envases y productos de un solo uso y las condiciones ambientales aceleran el deterioro de muchos residuos.

La radiación solar, las altas temperaturas y el movimiento constante del oleaje favorecen que los objetos de plástico se vayan fragmentando en partículas cada vez más pequeñas. Con el tiempo, esos residuos terminan convirtiéndose en microplásticos mucho más difíciles de retirar del entorno natural.

A nivel mundial se producen cada año más de 430 millones de toneladas de plástico y una gran parte corresponde a productos de vida útil muy corta. Cuando estos materiales no se gestionan correctamente pueden acabar degradándose y alimentando una contaminación prácticamente invisible.

Los microplásticos ya se han detectado no solo en mares y océanos, sino también en ríos, suelos, agua potable, alimentos e incluso en diferentes tejidos humanos. Además de su presencia en el medio ambiente, diversos organismos internacionales alertan de sus efectos sobre la biodiversidad marina y de la necesidad de seguir investigando su impacto sobre la salud.

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La solución empieza mucho antes de que aparezcan los microplásticos

Para la directora de Desarrollo de Negocio de Captoplastic, la clave está en actuar antes de que el plástico llegue al medio ambiente.

“Reducir los microplásticos empieza mucho antes de que lleguen al mar. Empieza en cómo diseñamos, utilizamos y gestionamos los materiales a lo largo de todo su ciclo de vida”, señala.

En este sentido, la prevención resulta mucho más eficaz que intentar retirar estas partículas una vez se han dispersado. Apostar por el ecodiseño, reutilizar materiales, mejorar el reciclaje y mantener los plásticos dentro de la economía circular permite reducir significativamente el riesgo de que acaben fragmentándose.

Fernández también destaca la importancia de conocer mejor este tipo de contaminación mediante la monitorización. Medir dónde aparecen los microplásticos, cómo se desplazan y en qué cantidades están presentes permite identificar los principales focos de contaminación y desarrollar estrategias más eficaces para combatirlos.

Aunque cada pequeño gesto individual cuenta —como reducir el uso de plásticos innecesarios, reutilizar siempre que sea posible o separar correctamente los residuos—, la experta recuerda que afrontar este desafío requiere también innovación tecnológica, una mejor gestión de los materiales y la implicación conjunta de ciudadanos, administraciones y empresas.

Porque una playa limpia empieza mucho antes de poner un pie sobre la arena.

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