Bélgica hunde en el mar del Norte 23 bloques de hormigón de 22.000 toneladas: así será la primera isla energética del mundo
En medio del mar del Norte, Bélgica está levantando una construcción que parece una isla, pero cuya razón de ser se encuentra bajo el agua y en la futura red eléctrica europea. La isla Princesa Isabel (Princess Elisabeth Island) será una plataforma artificial destinada a concentrar y transportar la electricidad producida por grandes parques eólicos marinos.
El proyecto está impulsado por el operador eléctrico belga Elia y su construcción corre a cargo de TM Edison, consorcio formado por DEME y Jan De Nul. La pieza más llamativa de la obra son 23 enormes cajones de hormigón, cada uno de unas 22.000 toneladas, que forman el perímetro de la isla.
La fabricación del último terminó en enero de 2026. Según DEME, los cajones restantes debían continuar instalándose en el mar durante la campaña de 2026. Por tanto, más que 23 bloques “hundidos” simultáneamente, se trata de una compleja operación escalonada de construcción e instalación.
Así funcionará la primera isla energética del mundo
Las dimensiones ayudan a comprender la escala. Según la documentación técnica de Elia disponible, cada cajón mide aproximadamente 57 metros de largo, 28 de ancho y 22 de alto y pesa unas 22.000 toneladas antes de ser rellenado.
Las estructuras fueron fabricadas en Vlissingen, Países Bajos. Una vez transportadas hasta su posición, se apoyan sobre un fondo marino previamente acondicionado con capas de roca y posteriormente se rellenan con arena. En total se utilizarán alrededor de 2,3 millones de metros cúbicos de arena para completar el interior.
Pero ¿por qué construir una isla en lugar de llevar directamente la electricidad a tierra? Su función será actuar como gran nodo de conexión en alta mar. Allí convergerán los cables de los futuros parques eólicos de la Zona Princesa Isabel, cuya potencia prevista alcanza aproximadamente los 3,5 GW.
El Banco Europeo de Inversiones explica que la infraestructura permitirá conectar esa nueva capacidad renovable con la red eléctrica terrestre y, en el futuro, podría facilitar interconexiones con otros países. La isla combinará sistemas de corriente alterna de alta tensión (HVAC) y corriente continua de alta tensión (HVDC).
El impacto ambiental de construir una isla artificial en el mar
Construir una isla artificial en el mar del Norte también supone una alteración considerable del ecosistema. La propia evaluación ambiental del proyecto analiza cuestiones como los cambios morfológicos del fondo, los efectos sobre áreas Natura 2000, la pesca y la dispersión de sedimentos. El proyecto obtuvo su permiso ambiental en septiembre de 2023.
La expansión de la eólica marina presenta, de hecho, una paradoja ambiental: es fundamental para reducir las emisiones procedentes de los combustibles fósiles, pero sus infraestructuras no están libres de impactos ecológicos.
Una revisión científica publicada en Nature Reviews Biodiversity señala que los parques eólicos marinos pueden afectar a peces, invertebrados, aves y mamíferos mediante alteraciones del hábitat, ruido submarino y otras perturbaciones. Al mismo tiempo, determinadas estructuras pueden funcionar como arrecifes artificiales y refugios para algunas especies.
En el propio mar del Norte se han observado efectos similares. Una investigación sobre biodiversidad bentónica explica que las superficies duras introducidas por instalaciones eólicas pueden favorecer organismos que anteriormente no encontraban ese tipo de sustrato en fondos arenosos. Esto no significa que crear estructuras artificiales sea automáticamente beneficioso: modifica las comunidades existentes y sus efectos acumulativos a largo plazo todavía necesitan investigación.
La isla también se ha diseñado para favorecer la biodiversidad
Precisamente por ese motivo, Elia ha incorporado al proyecto el denominado “diseño inclusivo con la naturaleza” (Nature-Inclusive Design). La intención es aprovechar determinadas partes de la nueva infraestructura para generar hábitats que puedan ser utilizados por especies marinas, incluidas las aves.
Se contemplan superficies y cavidades submarinas destinadas a facilitar la colonización de organismos y medidas relacionadas con la ostra plana europea (Ostrea edulis). También se han diseñado espacios para aves marinas.
No es una garantía de que el balance ecológico resulte positivo. El programa belga de seguimiento de la eólica marina WinMon.BE lleva años estudiando precisamente efectos sobre comunidades bentónicas, peces, aves y marsopas. Sus investigaciones muestran que las consecuencias varían según la especie y el tipo de impacto, por lo que el seguimiento prolongado resulta esencial.
La isla Princesa Isabel resume así uno de los grandes retos de la transición energética europea: multiplicar la producción renovable sin trasladar innecesariamente la presión ambiental hacia los ecosistemas marinos. Si funciona según lo previsto, será mucho más que una espectacular masa de hormigón en el mar del Norte: constituirá un ensayo a gran escala sobre cómo construir la futura red eléctrica europea en alta mar sin perder de vista la biodiversidad
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